Versículo destacado
Hechos 13:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" En la iglesia que estaba en Antioquía había profetas y maestros: Bernabé, Simón (al que también llamaban el Negro), Lucio de Cirene, Menahem (que se había criado junto con Herodes, el que gobernó en Galilea) y Saulo. "
Hechos 13:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 En la iglesia que estaba en Antioquía había profetas y maestros: Bernabé, Simón (al que también llamaban el Negro), Lucio de Cirene, Menahem (que se había criado junto con Herodes, el que gobernó en Galilea) y Saulo.
2 Un día, mientras celebraban el culto al Señor y ayunaban, el Espíritu Santo dijo: «Sepárenme a Bernabé y a Saulo para el trabajo al cual los he llamado».
3 Entonces, después de orar y ayunar, les impusieron las manos y los despidieron.
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Aquí encontramos la autorización y el encargo de Dios mismo para que Bernabé y Saulo fueran a predicar el evangelio entre los gentiles, es decir, entre las naciones que no eran judías. También vemos cómo fueron apartados para ese servicio mediante la imposición de manos, el ayuno y la oración.
Primero, Lucas nos habla de la iglesia en Antioquía, fundada tiempo atrás (Hechos 11:20). Esta iglesia contaba con buenos ministros. Allí había ciertos profetas y maestros (Hechos 13:1), hombres distinguidos por sus dones, su gracia y su utilidad. Cuando Cristo subió a lo alto, dio a unos el ser profetas y a otros el ser maestros (Efesios 4:11), y estos hombres cumplían ambas funciones.
Parece que Agabo era profeta, pero no maestro, y que muchos maestros no eran profetas. Sin embargo, los hombres mencionados aquí recibían en ocasiones mensajes directos de Dios, por lo que eran llamados profetas. Al mismo tiempo, eran maestros habituales en las reuniones de la iglesia. Explicaban las Escrituras y exponían la doctrina de Cristo, aplicándola de manera apropiada. Eran los profetas y maestros que Cristo prometió enviar (Mateo 23:34), plenamente capacitados para la obra de la iglesia cristiana.
Antioquía era una ciudad grande, y los creyentes eran demasiado numerosos para reunirse todos en un solo lugar. Por eso necesitaban muchos maestros, cada uno al frente de distintas reuniones y comunicándoles el mensaje de Dios. Bernabé aparece primero, probablemente porque era el mayor; y Saulo, al final, probablemente porque era el más joven. Más adelante, sin embargo, Saulo llegó a ocupar un lugar más destacado en la iglesia. También se mencionan otros tres hombres.
Simeón, o Simón, era llamado Niger, que significa «el Negro», probablemente por su cabello oscuro. Algunos piensan que Lucio de Cirene era el mismo Lucas que escribió Hechos. De ser así, originalmente era de Cirene y probablemente había recibido allí su educación antes de recibir el evangelio en Jerusalén. Manaén parece haber sido un hombre de cierta posición, pues se había criado con Herodes el tetrarca, un gobernante bajo la autoridad de Roma. Había estado cerca de Herodes desde su niñez y tenía todas las oportunidades de alcanzar honores en la corte; sin embargo, por causa de Cristo renunció a todo. Al igual que Moisés, prefirió sufrir con el pueblo de Dios antes que disfrutar de los privilegios de la realeza.
Estos hombres también estaban plenamente ocupados en el servicio de Dios. «Ministraban al Señor y ayunaban» (Hechos 13:2). Los maestros fieles verdaderamente ministran al Señor. Quienes enseñan a los cristianos sirven al mismo Cristo: lo honran y ayudan a extender su reino. Quienes oran y predican sirven a la iglesia por causa de Cristo, y deben mantener la mirada puesta en él y esperar de él su recompensa.
Ministrar al Señor debe ser la labor habitual de las iglesias y de sus maestros. Hay que apartar tiempo para ello, aunque, en un sentido verdadero, ese tiempo ya le pertenece. Los cristianos y los ministros tienen un deber principal: servir al Señor Jesucristo (Colosenses 3:24; Romanos 14:18). El ayuno religioso también ayuda en esta labor, tanto como señal de arrepentimiento humilde como práctica de negación propia. Los discípulos no ayunaban tanto mientras el Esposo estaba con ellos como lo hacían los discípulos de Juan y los fariseos. Pero después de que les fue quitado, lo practicaron con mayor frecuencia, mostrando que habían aprendido a negarse a sí mismos y a soportar las dificultades.
Entonces el Espíritu Santo dio instrucciones para que Bernabé y Saulo fueran apartados mientras participaban en el culto público, con los ministros de las distintas congregaciones reunidos en un ayuno solemne o día de oración. El Espíritu Santo dijo, ya fuera mediante una voz del cielo o por medio de una fuerte dirección interior dada a los profetas que estaban entre ellos: «Aparten a Bernabé y a Saulo para la obra a la que los he llamado». Aquí no especificó cuál era la obra, porque Bernabé y Saulo ya la conocían.
