Versículo destacado
Hechos 27:12 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Como aquel puerto no era adecuado para pasar el invierno, casi todos pensaron que sería mejor salir de allí e intentar llegar a Fenice, un puerto de Creta que mira al sudoeste y al noroeste, y pasar allí el invierno. "
Hechos 27:12
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
10 —Señores, veo que este viaje será muy peligroso y que perderemos tanto el barco como su carga, y que hasta podemos perder la vida.
11 Pero el capitán de los soldados hizo más caso al dueño del barco y a su capitán que a Pablo.
12 Como aquel puerto no era adecuado para pasar el invierno, casi todos pensaron que sería mejor salir de allí e intentar llegar a Fenice, un puerto de Creta que mira al sudoeste y al noroeste, y pasar allí el invierno.
13 Pensando que podrían continuar el viaje porque comenzaba a soplar un viento suave del sur, salieron y navegaron junto a la costa de Creta.
14 Pero poco después, un viento huracanado del nordeste azotó el barco,
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En estos versículos vemos, primero, que el barco volvió a zarpar y comenzó el viaje con un viento favorable. La razón por la que salieron de Buenos Puertos fue que pensaban que aquel puerto no era adecuado para pasar el invierno. Tal vez era agradable en el verano, pero durante el invierno estaba expuesto y era inhóspito. También pudo haber sido un lugar con pocas provisiones, donde la comida escaseaba o era costosa. Así que se metieron en peligro para evitar una incomodidad, como suele sucederles a las personas.
Algunos de los tripulantes, o algunos de los que se habían reunido para decidir el asunto, querían quedarse allí en vez de arriesgarse en el mar durante un tiempo incierto. Es más seguro permanecer en un puerto incómodo que perderse en un mar tempestuoso. Pero fueron derrotados en la votación, y la mayoría aconsejó salir. Sin embargo, no planeaban ir muy lejos, sino solamente a otro puerto de la misma isla, llamado Fenice, quizá porque los comerciantes fenicios de Tiro y Sidón lo usaban con frecuencia. Estaba orientado hacia el sudoeste y el noroeste, probablemente protegido por dos cabos que lo resguardaban de los vientos del este. En esto podemos ver el cuidado del Creador por quienes se hacen a la mar en barcos y comercian en aguas profundas. La naturaleza habría ofrecido poco consuelo si también no hubiera provisto puertos seguros.
Al principio tenían todos los motivos para sentirse esperanzados. Soplando suavemente desde el sur, el viento les permitió navegar cerca de la costa de Creta sin temor a las rocas ni a los bancos de arena. Pero quienes se hacen a la mar con un viento favorable no saben qué tormentas pueden estar esperándolos. No deberían confiarse, como si el viaje ya estuviera ganado. Nadie debe presumir como si ya se hubiera quitado la armadura.
Entonces el barco fue alcanzado de repente por una terrible tormenta. Solo habían observado las señales externas y habían juzgado la situación por la brisa favorable, como si fuera a durar para siempre. Confiaron más en el viento apacible que en la advertencia que Dios les había dado por medio de Pablo. Pronto comprendieron su error.
Un viento violento se levantó contra ellos, directamente de frente y con suficiente fuerza para golpear el barco. Era el tipo de viento que los marineros llamaban Euroclidón, un peligroso viento del nordeste en aquellos mares. Parece haber sido semejante a un torbellino, porque se dice que el barco quedó atrapado por él. Sin embargo, fue Dios quien levantó aquel viento, con el propósito de darse gloria a sí mismo y honrar a Pablo. Los vientos tempestuosos salen de sus depósitos (Salmo 135:7) y cumplen su mandato (Salmo 148:8).
El barco fue sacudido con violencia, como una pelota que rebota de una ola a otra. Los pasajeros subían hasta el cielo y volvían a hundirse en las profundidades; se tambaleaban y daban tumbos como borrachos, hasta quedar sin esperanza de encontrar una salida (Salmo 107:26-27). El barco no podía enfrentarse al viento, así que recogieron las velas y dejaron que el viento lo llevara. Ya no avanzaba hacia donde ellos querían, sino hacia donde las olas lo obligaban. Probablemente estaban muy cerca de Fenice cuando comenzó la tormenta y acababan de pensar en un puerto tranquilo y un invierno seguro. Entonces, de un momento a otro, fueron arrojados al peligro. Por eso, debemos alegrarnos con cautela y nunca esperar una seguridad perfecta hasta llegar al cielo.
Durante muchos días tampoco vieron el sol ni las estrellas. Eso hizo que la tormenta fuera aún más aterradora, porque estaban en medio de la oscuridad y no tenían ninguna guía. En aquel tiempo los marineros no contaban con una brújula; por eso, cuando no podían ver el sol ni las estrellas, no tenían manera de orientarse. De la misma forma, en ocasiones el pueblo de Dios puede caminar en oscuridad y no tener luz. Tal vez no pueda aferrarse a nada que le produzca consuelo, y aun así Dios sigue reservando luz para él.
También sufrieron la miseria de un invierno severo. Había una gran tempestad, con lluvia fría, nieve y toda la dureza de la estación, de modo que casi murieron congelados. La tormenta continuó durante muchos días. Esto muestra la vida difícil que a menudo enfrentan quienes se hacen a la mar, además del peligro que corren de perder la vida. Sin embargo, la gente sigue eligiendo ese oficio por las ganancias. También es un ejemplo de la providencia de Dios, de su cuidado sabio sobre el mundo: él dirige a algunos hacia este trabajo a pesar de sus dificultades, para que el comercio pueda continuar entre las naciones y las islas. Zabulón puede alegrarse al salir, tanto como Isacar al quedarse en sus tiendas. Tal vez Cristo escogió a algunos ministros entre los marineros porque ya habían aprendido a soportar dificultades.
