Versículo destacado
2 Timoteo 3:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" También debes saber que en los últimos tiempos vendrán días difíciles. "
2 Timoteo 3:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 También debes saber que en los últimos tiempos vendrán días difíciles.
2 Los hombres serán egoístas, amantes del dinero, orgullosos y vanidosos. Hablarán contra Dios, desobedecerán a sus padres, serán ingratos y no respetarán la religión.
3 No tendrán cariño ni compasión, serán chismosos, no podrán dominar sus pasiones, serán crueles y enemigos de todo lo bueno.
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Timoteo no debe extrañarse de encontrar personas malas dentro de la iglesia. La red del evangelio recoge peces buenos y malos (Mateo 13:47-48). Jesucristo ya había advertido que vendrían engañadores (Mateo 24), así que los creyentes no deben sorprenderse ni pensar peor de la iglesia por causa de esto. Aun en el mineral de oro hay escoria, y aun en la era hay mucha paja mezclada con el trigo.
Pablo quiere que Timoteo sepa primero que en los últimos días, es decir, durante la era del evangelio, vendrían tiempos peligrosos (2 Timoteo 3:1). Aunque el evangelio ha producido cambios y reformas en muchos aspectos, seguiría habiendo tiempos de peligro. Serían tiempos difíciles, no principalmente por la persecución externa, sino por la corrupción dentro de la iglesia. Sería difícil para una persona mantener una conciencia limpia. Pablo no dice: «Vendrán tiempos peligrosos porque judíos y gentiles se unirán para destruir el cristianismo». Dice que vendrán porque personas que tienen apariencia de piedad (2 Timoteo 3:5) serán corruptas y malvadas, y causarán mucho daño a la iglesia. Dos traidores dentro de una fortaleza pueden causar más daño que dos mil enemigos afuera.
El pecado hace que los tiempos sean peligrosos. Cuando la moral y las actitudes de las personas se corrompen ampliamente, la vida se vuelve insegura, porque es difícil mantenerse firme en medio de una maldad generalizada. La advertencia de Pablo también demuestra que las predicciones de la Escritura son verdaderas. Si los acontecimientos no correspondieran con lo que dice la Escritura, podríamos sentir la tentación de dudar de la Biblia. También necesitamos conocer y creer esta advertencia para no sorprendernos cuando lleguen tiempos difíciles: «Debes saber esto».
Luego Pablo explica qué hará peligrosos esos tiempos y por medio de qué señales se reconocerán (2 Timoteo 3:2 y siguientes). El amor a sí mismos será una de las causas. En cierto sentido, todos se aman a sí mismos, pero aquí Pablo se refiere a un amor propio pecaminoso. Las personas amarán más sus deseos carnales que su bienestar espiritual. Se preocuparán más por complacerse y alimentar sus pasiones que por agradar a Dios y cumplir con su deber. En vez de tener el amor cristiano, que busca el bien de los demás, pensarán solamente en sí mismas y pondrán su propia comodidad por encima del crecimiento de la iglesia.
La avaricia también hará que los tiempos sean peligrosos. El amor propio suele conducir a muchos otros pecados y problemas. Cuando las personas se aman más a sí mismas que a Dios, no se puede esperar nada bueno de ellas. Cuando la codicia se extiende y cada persona se empeña en obtener y conservar lo que tiene, las personas se vuelven peligrosas unas para otras. Entonces todos sienten que deben mantenerse alerta frente a su prójimo.
El orgullo y la jactancia también caracterizarán esos tiempos. Los tiempos son peligrosos cuando las personas se enorgullecen de sí mismas, se jactan delante de los demás y hablan contra Dios y su nombre. Cuando las personas no temen a Dios, tampoco respetan verdaderamente a los demás. Y lo mismo ocurre en sentido contrario.
Cuando los hijos desobedecen a sus padres, quebrantan el deber y la gratitud que les deben, muchas veces en asuntos relacionados con el sustento y el cuidado diario. Eso también hace que los tiempos sean peligrosos. Si las personas tratan mal a sus propios padres y se rebelan contra ellos, ¿qué maldad no estarán dispuestas a cometer? Esa conducta muestra hasta dónde puede llevarlas el pecado.
