Versículo destacado
Hechos 28:17 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Tres días después de su llegada, Pablo mandó llamar a los principales judíos de Roma. Cuando estuvieron reunidos, les dijo: —Hermanos, yo no he hecho nada contra los judíos ni contra las costumbres de nuestros antepasados. Sin embargo, en Jerusalén fui entregado a los romanos, "
Hechos 28:17
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
15 Los hermanos de Roma ya tenían noticias acerca de nosotros; de manera que salieron a nuestro encuentro hasta el Foro de Apio y el lugar llamado las Tres Tabernas. Al verlos, Pablo dio gracias a Dios y se sintió animado.
16 Cuando llegamos a Roma, permitieron que Pablo viviera aparte, vigilado solamente por un soldado.
17 Tres días después de su llegada, Pablo mandó llamar a los principales judíos de Roma. Cuando estuvieron reunidos, les dijo: —Hermanos, yo no he hecho nada contra los judíos ni contra las costumbres de nuestros antepasados. Sin embargo, en Jerusalén fui entregado a los romanos,
18 quienes, después de interrogarme, querían soltarme, porque no encontraron ninguna razón para condenarme a muerte.
19 Pero los judíos se opusieron, y tuve que pedir que el emperador me juzgara, aunque no tengo nada de qué acusar a los de mi nación.
Explora estudios bíblicos guiados
Sesiones estructuradas con notas, preguntas y perspectivas del asesor
Las bienaventuranzas (microestudio de 5 días)
Un estudio breve sobre las bendiciones de Jesús y el camino del Reino.
Vista previa de la sesión 1:
Dichosos los humildes
6 min
Salmos de consuelo (microestudio de 5 días)
Sesiones breves y tranquilizadoras basadas en los Salmos.
Vista previa de la sesión 1:
El cuidado del Pastor
5 min
Crea una cuenta gratis para guardar notas, dar seguimiento a tu progreso y desbloquear todas las sesiones
Crear cuenta gratisComentario de Bible Guided
Pablo había llegado a Roma como prisionero, después de un viaje largo, costoso y lleno de peligros. Sin embargo, cuando llegó, nadie parecía haber presentado una acusación formal contra él. Por eso tuvo que presentar su propio caso, y lo hizo ante los principales judíos de Roma.
Poco tiempo antes, el emperador Claudio había expulsado a los judíos de Roma, y estos apenas llevaban unos cinco años de haber regresado. Muchos habían vuelto por motivos de negocios y comercio, aunque al parecer todavía no tenían allí una sinagoga ni un lugar público de culto. Estos principales eran los hombres más respetados entre ellos, personas de influencia y riqueza. Pablo los convocó porque quería que lo entendieran correctamente y conservar una buena relación con ellos.
Les habló con respeto, llamándolos «hombres y hermanos». De esa manera, mostró que esperaba ser tratado tanto como un ser humano como un miembro de la misma familia humana. También se comprometía, en efecto, a hablar con honestidad, porque todas las personas están relacionadas unas con otras y deben tratarse con justicia.
En primer lugar, Pablo afirmó claramente que era inocente. No había hecho nada contra el pueblo judío, ni contra su religión, ni contra sus derechos civiles. No había agravado sus dificultades ni había rechazado las costumbres transmitidas por sus antepasados. Era cierto que no imponía esas costumbres a los gentiles, porque nunca estuvieron destinadas a ellos. Pero entre los judíos, Pablo no había luchado contra sus prácticas legítimas. Su verdadero conflicto era con la hostilidad de ellos hacia los gentiles, como se ve en (Gálatas 2:12). Su propia conciencia le decía que había actuado fielmente hacia los judíos.
En segundo lugar, expresó con delicadeza su queja por la manera en que lo habían tratado. Aunque no había hecho nada malo, lo habían entregado como prisionero desde Jerusalén en manos de los romanos. Si hubiera contado toda la historia, los principales judíos habrían quedado aún peor, porque lo habrían matado sin una base legal verdadera si los romanos no lo hubieran protegido. Aun así, lo habían acusado ante el gobernador Félix y habían insistido en que fuera condenado; en la práctica, lo entregaron a la custodia romana cuando lo único que él quería era recibir una audiencia justa conforme a su propia ley.
