Versículo destacado
2 Corintios 9:6 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Recuerden esto: el que siembra poco, poco cosecha; y el que siembra mucho, mucho cosecha. "
2 Corintios 9:6
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
4 no sea que algunos de Macedonia vayan conmigo y descubran que ustedes no lo están. Eso sería una vergüenza para nosotros, que hemos tenido tanta confianza en ustedes, por no hablar de la vergüenza que sería para ustedes mismos.
5 Precisamente por eso, me ha parecido necesario pedirles a estos hermanos que vayan a visitarlos primero y los ayuden a completar la colecta que ustedes habían prometido. Así, la colecta de ustedes estará preparada como una muestra de generosidad y no como una muestra de tacañería.
6 Recuerden esto: el que siembra poco, poco cosecha; y el que siembra mucho, mucho cosecha.
7 Cada uno debe dar según lo que haya decidido en su corazón, no de mala gana ni a la fuerza, porque Dios ama al que da con alegría.
8 Dios puede darles a ustedes abundantemente toda clase de bendiciones, para que siempre tengan todo lo necesario y, además, les sobre para ayudar en toda clase de buenas obras.
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Aquí Pablo da instrucciones prácticas sobre la manera correcta y aceptable de ayudar a los necesitados. Es muy importante hacer lo que se requiere y hacerlo de la manera que Dios manda. Los corintios debían dar generosamente, porque se esperaba de ellos una ofrenda abundante, no mezquina. Pablo les señala una verdad común de la agricultura: quien espera una buena cosecha no escatima la semilla al sembrar, porque por lo general la cosecha guarda proporción con lo que se sembró (2 Corintios 9:6).
También debían dar con reflexión. «Cada uno debe dar según lo haya decidido en su corazón» (2 Corintios 9:7). Las obras de ayuda, como cualquier otra buena obra, deben hacerse con propósito y cuidado. Algunas personas hacen el bien por casualidad o dan apresuradamente porque otros las presionan, y después se arrepienten. Otras, si hubieran considerado con más atención su propia situación y la necesidad de la persona a la que ayudaban, quizá habrían dado más. Pensar cuidadosamente tanto en nuestros recursos como en las necesidades que nos rodean nos ayuda a decidir cuánto dar.
Su ofrenda también debía ser libre y alegre. Sea mucho o poco lo que demos, debe ser «no con tristeza ni por obligación, porque Dios ama al que da con alegría» (2 Corintios 9:7). Algunas personas dan solamente para que otros dejen de insistirles, y ese regalo se siente forzado. Esa falta de voluntad arruina el acto de dar. Debemos estar dispuestos a dar con más libertad de la que algunas personas necesitadas se atreven a pedir. No solo debemos compartir nuestro pan, sino también entregarnos a quienes tienen hambre (Isaías 58:10). Hay que dar con la mano abierta y el corazón alegre, agradecidos de tener tanto los recursos como la oportunidad de ayudar.
Luego Pablo ofrece un fuerte estímulo para dar de esta manera. En primer lugar, quien da no saldrá perdiendo. Una ofrenda para los pobres, cuando se entrega correctamente, no se desperdicia. Pablo la compara con la semilla arrojada en la tierra: por un tiempo queda enterrada, pero crece y produce una cosecha, y el sembrador la recibe multiplicada (2 Corintios 9:6). Quienes dan generosamente para ayudar a otros pueden esperar un buen resultado.
Una razón es que «Dios ama al que da con alegría» (2 Corintios 9:7). Si el amor de Dios descansa sobre esa persona, en realidad no puede considerarse perdedora. El favor de Dios es mejor que cualquier otra ganancia, incluso mejor que la vida misma. Otra razón es que Dios puede hacer que nuestra generosidad resulte en nuestro beneficio (2 Corintios 9:8). No tenemos motivos para dudar de su bondad ni para cuestionar su poder. Él puede hacer que su gracia —su ayuda y su favor— abunde en nosotros, tanto en lo espiritual como en nuestras necesidades prácticas. Puede darnos lo suficiente para nosotros, reponer lo que entregamos y, aun así, permitirnos seguir dando más.
Pablo respalda esto con las Escrituras: «Repartió sus bienes entre los pobres; su justicia permanece para siempre» (Salmo 112:9). El honor de una generosidad así perdura, y también perdura su recompensa. Al mismo tiempo, quien da puede vivir con tranquilidad y continuar dando generosamente a los demás.