La ingratitud y la falta de santidad también hacen que los tiempos sean peligrosos, y estas dos cosas suelen ir juntas. ¿Por qué las personas son impías y no temen a Dios? Muchas veces porque no agradecen la misericordia de Dios. La ingratitud y la impiedad van unidas. Difícilmente podría describirse peor a una persona que llamándola ingrata. Tales personas son impuras y están llenas de deseos carnales, lo cual es un gran insulto al Dios que ha provisto tan abundantemente para el cuerpo. Abusamos de los dones de Dios cuando los convertimos en alimento y combustible para nuestras pasiones.
Los tiempos también son peligrosos cuando las personas no se dejan detener ni por el afecto natural ni por la honestidad común, cuando carecen de afecto natural y no respetan los pactos (2 Timoteo 3:3). Existe un amor natural que se debe a todas las personas. Dondequiera que exista la naturaleza humana, debería haber bondad humana, especialmente dentro de las familias. Los tiempos son peligrosos cuando los hijos desobedecen a sus padres (2 Timoteo 3:2) y cuando los padres no sienten afecto natural por sus hijos (2 Timoteo 3:3). Observa cómo el pecado corrompe la naturaleza humana misma. Incluso puede despojar a las personas de aquello que la misma naturaleza puso en ellas para el bien de su propia especie. El amor natural de los padres por sus hijos ayuda a preservar la vida humana en la tierra. Y si las personas no se dejan guiar por el afecto natural, no sorprende que tampoco cumplan sus promesas solemnes ni sus acuerdos. No respetan los pactos; no les importan los compromisos que han asumido.
Los tiempos son peligrosos cuando las personas se acusan falsamente unas a otras. Se convierten en calumniadoras, comportándose como demonios entre sí, sin respeto por la buena reputación de los demás ni por la santidad de un juramento, y creen tener la libertad de decir y hacer lo que quieran (Salmo 12:4). Los tiempos también son peligrosos cuando las personas no pueden controlar sus deseos ni sus impulsos. No tienen dominio propio en sus apetitos, son feroces en su temperamento y no gobiernan su espíritu. Entonces son como una ciudad en ruinas y sin murallas, que puede incendiarse fácilmente ante la menor provocación.
También es una mala señal cuando lo bueno y digno de honra es generalmente despreciado. Los perseguidores orgullosos suelen menospreciar a las personas piadosas, aunque estas sean más valiosas que quienes las rodean. Los tiempos son peligrosos cuando las personas suelen ser traicioneras, temerarias y arrogantes (2 Timoteo 3:4). Nuestro Salvador predijo que el hermano entregaría a su hermano para que muriera, y que el padre entregaría a su hijo (Mateo 10:21). Esas son las formas más terribles de traición. A quienes entregaban sus Biblias a los perseguidores se les llamaba traditores, porque traicionaban la confianza que se les había dado. Cuando las personas son groseras, arrogantes e insultantes con todos los que las rodean, y ese espíritu se extiende, los tiempos son peligrosos.
Los tiempos son especialmente malos cuando las personas aman más los placeres que a Dios. Cuando hay más personas en busca de placer que verdaderos cristianos, la época se encuentra en un estado triste. Dios debe ser amado por encima de todo. La mente carnal, que está en contra de Dios, prefiere cualquier cosa antes que a él, especialmente algo tan bajo como el placer corporal.
A pesar de todo esto, las personas todavía pueden conservar una apariencia de piedad (2 Timoteo 3:5). Pueden llevar el nombre de cristianos, ser bautizadas en la fe cristiana y mostrar una apariencia de religión. Pero, por convincente que parezca su forma exterior, niegan su poder.
Cuando las personas adoptan la apariencia exterior que por naturaleza debería ir acompañada del poder verdadero, terminan separando lo que Dios ha unido. Se ponen una apariencia de piedad para proteger su reputación, pero rechazan su poder, que trataría con su pecado.
Aquí hay tres cosas que debemos notar. Primero, las personas pueden ser muy malvadas mientras profesan una religión. Pueden amarse a sí mismas y aun así tener solamente una apariencia de piedad. Segundo, la apariencia de piedad es muy diferente de su poder. Alguien puede tener el aspecto exterior y carecer por completo de la realidad interior, y con su manera de vivir negarla en la práctica. Tercero, los verdaderos cristianos deben apartarse de esas personas.
