Versículo destacado
2 Crónicas 35:20 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Más tarde, cuando Josías ya había restaurado el templo, Necao, rey de Egipto, se dirigió hacia el río Éufrates para librar una batalla en Carquemis. Josías salió a su encuentro; "
2 Crónicas 35:20
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
18 Nunca se había celebrado en Israel una Pascua como esta desde la época del profeta Samuel. Ninguno de los reyes de Israel celebró la Pascua como la celebró Josías, junto con los sacerdotes, los levitas, la gente de Judá y de Israel que estaba presente y los habitantes de Jerusalén.
19 Aquella Pascua se celebró en el año dieciocho del reinado de Josías.
20 Más tarde, cuando Josías ya había restaurado el templo, Necao, rey de Egipto, se dirigió hacia el río Éufrates para librar una batalla en Carquemis. Josías salió a su encuentro;
21 pero Necao le envió delegados para decirle: «Déjame en paz, rey de Judá. Ahora no vengo contra ti, sino contra otra nación con la que estoy en guerra. Dios me ha ordenado que me dé prisa. Así que, por tu propio bien, deja de oponerte a Dios, que está de mi parte, y de ese modo no te destruirá».
22 Pero Josías no retrocedió, sino que insistió en luchar contra él y no hizo caso de la advertencia de Necao, la cual venía del mismo Dios. Así que entró en batalla en el valle de Meguido,
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Habían pasado trece años desde la famosa Pascua de Josías y desde su muerte. Podemos esperar que durante ese tiempo las cosas hayan marchado bien en su reino, que él haya prosperado y que la verdadera religión haya florecido. Sin embargo, la Escritura no nos ofrece un informe alentador sobre esos años, porque el pueblo todavía no se había apartado de su amor por el pecado, y Dios tampoco había apartado el ardor de su ira.
La siguiente noticia que recibimos acerca de Josías es trágica. Fue quitado de en medio en plena vida y antes de terminar todo lo que podía hacer, cuando ni siquiera tenía cuarenta años. Ya habíamos encontrado este triste relato en 2 Reyes 23:29-30, pero aquí se cuenta con un poco más de detalle. Lo que aparece aquí muestra más culpa de parte de Josías y más reconocimiento hacia el pueblo de lo que quizá habríamos esperado.
Josías fue un gobernante muy bueno, pero también debe ser censurado por su imprudencia y exceso de confianza al ir a la guerra contra el rey de Egipto sin una buena razón ni un llamado claro. Ya era bastante malo, como muestra 2 Reyes, que se involucrara en una disputa que no le correspondía. Aquí parece aún peor, porque el rey de Egipto le había enviado mensajeros para advertirle que no lo atacara (2 Crónicas 35:21).
El rey de Egipto, Necao, razonó con Josías basándose en tres argumentos. Primero, apeló a la justicia. Dijo que no pretendía hacerle ningún daño a Josías; por lo tanto, era injusto —contrario a la equidad común y a la ley entre las naciones— que Josías lo atacara. Ni siquiera una persona justa debe esperar tener éxito si se une a una causa injusta, porque Dios no muestra favoritismo. Véanse Proverbios 3:30 y Proverbios 25:8.
Segundo, apeló a la religión. Dijo: «Dios está conmigo. De hecho, él me ordenó que me apresurara; así que, si me detienes, estás interfiriendo con Dios». No debemos suponer que simplemente estaba fingiendo, como hizo Senaquerib en un caso parecido (2 Reyes 18:25), porque aquí el texto dice que las palabras de Necao procedían de la boca de Dios (2 Crónicas 35:22). Por eso debemos pensar que, de alguna manera, Dios le había dado a conocer su voluntad, ya fuera mediante un sueño, por medio de una fuerte convicción interior que Necao tenía razones para creer que venía de Dios, o por medio de Jeremías u otro profeta.
Tercero, apeló a la estrategia y la prudencia. Advirtió a Josías: «Él te destruirá». En otras palabras, era peligroso luchar contra alguien que tenía un ejército más fuerte, una causa más justa y a Dios de su lado.
Esto no era una expresión de enojo contra Josías, cuyo corazón estaba en lo correcto delante del Señor su Dios. Más bien, era una muestra de la ira de Dios contra una nación hipócrita que no merecía tener un rey tan bueno. Josías quedó tan cegado que no quiso escuchar estos argumentos razonables ni detener su marcha. Se negó a retroceder, fue personalmente a la batalla y luchó contra el ejército egipcio en la llanura de Meguido (2 Crónicas 35:22).
