Versículo destacado
2 Samuel 15:13 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Un mensajero fue a informarle a David que los israelitas se estaban haciendo partidarios de Absalón. "
2 Samuel 15:13
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
11 También invitó a doscientas personas de Jerusalén, quienes fueron con él de buena fe y sin saber nada del asunto.
12 Asimismo, Absalón mandó llamar a uno de los consejeros de David, llamado Ahitófel, quien vivía en Guiló, su ciudad, para que lo acompañara mientras él ofrecía los sacrificios. Así, la conspiración cobraba fuerza y seguía aumentando el número de seguidores de Absalón.
13 Un mensajero fue a informarle a David que los israelitas se estaban haciendo partidarios de Absalón.
14 Entonces David ordenó a todos los oficiales que estaban con él en Jerusalén: —¡Huyamos ahora mismo, o no podremos escapar de Absalón! ¡Vamos, dense prisa, no sea que nos alcance, nos cause mucho daño y mate a filo de espada a todos los que están en la ciudad!”
15 Ellos respondieron al rey: —Estamos dispuestos a hacer todo lo que Su Majestad ordene.
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Este fue el informe que le llevaron a David acerca de la rebelión de Absalón (2 Samuel 15:13). La situación ya era bastante grave, pero parece que al contársela a David la hicieron parecer todavía peor, como suele ocurrir con este tipo de noticias. Le dijeron que el corazón de los hombres de Israel —es decir, de la mayoría del pueblo, especialmente de los líderes— estaba con Absalón. David estaba aún más dispuesto a creerlo porque podía recordar las maneras en que Absalón había utilizado para ganarse a la gente. Tal vez también lamentó no haber hecho más para proteger su propio reino, pues había confiado demasiado en que este estaba seguro.
Esto nos recuerda que los gobernantes deben procurar asegurar la lealtad de su pueblo. Si cuentan con su pueblo, tienen a su servicio su dinero, sus armas y todo lo demás.
La noticia alarmó a David, y enseguida hizo sus planes. Podemos imaginar lo impactado que quedó al saber que el hijo a quien amaba profundamente y había tratado con tanta bondad se había levantado contra él de una manera tan antinatural e ingrata. Bien podría haber dicho, como César: «¿Tú también, hijo mío?». Los padres no deben poner todas sus esperanzas en sus hijos, porque podrían sufrir una profunda decepción.
David no convocó a un consejo. Consultó a Dios y a su propio corazón, y decidió de inmediato salir de Jerusalén (2 Samuel 15:14). Tomó esta decisión sorprendente, tan diferente de la valentía que lo caracterizaba, por una de dos razones. En primer lugar, como hombre arrepentido, se estaba sometiendo a la disciplina de Dios y se inclinaba bajo su mano correctora. Su conciencia le recordaba ahora su pecado en el asunto de Urías y la sentencia que Dios había pronunciado contra él: la desgracia se levantaría contra él desde su propia casa. Parecía decir: «Ahora la palabra de Dios comienza a cumplirse, y no debo luchar contra ella. Dios es justo, y me someto». Delante del injusto Absalón podía defenderse y mantenerse firme; delante del Dios justo tenía que condenarse a sí mismo y aceptar su juicio.
O quizá actuó como un gobernante prudente. Jerusalén era una ciudad grande, pero no podía defenderse con facilidad. Por la oración de David (Salmo 51:18), parece que sus murallas no habían sido reconstruidas, mucho menos fortificadas por completo. Era demasiado grande para defenderla con la pequeña fuerza que David tenía entonces. También tenía razones para temer que la mayoría de los habitantes favorecieran a Absalón y no fueran dignos de confianza. Si se encerraba allí, podía perder el campo, donde esperaba encontrar más apoyo leal, especialmente entre quienes estaban más alejados de la influencia de Absalón. Además, amaba demasiado a Jerusalén como para convertirla en un lugar de guerra y exponerla a un sitio. Por eso estuvo dispuesto a dejarla tranquilamente en manos de los rebeldes.
Las personas buenas, cuando sufren, a menudo están dispuestas a soportar el sufrimiento ellas mismas, aunque pocos más se salven de la aflicción.
La huida de David de Jerusalén fue rápida. Sus siervos estuvieron de acuerdo con su plan y permanecieron fieles a él (2 Samuel 15:15). Le aseguraron su lealtad, y luego salió de Jerusalén a pie, mientras Absalón iba en carros y a caballo. No siempre el mejor hombre, ni la mejor causa, es lo que parece más fuerte. Aquí el traidor cabalga, mientras el príncipe legítimo camina a pie, como un siervo sobre la tierra (Eclesiastés 10:7). David escogió ir de esa manera para humillarse bajo la mano de Dios y mantenerse cerca de sus amigos y seguidores, demostrando que viviría y moriría con ellos.
Llevó consigo a su familia, incluidas sus esposas y sus hijos, para protegerlos en aquel tiempo de peligro y hallar consuelo en ellos durante su dolor. Los jefes de familia, aun cuando sienten un gran temor, no deben olvidar a quienes están bajo su cuidado. Dejó atrás a diez concubinas para que cuidaran el palacio, pensando que el hecho de ser mujeres las protegería de ser asesinadas, y que su edad y su cercanía a él las protegerían del daño. Pero Dios hizo que aquella decisión sirviera para cumplir su propia palabra.