Pablo también ora para que los corintios obtengan beneficio, y no pérdida, por su ayuda (2 Corintios 9:10-11). Ora al Dios que da semilla al sembrador y pan para comer. Por su providencia, Dios no solo nos da lo suficiente para el presente, sino también semilla para volver a sembrar en el futuro. En ese sentido, Dios nos da no solamente lo que necesitamos para nosotros, sino también lo que podemos compartir con los demás.
Pablo pide que Dios les provea pan para alimentarse, les dé lo suficiente para sus propias necesidades, multiplique la semilla que sembraron y aumente la cosecha de justicia. Desea que reciban plenamente el fruto de su generosidad y que sean «enriquecidos en todo sentido para toda generosidad» (2 Corintios 9:11). En resumen, ayudar a los necesitados no nos empobrece. Es una de las maneras en que Dios verdaderamente nos enriquece.
Al mismo tiempo, los creyentes pobres se beneficiarían directamente, porque este servicio supliría sus necesidades (2 Corintios 9:12). Si creemos que son santos, miembros de la familia de la fe, y que sus necesidades son grandes, debemos estar muy dispuestos a ayudarlos. Nuestra bondad no puede alcanzar a Dios mismo, pero debemos extenderla libremente a estas personas valiosas en la tierra y demostrar que nos alegramos en ellas.
Esta generosidad también produciría alabanza y gloria para Dios. Muchas acciones de gracias subirían a Dios por causa de ella, tanto de parte de Pablo como de quienes participaban en este ministerio (2 Corintios 9:11). Darían gracias a Dios por hacerlos útiles en una obra tan buena y por darle éxito. Los pobres, al recibir lo que necesitaban, también agradecerían a Dios y lo bendecirían por quienes los ayudaron. Y todos los que amaban el evangelio glorificarían a Dios al ver esta prueba de obediencia al evangelio de Cristo y de amor genuino por todas las personas (2 Corintios 9:13).
El cristianismo verdadero implica someternos a la verdad y a los mandamientos del evangelio. Debemos demostrar que nuestra obediencia es real mediante actos de generosidad. Una vida así honra nuestra profesión de fe y da gloria a Dios. Quienes recibieron la ayuda también responderían de la mejor manera que podían: orando sinceramente por aquellos que habían aliviado sus necesidades (2 Corintios 9:14). Cuando no podemos devolver una bondad de ninguna otra manera, esta es la respuesta apropiada, y con frecuencia trae gran bien tanto a quien da como a quien recibe.
Pablo termina con una alabanza: «Gracias a Dios por su don indescriptible» (2 Corintios 9:15). Algunos entienden que este gran don se refiere a la gracia concedida a las iglesias, por medio de la cual recibieron la disposición y la capacidad de atender las necesidades de los santos. Esa gracia produjo un beneficio imposible de expresar tanto para quienes dieron como para quienes recibieron.
Sin embargo, parece más probable que Pablo se refiera a Jesucristo, quien verdaderamente es el don indescriptible de Dios para este mundo; un regalo por el que todos tenemos sobradas razones para estar profundamente agradecidos.
De este capítulo
2 Corintios 9:1
"En cuanto a la colecta para los hermanos en la fe, en realidad no hace falta que siga escribiéndoles a ustedes,"
2 Corintios 9:2
"porque ya conozco su buena voluntad. Siempre les digo con orgullo a los de Macedonia que, desde el año pasado, ustedes los de Acaya han estado dispuestos a ayudar, y la buena disposición de ustedes ha animado a la mayoría de los de Macedonia."
2 Corintios 9:3
"Sin embargo, les envío a estos hermanos para que, cuando hablo de este asunto, el orgullo que siento por ustedes no resulte infundado. Es decir, para que de verdad estén preparados,"
2 Corintios 9:4
"no sea que algunos de Macedonia vayan conmigo y descubran que ustedes no lo están. Eso sería una vergüenza para nosotros, que hemos tenido tanta confianza en ustedes, por no hablar de la vergüenza que sería para ustedes mismos."
2 Corintios 9:5
"Precisamente por eso, me ha parecido necesario pedirles a estos hermanos que vayan a visitarlos primero y los ayuden a completar la colecta que ustedes habían prometido. Así, la colecta de ustedes estará preparada como una muestra de generosidad y no como una muestra de tacañería."
2 Corintios 9:7
"Cada uno debe dar según lo que haya decidido en su corazón, no de mala gana ni a la fuerza, porque Dios ama al que da con alegría."
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