Usaron todos los medios precarios que tenían a su alcance para ayudarse. Cuando no podían avanzar contra el viento, dejaron que el barco fuera a la deriva, porque ni los remos ni las velas podían servirles. Cuando el esfuerzo resulta inútil, la sabiduría consiste en ceder. Aun así, hicieron lo que pudieron para evitar un peligro mayor. Cerca de una pequeña isla llamada Clauda, lograron no encallar en ella y pasaron con cuidado bajo su protección. Cuando temieron que apenas podrían salvar el barco, se esforzaron también por salvar el bote. Les costó mucho subirlo a bordo, pero finalmente lograron izarlo. Podía ser útil en una emergencia, así que hicieron todo lo posible para llevarlo consigo.
También emplearon los medios comunes de aquellos días, cuando la navegación estaba mucho menos desarrollada que ahora. Reforzaron el barco, como dice Hechos 27:17, sujetándolo por debajo con cuerdas fuertes para impedir que se partiera por la violencia de la tormenta. También temían los bancos de arena, así que bajaron la vela y dejaron que el barco derivara. Es notable que un barco pueda sobrevivir en el mar, como dicen los marineros, incluso durante un tiempo muy difícil, si tiene suficiente espacio abierto a su alrededor. Cuando los marineros no pueden llegar a tierra con seguridad, lo mejor es mantenerse lo más lejos posible de la costa.
Al día siguiente aligeraron el barco arrojando la carga al mar, como hicieron los marineros de Jonás (Jonás 1:5). Estaban dispuestos a perder sus bienes antes que morir con ellos. Una persona entregará todo lo que tiene para salvar la vida. Esto muestra lo que realmente son las riquezas de este mundo. Por mucho que la gente las valore como una bendición, puede llegar el momento en que se conviertan en una carga, demasiado pesada para llevarla con seguridad y hasta lo bastante pesada como para hundir a quien las posee. A menudo las riquezas se conservan para perjuicio de sus dueños (Eclesiastés 5:13), y en ocasiones es mejor dejarlas ir.
Esto también muestra la insensatez de las personas mundanas. Pueden ser generosas con sus bienes cuando su propia vida está en juego, pero son tacañas al usarlos para adorar a Dios, ayudar a otros o sufrir por Cristo. Y, sin embargo, la Verdad eterna misma afirma que esos sacrificios serán recompensados muchas veces en la resurrección de los justos. Los creyentes mencionados en Hebreos 10:34 actuaron por fe cuando aceptaron con alegría la pérdida de sus bienes, sabiendo que tenían en el cielo una posesión mejor y permanente. Cualquiera preferiría perder sus bienes antes que la vida, pero muchas personas arriesgarán más fácilmente la fe y una buena conciencia que sus posesiones.
Al tercer día arrojaron al mar los aparejos del barco, las herramientas y el equipo necesarios para el viaje, como si se tratara de un barco de guerra. En nuestros días, los marineros suelen arrojar las armas por la borda durante una gran tormenta, pero no sé qué armas pesadas tenían entonces que hicieran necesario tomar esa medida. Es posible que en aquella época fuera un error común entre los marineros arrojar al mar casi todo, incluso objetos que podían resultar muy útiles durante una tormenta y que no pesaban demasiado.
Finalmente llegaron a la desesperación completa. Hechos 27:20 dice que se había perdido toda esperanza de salvarse. La tormenta seguía rugiendo y no veían ninguna señal de que fuera a calmarse. Hemos visto que un tiempo feroz puede durar semanas. Los esfuerzos que habían hecho no sirvieron de nada, así que llegaron al límite de sus fuerzas. El miedo era tan grande que no tenían deseos de comer ni de beber. Había suficiente comida a bordo (Hechos 27:38), pero el terror a la muerte les impedía tomar el alimento que necesitaban para vivir.
Podría preguntarse por qué Pablo no calmó la tormenta con el poder de Cristo y en el nombre de Cristo, tal como lo había hecho su Maestro. La respuesta parece ser que los apóstoles realizaban milagros para confirmar su enseñanza, no para ayudarse a sí mismos ni para resolver una necesidad privada de sus amigos.
De este capítulo
Hechos 27:1
"Cuando decidieron enviarnos a Italia, Pablo y los demás presos fueron entregados a un capitán llamado Julio, del batallón conocido como el del Emperador."
Hechos 27:2
"Entonces nos embarcamos en un barco del puerto de Adramitio que estaba a punto de zarpar hacia los puertos de Asia. También estaba con nosotros Aristarco, que era de Tesalónica, ciudad de Macedonia."
Hechos 27:3
"Al día siguiente llegamos al puerto de Sidón, donde Julio trató a Pablo con mucha consideración, pues le permitió visitar a sus amigos y ser atendido por ellos."
Hechos 27:4
"Después de salir de Sidón, navegamos protegidos del viento por la isla de Chipre, porque teníamos el viento en contra."
Hechos 27:5
"Bordeamos la costa de Cilicia y Panfilia, y llegamos a Mira, una ciudad de Licia."
Hechos 27:6
"Allí, el capitán de los soldados encontró un barco de Alejandría que iba a Italia y nos hizo embarcar en él para continuar el viaje."
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