Aunque Josías dudara de que el rey de Egipto realmente hubiera recibido una orden de Dios, una vez que Necao afirmó tener tal orden, Josías debió haber consultado primero a Dios antes de salir contra él. No hacerlo fue su gran falta, y tuvo consecuencias fatales. En este asunto, no siguió los caminos de David, su antepasado, porque David habría preguntado al Señor: «¿Subiré? ¿Entregarás a mis enemigos en mis manos?». No podemos esperar prosperar si no tomamos en cuenta a Dios en nuestros planes.
El pueblo era muy perverso; aun así, merece mucho reconocimiento por la manera en que lamentó la muerte de Josías. No me sorprende que Jeremías lo haya lamentado, porque era el profeta que lloraba y veía con claridad la ruina completa de su país, que vendría después de la muerte de este buen rey. Pero sí resulta sorprendente que todo Judá y Jerusalén, aquel pueblo insensible y obstinado, lloraran por él (2 Crónicas 35:24).
Organizaron que hombres y mujeres expertos en cantar dirigieran el lamento, para que el dolor se extendiera por todo el reino. Incluso convirtieron esto en una práctica establecida en Israel, de modo que las canciones tristes escritas para aquel acontecimiento fueran aprendidas y cantadas por personas de toda condición. También se aseguraron de que el recuerdo perdurara, porque estos lamentos fueron incluidos entre los poemas oficiales y escritos en Lamentaciones.
Esto mostró, en primer lugar, que tenían cierto respeto por su buen rey. Aunque no siguieran plenamente sus reformas piadosas, todavía lo honraban profundamente. Las personas útiles y piadosas dejan una huella evidente en la conciencia incluso de quienes se niegan a seguir su ejemplo. Muchos que no quieren vivir entregados a Dios no pueden evitar hablar bien de esa devoción cuando la ven en otros.
Tal vez algunos lamentaron a Josías después de su muerte, aunque no le hubieran dado gracias a Dios por él mientras estaba vivo. Israel se quejó de Moisés y Aarón mientras estaban con ellos e incluso habló de apedrearlos; sin embargo, cuando murieron, los lloraron durante muchos días. Con frecuencia aprendemos el valor de las bendiciones solamente cuando las perdemos, aunque no las hayamos apreciado como debíamos mientras las teníamos.
En segundo lugar, su lamento mostró que percibían parte del peligro que ahora los amenazaba, después de que Josías se había ido. Es probable que Jeremías les hubiera hablado de las dificultades que debían esperar, pues les habían quitado a quien los protegía. Hasta ese momento habían creído su advertencia, y por eso lloraron la muerte de quien había sido su defensa.
A muchas personas les resulta más fácil llorar por las dificultades que vienen sobre ellas que apartarse del pecado y detener esas dificultades mediante una reforma de vida. Derraman lágrimas ante el juicio, pero no renuncian a sus pecados. Sin embargo, la tristeza que agrada a Dios conduce al arrepentimiento, y el arrepentimiento conduce a la salvación.
De este capítulo
2 Crónicas 35:1
"Josías celebró en Jerusalén la Pascua en honor del Señor. El día catorce del primer mes del año se sacrificó el cordero para la fiesta."
2 Crónicas 35:2
"Asignó a los sacerdotes sus puestos de servicio y los animó a atender el servicio del templo del Señor."
2 Crónicas 35:3
"Además, dio las siguientes instrucciones a los levitas, que eran los maestros de todo Israel y estaban consagrados al Señor: Coloquen el arca sagrada en el templo que construyó Salomón, hijo de David y rey de Israel. Ya no tendrán que llevarlo sobre los hombros. Ahora dedíquense a servir al Señor su Dios y a Israel, pueblo del Señor."
2 Crónicas 35:4
"Organícense por familias y por turnos, según lo dejaron escrito David, rey de Israel, y su hijo Salomón."
2 Crónicas 35:5
"Que permanezca en el santuario un grupo de levitas por cada grupo de familias, como representantes de los grupos de familias de los otros israelitas, sus hermanos."
2 Crónicas 35:6
"Sacrifiquen el cordero de la Pascua, purifíquense y preparen lo necesario para que sus hermanos puedan cumplir lo que el Señor ordenó por medio de Moisés."
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