Versículo destacado
2 Crónicas 34:29 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Entonces el rey ordenó que llamaran a todos los ancianos de Judá y Jerusalén para que se reunieran. "
2 Crónicas 34:29
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
27 y porque te has conmovido y te has sometido a mí al oír mi declaración contra este lugar y sus habitantes, por haberte humillado ante mí, haberte rasgado la ropa y haber llorado ante mí, yo también te he escuchado. Yo, el Señor, te lo digo.
28 Yo te concederé morir en paz y reunirte con tus antepasados, sin que llegues a ver el desastre que voy a traer sobre este lugar y sus habitantes”. Los enviados del rey regresaron para llevarle la respuesta.
29 Entonces el rey ordenó que llamaran a todos los ancianos de Judá y Jerusalén para que se reunieran.
30 Luego el rey, todos los hombres de Judá, los habitantes de Jerusalén, los sacerdotes, los levitas y la nación entera, desde el más pequeño hasta el más grande, fueron al templo del Señor. Allí el rey les leyó en voz alta todo lo que decía el libro de la alianza que había sido encontrado en el templo del Señor.
31 Luego el rey se puso de pie junto a su columna y se comprometió ante el Señor a obedecerle, a poner en práctica fielmente y con toda sinceridad sus mandamientos, mandatos y leyes, y a cumplir las condiciones de la alianza que estaban escritas en el libro.
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Aquí vemos el avance que Josías logró en la reforma de su reino después de escuchar la lectura de la ley y recibir el mensaje de Dios por medio de la profetisa. ¡Dichosa la nación que tenía un rey así! Josías no trató de obligar al pueblo a cumplir con su deber antes de enseñarles primero cuál era ese deber.
Reunió a todo el pueblo: jóvenes y ancianos, ricos y pobres, personas importantes y humildes. Las palabras del libro del pacto concernían a todos, así que todos necesitaban escucharlas. Para honrar más ese acto y llamar mayormente la atención del pueblo, el propio rey les leyó el libro, aunque allí estaban los sacerdotes y los levitas (2 Crónicas 34:30). Sin duda lo leyó de una manera que mostraba cuánto lo había conmovido, y eso también debió conmover a quienes lo escuchaban.
El pueblo también estaba firmemente ligado a este pacto. Se leyeron los términos del acuerdo entre Dios e Israel para que pudieran renovar conscientemente su compromiso con Dios. Entonces el rey y el pueblo, con gran seriedad, por así decirlo, firmaron el pacto. El rey prometió, en su nombre, guardar los mandamientos de Dios con todo su corazón y con toda su alma, conforme a lo escrito en el libro (2 Crónicas 34:31).
También animó al pueblo a dar su propio consentimiento a este pacto y a prometer solemnemente que cumplirían fielmente todo lo que les correspondía. Ellos estuvieron de acuerdo, y la vergüenza debió haberles impedido hacer otra cosa. Josías hizo que todos los presentes se comprometieran con el pacto (2 Crónicas 34:32) y los llevó a servir, es decir, a servir al Señor su Dios (2 Crónicas 34:33). En otras palabras, los impulsó a hacer del servicio a Dios su verdadera prioridad. La repetición de la palabra «servir» muestra cuánto estaba enfocado su corazón en un solo propósito: hacer que el pueblo regresara a Dios y cumpliera con su deber.
Por algún tiempo, el pueblo también fue impedido de volver a caer en la idolatría. Mientras Josías vivió, no se apartaron de seguir al Señor, aunque fue necesario mucho esfuerzo para evitar que volvieran a los ídolos. Todo su reinado sirvió como un freno para ellos, lo cual demuestra cuán fuerte seguía siendo su inclinación hacia la idolatría. A muchos solo les hacía falta que Josías desapareciera para volver a levantar sus lugares altos y sus imágenes.
Por eso los profetas hablaron con tanta dureza acerca de Judá durante los días de Josías. Dios dijo que Judá, aunque le había sido infiel, no había regresado a él con todo su corazón, sino solo de manera externa (2 Crónicas 34:10; Jeremías 3:6). Peor aún, había actuado como una esposa infiel y, de ese modo, hasta había hecho que Israel, que se había apartado, pareciera menos culpable (2 Crónicas 34:8, 11). En el año veintitrés del reinado de Josías, apenas cuatro o cinco años después de que comenzaran estas reformas, el pueblo todavía estaba provocando a Dios con sus propias acciones (Jeremías 25:3-7).
Es muy importante notar esto: el profeta situó desde el comienzo de la reforma de Josías —en su año doce o trece— la culpa de Judá que finalmente traería su destrucción (Ezequiel 4:6). Desde ese momento hasta la caída de Jerusalén pasaron cuarenta años. Josías era sincero, pero el pueblo en general no lo era. Se resistían a la reforma y todavía anhelaban sus ídolos. Por eso, aunque la reforma fue planeada con sabiduría y puesta en práctica con empeño por el rey, tuvo poco efecto verdadero en la nación.
Abandonaron sus ídolos de mala gana. Sus corazones todavía estaban apegados a ellos y querían recuperarlos. Dios vio esto, y por eso, precisamente desde aquel momento en que parecía que se estaba estableciendo una paz duradera, salió el decreto para su destrucción. Nada acelera más a una nación hacia la ruina que los intentos fallidos de reformarse, seguidos de un regreso fingido a Dios. No se engañen: Dios no puede ser burlado.
De este capítulo
2 Crónicas 34:1
"Josías tenía ocho años cuando comenzó a reinar, y reinó treinta y un años en Jerusalén."
2 Crónicas 34:2
"Los hechos de Josías fueron rectos a los ojos del Señor, porque siguió la conducta de David, su antepasado, sin desviarse de ella en absoluto."
2 Crónicas 34:3
"En el octavo año de su reinado, cuando todavía era joven, Josías comenzó a buscar al Dios de su antepasado David. En el año doce de su reinado comenzó a purificar a Judá y Jerusalén de los santuarios en lugares altos, las imágenes de Aserá, los ídolos y las estatuas de metal fundido,"
2 Crónicas 34:4
"y en su presencia fueron destruidos los altares de las diversas representaciones de Baal. Además, Josías ordenó destrozar los altares para incienso que estaban encima. También ordenó hacer pedazos las imágenes de Aserá, los ídolos y las estatuas de metal fundido; los redujo a polvo y luego lo esparció sobre las tumbas de quienes les habían ofrecido sacrificios."
2 Crónicas 34:5
"Además, quemó los huesos de los sacerdotes sobre sus altares, y de ese modo purificó a Judá y Jerusalén."
2 Crónicas 34:6
"Hizo lo mismo en las ciudades de Manasés, Efraín y Simeón, y hasta en Neftalí, en las plazas de todas sus ciudades."
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