Versículo destacado
2 Reyes 21:10 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Por lo tanto, el Señor habló por medio de sus siervos los profetas y dijo: "
2 Reyes 21:10
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
8 No volveré a expulsar a los israelitas de la tierra que di a sus antepasados, con tal de que cumplan y practiquen todo lo que les he ordenado y todas las enseñanzas que les dio mi siervo Moisés.
9 Pero ellos no hicieron caso. Por el contrario, Manasés los llevó a actuar con mayor perversidad que las naciones que el Señor había aniquilado ante los israelitas.
10 Por lo tanto, el Señor habló por medio de sus siervos los profetas y dijo:
11 Por haber cometido Manasés tantas infamias y por ser su maldad mayor que la de los amorreos que vivieron antes que él, ya que ha hecho que Judá peque con sus ídolos,
12 yo, el Señor, el Dios de Israel, declaro: Voy a traer sobre Jerusalén y Judá un desastre tan grande que a todo el que lo oiga le dolerán los oídos.
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Aquí leemos acerca de la ruina de Judá y Jerusalén, y es una sentencia muy grave. Primero, los profetas fueron enviados para enseñarles a conocer a Dios, recordarles su deber y guiarlos a cumplirlo. Si eso no daba resultado, su siguiente tarea era reprender sus pecados y mostrárselos claramente, para que se arrepintieran, cambiaran y volvieran a cumplir con su deber. Si aun así el pueblo no quería escuchar, los profetas anunciaban los juicios de Dios, para que la advertencia despertara a algunos al arrepentimiento y para que el juicio posterior demostrara que verdaderamente habían sido enviados por Dios.
Los profetas también actuaban como jueces contra quienes no los escuchaban como maestros. Aquí se presenta un relato completo del crimen. Manasés, rey de Judá, había pecado deliberadamente, aunque sabía lo que era correcto, y había superado la maldad de los amorreos, los pueblos paganos cuyas costumbres imitó, llegando a cometer pecados aún mayores. Además, hizo que el pueblo de Dios pecara y lo obligó a hacerlo. No solo eso, sino que llenó a Jerusalén de sangre inocente (2 Reyes 21:16), extendiendo el asesinato por toda la ciudad y colmando la medida de la culpa de Jerusalén (Mateo 23:32). Hizo todo esto desafiando la autoridad y el honor del Rey de reyes, atentando contra la paz de su reino y violando la ley que prohíbe tales crímenes.
Entonces viene el juicio de Dios: como han hecho lo malo, él traerá el mal sobre ellos (2 Reyes 21:12). El juicio se acerca y será terrible. Tan solo oír hablar de él hará que les zumben los oídos; es decir, los conmocionará y hará temblar su corazón (2 Reyes 21:12). Se conocerá ampliamente y provocará muchas conversaciones. La medida del juicio será semejante a la que cayó sobre Samaria y la familia de Acab, porque Jerusalén imitó sus pecados (2 Reyes 21:13). Cuando Dios mida la justicia, medirá a Jerusalén con la misma regla usada para Samaria; y cuando mida el juicio, usará la plomada de la familia de Acab. Quienes imitan a otros en el pecado deben esperar compartir su destino (Isaías 28:17).
La destrucción será completa. Dios dice que limpiará a Jerusalén como una persona limpia un plato. Esto significa que todo quedará desordenado y que la estructura entera de la nación será trastornada. También significa que la ciudad quedará vacía de sus habitantes, así como se vacía un plato al limpiarlo. El pueblo será llevado al cautiverio, y la tierra disfrutará sus sábados mientras ellos estén ausentes. Sin embargo, limpiar el plato no equivale a destruirlo. Jerusalén no será hecha pedazos ni desechada, sino vaciada y purificada: primero mediante la remoción de los pecadores y luego mediante el trato con el pecado.
Dios también dice que abandonará al remanente de su herencia (2 Reyes 21:14). Quienes abandonan a Dios justamente son abandonados por él. Dios nunca deja a las personas sin que ellas primero lo hayan dejado a él. Cuando Dios retira su protección, quedan expuestas e indefensas ante sus enemigos. El pecado es la raíz de toda su desgracia. La culpa antigua vuelve a ser tomada en cuenta, porque habían provocado a Dios desde el comienzo de la nación, desde que sus antepasados salieron de Egipto (2 Reyes 21:15). La generación de ese tiempo, que seguía los pasos de sus antepasados, justamente carga también con la culpa de los pecados de ellos. Y la culpa por la sangre fue lo que colmó la medida (2 Reyes 21:16). Nada clama con más fuerza por justicia ni trae un castigo más severo que la sangre inocente.
Esto es todo lo que aquí se nos dice acerca de Manasés. Queda declarado culpable y condenado, aunque esperamos encontrar en el libro de Crónicas el relato de su arrepentimiento y de su aceptación por parte de Dios. En este pasaje solo aparece una posible señal de arrepentimiento, si es correcto entenderla así: fue enterrado en el jardín de su propia casa (2 Reyes 21:18). Si fue así, probablemente él mismo dio esa instrucción, porque se consideraba indigno de ser llamado hijo de David o de reposar en las tumbas de sus antepasados. El verdadero arrepentimiento produce vergüenza, no una actitud de autosuficiencia. Aun después de perder el honor de la inocencia, el honor de un penitente era lo mejor que podía esperar. Es mejor y más honorable que un pecador muera arrepentido y sea enterrado en un jardín, que muera sin arrepentirse y reciba un entierro lleno de honores.
De este capítulo
2 Reyes 21:1
"Manasés tenía doce años cuando comenzó a reinar, y reinó cincuenta y cinco años en Jerusalén. Su madre se llamaba Hepsiba."
2 Reyes 21:2
"Pero hizo lo malo a los ojos del Señor, pues practicó las mismas infamias de las naciones que el Señor había expulsado de la presencia de los israelitas:"
2 Reyes 21:3
"reconstruyó los santuarios paganos que su padre Ezequías había destruido; levantó altares a Baal e hizo una imagen de Aserá, como había hecho Ahab, rey de Israel. Además, adoró y rindió culto a todos los astros del cielo,"
2 Reyes 21:4
"y construyó altares en el templo del Señor, acerca del cual el Señor había dicho que en Jerusalén estaría la residencia de su nombre."
2 Reyes 21:5
"Levantó otros altares en los dos atrios del templo del Señor y los dedicó a todos los astros del cielo."
2 Reyes 21:6
"Además, hizo quemar a sus hijos como sacrificio, practicó la invocación de espíritus y la adivinación, y estableció el espiritismo y la hechicería. Sus hechos fueron tan malos a los ojos del Señor que terminó provocando su indignación."
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