Versículo destacado
2 Corintios 7:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Así pues, queridos hermanos, tenemos estas promesas. Por eso, debemos mantenernos limpios de todo lo que pueda mancharnos, tanto en el cuerpo como en el espíritu, y, en el temor de Dios, procuremos alcanzar una santidad completa. "
2 Corintios 7:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Así pues, queridos hermanos, tenemos estas promesas. Por eso, debemos mantenernos limpios de todo lo que pueda mancharnos, tanto en el cuerpo como en el espíritu, y, en el temor de Dios, procuremos alcanzar una santidad completa.
2 ¡Dennos cabida en su corazón! No hemos sido injustos con nadie, no hemos hecho daño a nadie ni hemos explotado a nadie.
3 No les digo esto para criticarlos, pues, como ya les dije antes, ustedes están en mi corazón, para vivir juntos y morir juntos.
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Estos versículos presentan un doble llamado.
Primero, llaman a los creyentes a seguir creciendo en santidad, o a llevar la santidad a su plenitud en el temor de Dios (2 Corintios 7:1). Pablo habla con profundo afecto a quienes ama entrañablemente, y respalda su llamado con razones poderosas. Una de esas razones son las grandes y preciosas promesas que acaba de mencionar en el capítulo anterior, promesas que también les pertenecían a los corintios. Las promesas de Dios son razones poderosas para buscar la santidad en cada una de sus dimensiones.
La santidad implica morir al pecado y vivir para la justicia. Debemos limpiarnos de toda contaminación, tanto del cuerpo como de la mente. El pecado contamina: hay pecados de la carne, cometidos por medio del cuerpo, y pecados del espíritu, que son internos y ocultos. Debemos apartarnos de ambos, porque Dios debe ser honrado tanto con el cuerpo como con el alma. Al mismo tiempo, debemos vivir en justicia y santidad. Si afirmamos que Dios es nuestro Padre, debemos procurar participar de su santidad, ser santos como él es santo y aspirar a la perfección que nuestro Padre celestial pone delante de nosotros.
Pablo dice que debemos seguir perfeccionando la santidad. No debemos conformarnos con ser sinceros, aunque en cierto sentido la sinceridad sea una perfección propia del evangelio, si todavía podemos aspirar a algo más. No alcanzaremos la perfección sin pecado en esta vida, pero aun así debemos esforzarnos por avanzar hacia ella. Todo esto debe hacerse en el temor de Dios, que es la raíz de la verdadera religión y sin el cual no puede haber santidad. La fe y la esperanza en las promesas de Dios nunca deben debilitar nuestra reverencia hacia él. Dios se complace en quienes lo temen y esperan en su misericordia.
En segundo lugar, Pablo llama a los corintios a valorar debidamente a los ministros del evangelio: «Recíbannos» (2 Corintios 7:2). Quienes se dedican a enseñar y predicar deben ser honrados y tenidos en alta estima por su trabajo. Ese respeto también ayuda a los creyentes a crecer en santidad. Si se considera indignos a los ministros por el hecho de ejercer ese ministerio, pronto el evangelio mismo podría recibir el mismo trato. Pablo no considera indigno de su persona pedirles a los corintios que lo tengan en buena estima. Nunca halaga a las personas, pero sí actúa con gentileza hacia todos.
Primero afirma que no había hecho nada para perder su respeto o su amor. No había perjudicado a nadie, no había hecho daño a nadie y siempre había buscado el bien de ellos (2 Corintios 7:2). Con ese mismo espíritu les había dicho a los ancianos de Éfeso: «No he codiciado la plata, el oro ni la ropa de nadie» (Hechos 20:33). Tampoco había corrompido a nadie mediante enseñanzas falsas o palabras aduladoras. No había engañado a nadie ni había buscado su propio beneficio con métodos astutos o codiciosos a costa de otra persona. Esto se parece mucho al llamado que Samuel hizo en 1 Samuel 12. Los ministros pueden esperar con mayor confianza el respeto de las personas cuando pueden afirmar honestamente que no han hecho nada digno de reproche.
Pablo también dice que no habla de esa manera porque carezca de afecto por ellos (2 Corintios 7:3-4). Trataba a los corintios con mucho cuidado y ternura, porque algunos de ellos estarían dispuestos a encontrar una excusa para atacarlo y poner a otros en su contra. Por eso se asegura de que no lo malinterpreten. Los amaba tanto que habría podido entregar su último aliento junto a ellos y vivir y morir entre ellos, si su labor en las demás iglesias se lo hubiera permitido. Su manera franca de hablar nacía del amor, y su amor lo llevaba a hablar con orgullo de ellos cada vez que tenía la oportunidad. Incluso en medio de sus dificultades, estaba lleno de consuelo y rebosaba de alegría.
De este capítulo
2 Corintios 7:2
"¡Dennos cabida en su corazón! No hemos sido injustos con nadie, no hemos hecho daño a nadie ni hemos explotado a nadie."
2 Corintios 7:3
"No les digo esto para criticarlos, pues, como ya les dije antes, ustedes están en mi corazón, para vivir juntos y morir juntos."
2 Corintios 7:4
"Tengo mucha franqueza para hablarles y estoy muy orgulloso de ustedes. En medio de todo lo que sufrimos, me siento muy animado y lleno de gozo."
2 Corintios 7:5
"Desde que llegamos a Macedonia, no hemos tenido ningún descanso, sino que por todas partes hemos encontrado dificultades: luchas a nuestro alrededor y temores en nuestro interior."
2 Corintios 7:6
"Pero Dios, que anima a los desanimados, nos animó con la llegada de Tito;"
2 Corintios 7:7
"y no solo con su llegada, sino también porque él se sentía muy animado a causa de ustedes. Él nos habló de cuánto desean ustedes vernos y nos contó de la tristeza que sienten y de su preocupación por mí; con todo esto, me alegré aún más."
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