En tercer lugar, Pablo señaló el veredicto de los funcionarios romanos. Ellos lo examinaron cuidadosamente, escucharon tanto las acusaciones como su defensa y no encontraron razón para condenarlo a muerte. El comandante, Félix, Festo y Agripa llegaron todos a la misma conclusión. Nada en su caso mostraba que fuera un hombre peligroso. Parecía honesto, pacífico y sincero respecto a lo que creía. Lo habrían dejado en libertad si los judíos no hubieran insistido tanto. Pablo podía considerar un honor que quienes examinaron su caso con mayor atención lo declararan inocente, mientras que solo quienes no lo habían escuchado, o quienes ya estaban predispuestos contra él, lo condenaban.
En cuarto lugar, Pablo explicó por qué había apelado al César. No lo había hecho para acusar a su propia nación ni para responder al mal con mal. Cuando los judíos se opusieron a su liberación y trataron de impedirla, se vio obligado a apelar al César porque los gobernadores seguían temiendo a los judíos y no querían dejarlo libre. Simplemente estaba tratando de defenderse. Toda persona tiene derecho a hablar en su propia defensa, aunque no debe usar ese derecho para atacar a los demás. Acusar a una nación, especialmente a una nación como Israel, es algo muy serio. Pablo oraba por ellos, pero nunca actuó contra ellos.
En aquel tiempo, los líderes romanos ya tenían una opinión negativa de los judíos y los consideraban inquietos y peligrosos. Pablo fácilmente podría haber provocado aún más odio contra ellos, pero se negó a hacerlo. Siempre trataba de presentar a las personas de la mejor manera posible y de no empeorar las cosas.
En quinto lugar, Pablo explicó la verdadera razón de su sufrimiento, para que ellos no se pusieran del lado de sus enemigos en contra de él, sino que comprendieran su situación. Los había convocado para hablarles como compatriotas y amigos, porque estaba encadenado «por la esperanza de Israel». Probablemente llevaba visible la señal de su encarcelamiento y quizá estaba encadenado al soldado que lo vigilaba. Sufría porque predicaba que el Mesías ya había venido, aquel a quien Israel esperaba.
Todos los judíos estaban de acuerdo en que el Mesías sería la gloria de Israel. Por eso Pablo estaba predicando precisamente la esperanza que ellos decían creer. La diferencia era que ellos esperaban que el Mesías todavía viniera, mientras que Pablo anunciaba que ya había venido.
También predicaba la resurrección de los muertos, otra de las esperanzas de Israel, como había declarado anteriormente en (Hechos 23:6), (Hechos 24:15), (Hechos 26:6) y (Hechos 26:7). Muchos judíos querían un Mesías que los liberara de Roma y los hiciera prosperar en la tierra. Eso era lo que ocupaba sus pensamientos. Pero se enojaban porque Pablo dirigía sus esperanzas hacia las realidades mayores del mundo venidero y les señalaba a un Mesías que les daría bendiciones eternas en lugar de poder y grandeza terrenales.
Pablo estaba tratando de conducir a las personas hacia la bendición espiritual y permanente que sus antepasados habían esperado por fe. Esto explica por qué los judíos lo odiaban. Él quería apartarlos de lo que consideraban la esperanza de Israel, pero que en realidad era una esperanza falsa: la idea de un Mesías que solo traería poder y éxito terrenales. En cambio, los dirigía hacia la verdadera esperanza de Israel, el significado real de todas las promesas hechas a los antepasados: un reino espiritual de santidad y amor plantado en el corazón de las personas. Ese reino es una garantía y una preparación para la gozosa resurrección de los muertos y para la vida del mundo venidero.