David también llevó consigo a su guardia personal: los cereteos y peleteos bajo el mando de Benaía, y los de Gat bajo el mando de Itai (2 Samuel 15:18). Estos hombres de Gat parecen haber sido filisteos de Gat, unos seiscientos en total, que habían venido a servir a David después de haberlo conocido allí. Lo amaban por su carácter y su devoción a Dios, y habían adoptado la fe judía. David los convirtió en su guardia personal, y ellos permanecieron con él durante su aflicción. El Hijo de David no encontró en Israel una fe tan grande como la que encontró en un centurión romano y en una mujer cananea.
También llevó consigo a todas las personas de Jerusalén que estuvieron dispuestas a irse con él, y luego se detuvo a cierta distancia de la ciudad para organizarlas (2 Samuel 15:17). No obligó a nadie. Quienes tenían el corazón con Absalón podían irse con Absalón, y pronto descubrirían cómo era él. Cristo acepta únicamente a quienes vienen voluntariamente.
Luego David habló con Itai el de Gat, quien dirigía a los convertidos filisteos. David le insistió en que no lo acompañara (2 Samuel 15:19, 2 Samuel 15:20). Aunque Itai y sus hombres podrían serle útiles, David quería poner a prueba si realmente era leal o si se inclinaba hacia Absalón. Por eso le dijo que regresara a su lugar en Jerusalén y sirviera al nuevo rey. Si Itai era simplemente un hombre en busca de trabajo y de ascenso, debía ir adonde le pagaran mejor y recibiera mayores favores. Si esa era su intención, podía seguir ese camino.
Pero si Itai era fiel a David, David tampoco quería exponerlo al duro trabajo y a los peligros que estaban por delante. El corazón compasivo de David no podía soportar la idea de que un extranjero y exiliado, un nuevo convertido que debía ser animado y tratado con consideración, enfrentara un trato tan difícil desde el comienzo. En otras palabras, le estaba diciendo: «¿Por qué haría que anduvieras errante con nosotros? No; regresa con tus hermanos». Las personas generosas a menudo se preocupan más por lo que otros tendrán que sufrir junto con ellas que por su propio sufrimiento.
Así que David despidió a Itai con una bendición: «La misericordia y la verdad estén contigo». Esto significa que la misericordia y la fidelidad de Dios lo acompañaran; misericordia conforme a su promesa, la promesa hecha a quienes abandonan a otros dioses y se ponen bajo el cuidado de Dios. Era una despedida apropiada para separarse de un amigo: «Que la misericordia y la verdad de Dios estén contigo; entonces estarás seguro y en paz adondequiera que vayas». El propio David confiaba en la misericordia y la verdad de Dios para recibir consuelo y felicidad, tanto para él como para sus amigos (Salmo 61:7).
Itai respondió con valentía que no abandonaría a David (2 Samuel 15:21). Adondequiera que David fuera, en la vida o en la muerte, en seguridad o en peligro, Itai permanecería con él. Reforzó su promesa con un juramento para no verse tentado a quebrantarla. Valoraba a David no por su riqueza o su poder, pues ambos habían caído muy bajo, sino por su sabiduría y su bondad, que seguían siendo las mismas. Pasara lo que pasara, nunca lo abandonaría.
Un verdadero amigo es alguien que ama en todo momento y permanece con nosotros en la aflicción. De la misma manera, debemos aferrarnos al Hijo de David, Jesucristo, con todo nuestro corazón y determinación, para que nada, ni la vida ni la muerte, nos separe de su amor.
La gente común también mostró compasión por David en su aflicción. Cuando él y sus seguidores cruzaron el torrente de Cedrón, el mismo torrente que Cristo cruzaría más adelante al dirigirse a su sufrimiento (Juan 18:1), tomaron el camino hacia el desierto, entre Jerusalén y Jericó, y todo el país lloró a gritos (2 Samuel 15:23). Había muchas razones para llorar.
En primer lugar, veían a un príncipe reducido a una condición muy humillante. David, que había vivido con gran honor, era expulsado de su palacio y temía por su vida. Con solo un pequeño grupo, buscaba refugio en el desierto, y la ciudad que había conquistado, construido y fortalecido ya no era un lugar seguro para él. Hasta los desconocidos habrían sentido compasión al ver una caída tan grande, agravada por la maldad de su propio hijo. Era una situación muy dolorosa.
Los padres que son maltratados y arruinados por sus propios hijos merecen la compasión afectuosa de sus amigos tanto como cualquier persona que sufre. En segundo lugar, veían que su propio rey recibía ese trato. Había sido una gran bendición para la tierra y no había hecho nada para perder el amor de su pueblo. Verlo en semejante aflicción y saber que no podían ayudarlo era suficiente para hacerles brotar lágrimas de los ojos.
De este capítulo
2 Samuel 15:1
"Después de algún tiempo, Absalón consiguió un carro de combate y caballos, y organizó una guardia personal de cincuenta hombres."
2 Samuel 15:2
"Se levantaba temprano y se colocaba a la orilla del camino, a la entrada de la ciudad. A todo el que llegaba para que el rey le hiciera justicia en algún pleito, lo llamaba y le preguntaba de qué ciudad venía. Si aquella persona respondía que pertenecía a alguna de las tribus de Israel,"
2 Samuel 15:3
"Absalón le decía: «En verdad, tu demanda es justa y razonable, pero no hay nadie de parte del rey que te atienda»."
2 Samuel 15:4
"Y agregaba: «¡Ojalá yo fuera juez de este país, para que todos los que tienen pleitos legales vinieran a verme y yo les hiciera justicia!»"
2 Samuel 15:5
"Además, cuando alguien se acercaba para saludarlo, Absalón le extendía la mano, lo abrazaba y lo besaba."
2 Samuel 15:6
"Así actuaba con todo israelita que acudía al rey para que le hiciera justicia, y de esta manera les robaba el corazón a los israelitas."
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