A Pablo ya se le había dicho que llevaría el nombre de Cristo a los gentiles (Hechos 9:15) y que sería enviado a ellos (Hechos 22:21). El asunto también había quedado establecido anteriormente en Jerusalén: Pedro, Jacobo y Juan trabajarían entre los circuncisos, mientras que Pablo y Bernabé irían a las naciones (Gálatas 2:7-9). Bernabé probablemente sabía que él también estaba destinado a esa obra. Aun así, no se apresuraron a entrar en la cosecha, por preparada que pareciera, hasta recibir instrucciones del Señor de la mies.
Cristo, por medio de su Espíritu, escoge a sus ministros. El Espíritu les concede cierta medida de capacidad para su servicio, inclina su corazón hacia esa labor y los libra de otras preocupaciones que podrían impedirles realizarla. El Espíritu Santo ha apartado a algunas personas para el servicio de Cristo, distinguiéndolas como hombres que se ofrecen voluntariamente para la obra del templo. Después, quienes tienen la capacidad de evaluar sus dones y su sinceridad reciben la instrucción: «Apártenlos».
Los ministros de Cristo son apartados para él y para el Espíritu Santo. La orden es: «Apártenlos para mí». Deben trabajar al servicio de Cristo y bajo la dirección del Espíritu, todo para la gloria de Dios Padre. Toda persona apartada para servir a Cristo como ministro también es apartada para trabajar. Cristo no conserva siervos destinados a permanecer ociosos. Si alguien desea el oficio de obispo o supervisor, desea una buena obra. Es apartado para esforzarse en la enseñanza y en la doctrina, para trabajar con dedicación, no para disfrutar de una posición de prestigio.
La obra de los ministros de Cristo ya está establecida. Es la misma obra a la que todos los ministros de Cristo han sido llamados desde el principio, y la obra que ellos mismos recibieron primero mediante un llamado externo y decidieron seguir.
Su ordenación siguió estas instrucciones. No se trataba de una ordenación al ministerio en general, porque Bernabé y Saulo ya habían sido ministros durante algún tiempo. Era un apartamiento para una tarea específica dentro del ministerio, una tarea con un propósito especial que requería un nuevo encargo. Dios decidió darles ese encargo por medio de aquellos profetas y maestros, para que la iglesia aprendiera este modelo: los maestros deben ordenar a otros maestros. Ya no debemos esperar profetas de la misma manera, pero quienes han recibido el mensaje de Cristo deben transmitirlo, para beneficio de las generaciones futuras, a personas fieles que también sean capaces de enseñar a otros (2 Timoteo 2:2).
Así que Simeón, Lucio y Manaén, maestros fieles de la iglesia en Antioquía, ayunaron y oraron, impusieron las manos sobre Bernabé y Saulo, y los despidieron (Hechos 13:3), conforme a las instrucciones que habían recibido. Primero, notemos que oraron por ellos. Cuando personas buenas salen a realizar una obra buena, se debe orar por ellas de manera solemne y especial, sobre todo por parte de sus compañeros de trabajo y sus compañeros de lucha en la fe. También observemos que unieron el ayuno a sus oraciones, como lo hicieron en otras labores del ministerio (Hechos 13:3). Cristo mismo les enseñó esto al permanecer despierto durante la noche antes de enviar a sus apóstoles, dedicando ese tiempo a la oración.
También impusieron las manos sobre Bernabé y Saulo. Con esto les dieron libertad para dejar la labor que habían realizado en la iglesia de Antioquía, mostrando que partían con el consentimiento pleno de la iglesia, con honor y con buena reputación. Asimismo, pidieron a Dios que bendijera su nueva obra, que estuviera con ellos y que les concediera éxito. Al hacerlo, oraron para que fueran llenos del Espíritu Santo para esa tarea. Esto se explica en Hechos 14:26, donde se dice que Bernabé y Pablo fueron encomendados por la iglesia de Antioquía a la gracia de Dios para la obra que habían realizado.
Fue una muestra de humildad por parte de Bernabé y Saulo aceptar la imposición de manos de hombres que eran sus iguales, o quizá incluso inferiores a ellos en posición. También fue una muestra del buen espíritu de los otros maestros que no se resentían por el honor concedido a Bernabé y Saulo. Al contrario, les confiaron con gusto aquella tarea y oraron sinceramente por ellos. Después los enviaron pronto, preocupados por las regiones donde comenzarían a romper el terreno endurecido.
De este capítulo
Hechos 13:2
"Un día, mientras celebraban el culto al Señor y ayunaban, el Espíritu Santo dijo: «Sepárenme a Bernabé y a Saulo para el trabajo al cual los he llamado»."
Hechos 13:3
"Entonces, después de orar y ayunar, les impusieron las manos y los despidieron."
Hechos 13:4
"Enviados por el Espíritu Santo, Bernabé y Saulo fueron a Seleucia, y desde allí se embarcaron hacia la isla de Chipre."
Hechos 13:5
"Al llegar al puerto de Salamina, comenzaron a anunciar el mensaje de Dios en las sinagogas de los judíos. Juan también iba con ellos como ayudante."
Hechos 13:6
"Recorrieron toda la isla y llegaron a Pafos, donde encontraron a un brujo judío llamado Barjesús, que era un falso profeta."
Hechos 13:7
"Este brujo estaba con el gobernador Sergio Paulo, que era un hombre inteligente. El gobernador mandó llamar a Bernabé y a Saulo porque quería oír el mensaje de Dios."
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