Los judíos respondieron que no tenían nada específico contra Pablo. Dijeron que no habían recibido cartas de Judea acerca de él y que ninguno de los hermanos judíos que habían llegado a Roma les había informado algo perjudicial sobre él (Hechos 28:21). Esto era sorprendente, porque la misma hostilidad intensa que había perseguido a Pablo en otros lugares no parecía haberlo alcanzado en Roma. Algunos piensan que los judíos estaban mintiendo y que en realidad habían recibido órdenes de acusarlo, pero que temían decirlo porque ya estaban en peligro de provocar el desagrado del emperador.
Es más probable que estuvieran diciendo la verdad. Pablo había llegado precisamente al objetivo que buscaba al apelar al César: llevar su caso a un tribunal donde sus enemigos no se atreverían a perseguirlo. En ese sentido, actuó como David cuando huyó a la tierra de los filisteos, donde Saúl dejó de buscarlo (1 Samuel 27:1). Así que la apelación de Pablo lo llevó a Roma, fuera del alcance de ellos, y dejaron que el asunto quedara sin resolver.
Los principales judíos también dijeron que querían escuchar en detalle las ideas de Pablo. Le preguntaron qué pensaba, es decir, cuáles eran sus opiniones e ideas y qué clase de enseñanza estaba tan comprometido a difundir a pesar de tanta oposición (Hechos 28:22). Sus palabras llevaban cierto desprecio. Dijeron que solo sabían una cosa acerca del cristianismo: que era una secta de la que se hablaba mal en todas partes.
Eran judíos, incluso los principales judíos de Roma, y se enorgullecían de su conocimiento (Romanos 2:17). Sin embargo, eso era todo lo que sabían de la fe cristiana. Le dieron un nombre equivocado y luego la condenaron por el nombre que ellos mismos le habían dado. La llamaron una secta, pero eso era falso. El verdadero cristianismo no se basa en opiniones estrechas ni en intereses privados, como suele suceder con las sectas. No busca ganancias mundanas. Sus bendiciones son espirituales y eternas, y está destinado a unir a las personas, no a dividirlas.
Sin embargo, su otra afirmación sí era cierta. El cristianismo era, y todavía es, objeto de oposición en todas partes. Las personas que ellos conocían hablaban en contra de él, así que supusieron que todos lo hacían. De hecho, la mayoría lo hacía. Siempre ha sido el destino de la santa religión de Cristo que se hable en contra de ella en todas partes.
De este capítulo
Hechos 28:1
"Cuando ya estuvimos todos a salvo, supimos que la isla se llamaba Malta."
Hechos 28:2
"Los nativos nos trataron muy bien a todos; y como estaba lloviendo y hacía frío, encendieron una gran fogata y nos invitaron a acercarnos."
Hechos 28:3
"Pablo, que había recogido un poco de leña seca, la estaba echando al fuego cuando una víbora salió huyendo del calor y se le enredó en la mano."
Hechos 28:4
"Al ver los nativos la víbora colgada de la mano de Pablo, se dijeron unos a otros: «Este hombre debe de ser un asesino, pues aunque se salvó del mar, la justicia divina no lo deja vivir»."
Hechos 28:5
"Pero Pablo se sacudió la víbora en el fuego, y no le pasó nada."
Hechos 28:6
"Todos estaban esperando que se hinchara o que de un momento a otro cayera muerto; pero después de mucho esperar, cuando vieron que nada le pasaba, cambiaron de idea y comenzaron a decir que Pablo era un dios."
Oración diaria
Recibe por correo electrónico una reflexión bíblica diaria
Comienza cada mañana con un versículo, una oración y un siguiente paso sencillo.
Aviso importante: Esta guía bíblica no sustituye la atención profesional de salud mental. Si estás experimentando síntomas de una crisis, comunícate con la Línea 988 de Prevención del Suicidio y Crisis o busca ayuda profesional inmediata.
Bible Guided ofrece orientación basada en la fe y debe complementar, no reemplazar, el apoyo terapéutico profesional.