Pablo también advierte a Timoteo que esté atento a estos engañadores, no solo para evitar que él mismo sea arrastrado, sino también para proteger a quienes estaban bajo su cuidado. Primero muestra cuán deseosos estaban de ganar seguidores. Buscaban a ciertas personas y entraban en sus casas, porque no se atrevían a presentarse abiertamente. Los que hacen el mal aborrecen la luz (Juan 3:20). A menudo, los buenos cristianos se veían obligados a refugiarse en casas debido a la persecución, pero estas personas escogían introducirse en las casas para ganarse el afecto y la confianza de otros, y luego llevarlos a su propio lado.
Observa la clase de personas que ganaban. Engañaban a mujeres débiles e insensatas, mujeres culpables y cargadas de pecados, dominadas por diversos deseos. Una mente insensata y un corazón impuro hacen que las personas, especialmente las mujeres, sean blancos fáciles para los engañadores.
Pablo también muestra cuán lejos estaban estas personas de conocer realmente la verdad, aunque afirmaban estar siempre aprendiendo. En cierto sentido, todos debemos seguir aprendiendo, creciendo en conocimiento, procurando conocer al Señor cada vez más y avanzando con perseverancia. Pero estas personas eran escépticas, inestables e inquietas; aceptaban rápidamente cada idea nueva con el pretexto de alcanzar un conocimiento mayor, pero nunca llegaban a comprender verdaderamente la verdad tal como está en Jesús.
Luego Pablo anuncia el fin inevitable de su avance, comparándolos con los magos egipcios que se opusieron a Moisés, llamados Janes y Jambres. Sus nombres no aparecen en el relato del Antiguo Testamento, pero sí en algunos escritos judíos antiguos. Cuando Moisés llegó con el mandato de Dios de sacar a Israel de Egipto, estos magos se levantaron contra él. De la misma manera, estos falsos maestros se oponen a la verdad. Al igual que aquellos hombres, tienen la mente corrompida: su entendimiento está torcido, inclinado y predispuesto contra la verdad, y están reprobados en lo que se refiere a la fe; es decir, están muy lejos de ser verdaderos cristianos. Sin embargo, no avanzarán mucho más.
Aquí encontramos varias enseñanzas. Los engañadores buscan lugares ocultos y aman el secreto porque temen presentarse abiertamente. Por eso se meten en las casas. También se aprovechan de quienes tienen menos capacidad para defenderse: mujeres insensatas y entregadas al mal. Los engañadores de todas las épocas se parecen mucho. Su carácter es el mismo: tienen la mente corrompida. Su conducta es la misma: se oponen a la verdad, tal como Janes y Jambres se opusieron a Moisés. Y su final será el mismo: quedarán en evidencia y serán defraudados.
Quienes se oponen a la verdad actúan neciamente, incluso con gran insensatez, porque grande es la verdad y al final prevalecerá. Aunque por un tiempo se permita que el espíritu del error actúe, Dios todavía lo mantiene bajo control. Satanás solo puede engañar a las naciones y a las iglesias hasta donde Dios se lo permite y durante el tiempo que Dios determina. Su insensatez quedará expuesta. Se hará evidente que son impostores, y la gente se apartará de ellos.
De este capítulo
2 Timoteo 3:2
"Los hombres serán egoístas, amantes del dinero, orgullosos y vanidosos. Hablarán contra Dios, desobedecerán a sus padres, serán ingratos y no respetarán la religión."
2 Timoteo 3:3
"No tendrán cariño ni compasión, serán chismosos, no podrán dominar sus pasiones, serán crueles y enemigos de todo lo bueno."
2 Timoteo 3:4
"Serán traidores y atrevidos, estarán llenos de vanidad y buscarán sus propios placeres en lugar de buscar a Dios."
2 Timoteo 3:5
"Aparentarán ser muy religiosos, pero con sus hechos negarán el verdadero poder de la religión. No tengas nada que ver con esa clase de gente."
2 Timoteo 3:6
"Porque a ellos pertenecen esos que se meten en las casas y engañan a mujeres débiles, cargadas de pecado, que, arrastradas por toda clase de deseos,"
2 Timoteo 3:7
"siempre están aprendiendo, pero jamás llegan a comprender la verdad."
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