Versículo destacado
2 Corintios 10:7 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Miren lo que es evidente. Si alguno está seguro de ser de Cristo, debe reconocer que también nosotros somos de Cristo. "
2 Corintios 10:7
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
5 y toda altanería que intente impedir que se conozca a Dios. Sometemos todo pensamiento humano a Cristo, para que lo obedezca a él,
6 y estamos dispuestos a castigar toda desobediencia una vez que ustedes obedezcan perfectamente.
7 Miren lo que es evidente. Si alguno está seguro de ser de Cristo, debe reconocer que también nosotros somos de Cristo.
8 Aunque yo insista un poco más de la cuenta en nuestra autoridad, no tengo por qué avergonzarme, pues el Señor nos dio esa autoridad para edificar a la comunidad y no para destruirla.
9 No quiero que parezca que intento asustarlos con mis cartas.
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En estos versículos, el apóstol Pablo presenta su defensa ante los corintios frente a quienes lo menospreciaban, lo juzgaban y hablaban duramente de él. «¿Miran ustedes las cosas según la apariencia externa?», pregunta (2 Corintios 10:7). En otras palabras, ¿es justo medir a las personas de esa manera y decidir entre él y sus opositores basándose en las apariencias? Para algunos, Pablo parecía sencillo y poco impresionante. No se exhibía como quizá lo hacían algunos de sus rivales. Pero las apariencias son un criterio deficiente para juzgar.
Algunas personas hablan con orgullo de sí mismas y proyectan una imagen impresionante. Sin embargo, las apariencias pueden engañar. Alguien puede parecer instruido sin haber llegado realmente a conocer a Cristo. Puede aparentar rectitud sin tener la verdadera gracia en el corazón. Aun así, Pablo afirma dos cosas importantes acerca de sí mismo.
Primero, habla de su relación con Cristo: «Si alguno está seguro de que pertenece a Cristo, recuerde también que nosotros pertenecemos a Cristo» (2 Corintios 10:7). Al parecer, los opositores de Pablo afirmaban pertenecer a Cristo como sus ministros y siervos. Pablo les responde razonando: aun si aceptamos que lo que dicen es verdad, ellos también deben reconocer que nosotros pertenecemos a Cristo. En una discusión justa, debemos conceder lo que honestamente puede concederse. No debemos considerar imposible que quienes difieren de nosotros también pertenezcan a Cristo.
No debemos mostrar mucha comprensión hacia los demás y luego excluirnos a nosotros mismos de Cristo. En Cristo hay lugar para muchas personas, y quienes difieren entre sí todavía pueden ser uno en él. Recordar esto ayudaría a sanar muchas de nuestras diferencias. Por más seguros que estemos de pertenecer a Cristo, también debemos admitir que otros que difieren de nosotros pueden pertenecer a Cristo y deben ser tratados de acuerdo con esa verdad. No debemos pensar que solo nosotros constituimos todo el pueblo de Dios. Pablo podía decir esto en su propia defensa frente a quienes lo juzgaban y despreciaban: aunque pudiera parecer débil, pertenecía a Cristo tanto como ellos. Ellos profesaban la misma fe, caminaban conforme a la misma norma, edificaban sobre el mismo fundamento y esperaban recibir la misma herencia.
Segundo, Pablo señala la autoridad que había recibido de Cristo como apóstol. Ya la había mencionado (2 Corintios 10:6), y ahora dice que podía volver a hablar de ella, incluso con cierta confianza, porque era verdadera y el Señor se la había dado. Sus opositores no tenían derecho a reclamar esa misma autoridad. Pablo no debía avergonzarse de ella (2 Corintios 10:8).
Observemos la naturaleza de esa autoridad. Le fue dada para edificar, no para derribar. Ese es el propósito de toda autoridad legítima, tanto en la vida civil como en la iglesia. También era el propósito de la autoridad especial concedida a los apóstoles y de la disciplina de la iglesia. Pablo habla además con cuidado acerca de esa autoridad. Dice que no pretendía asustarlos con palabras grandiosas ni con cartas severas (2 Corintios 10:9). Esto ayuda a responder a una objeción que se había presentado contra él (2 Corintios 10:10).
Pablo está diciendo que no tenía la intención de atemorizar a quienes eran obedientes. Tampoco había escrito en sus cartas algo que no estuviera dispuesto a llevar a cabo contra los desobedientes. También quería que sus opositores supieran esto (2 Corintios 10:11): cuando ejerciera el poder apostólico que Dios le había dado, demostraría tener una fuerza real.
De este capítulo
2 Corintios 10:1
"Yo, Pablo, les suplico por la ternura y la bondad de Cristo, aunque dicen que cuando estoy entre ustedes soy muy tímido, pero muy atrevido cuando estoy lejos."
2 Corintios 10:2
"Pues bien, les ruego que, cuando vaya a verlos, no me obliguen a actuar con atrevimiento contra quienes nos acusan de hacer las cosas por motivos puramente humanos, pues estoy dispuesto a enfrentarlos."
2 Corintios 10:3
"Es cierto que somos humanos, pero no luchamos como los hombres de este mundo."
2 Corintios 10:4
"Las armas que empleamos no son las del mundo, sino que tienen el poder de Dios para destruir fortalezas. Así destruimos las acusaciones"
2 Corintios 10:5
"y toda altanería que intente impedir que se conozca a Dios. Sometemos todo pensamiento humano a Cristo, para que lo obedezca a él,"
2 Corintios 10:6
"y estamos dispuestos a castigar toda desobediencia una vez que ustedes obedezcan perfectamente."
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