Versículo destacado
2 Crónicas 25:14 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Cuando Amasías volvió de derrotar a los de Edom, trajo consigo los dioses de Seír, los tomó como dioses suyos, los adoró y les quemó incienso. "
2 Crónicas 25:14
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
12 Además, los de Judá apresaron vivos a otros diez mil y los llevaron a la cumbre de un monte rocoso; desde allí los despeñaron, y todos quedaron hechos pedazos.
13 Mientras tanto, las tropas a las que Amasías no había permitido unirse a él para la guerra y había hecho regresar a sus casas invadieron las ciudades de Judá desde Samaria hasta Bet-horón, mataron a tres mil personas y se llevaron muchas cosas que robaron.
14 Cuando Amasías volvió de derrotar a los de Edom, trajo consigo los dioses de Seír, los tomó como dioses suyos, los adoró y les quemó incienso.
15 El Señor se enojó con Amasías y le envió un profeta para decirle: —¿Por qué has recurrido a los dioses de una nación que ellos no pudieron librar de ti?
16 Pero mientras el profeta decía esto, el rey le replicó: —¿Acaso te hemos nombrado consejero real? ¡Deja de decir esas cosas! ¿O quieres que te maten? El profeta no insistió más, pero dijo: —Yo sé que Dios ha decidido destruirte por haber hecho esto y por no seguir mi consejo.
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Aquí vemos cómo Amasías se apartó del Dios de Israel para adorar a los dioses de los edomitas: una insensatez verdaderamente sorprendente. Acaz adoró a los dioses de quienes lo habían derrotado, lo cual al menos tenía una especie de justificación retorcida (2 Crónicas 28:23). Pero Amasías adoró a los dioses de un pueblo al que acababa de vencer, dioses que ni siquiera habían podido salvar a sus propios adoradores. ¿Qué vio en los dioses de Seír para establecerlos como sus propios dioses y postrarse ante ellos (2 Crónicas 25:14)?
Si hubiera arrojado esos ídolos desde la roca y los hubiera hecho pedazos, en vez de matar a los prisioneros, habría demostrado más fe como israelita y también más misericordia. Tal vez, debido a ese acto cruel, Dios permitió que cayera en esta insensata idolatría.
Entonces Dios envió a un profeta para reprenderlo por ese pecado. El Señor estaba justamente enojado con él, pero antes de traer el juicio, primero intentó advertirle y hacerlo volver, para que escapara de la ruina. El profeta razonó con él de manera serena y justa: «¿Por qué has buscado el favor de dioses que no pudieron salvar a su propio pueblo?» (2 Crónicas 25:15). Si las personas realmente reflexionaran en lo indefensas que son todas las cosas en las que ponen su confianza cuando se apartan de Dios, no continuarían haciéndose daño de esa manera.
Amasías no tenía cómo defender su insensatez, porque la reprensión era demasiado cierta para responderla. Sin embargo, en vez de arrepentirse, se enojó con el profeta. Lo insultó, tratándolo como alguien grosero e entrometido, como si el profeta no tuviera derecho a hablar: «¿Acaso eres consejero del rey?». Pero, como profeta, en realidad hablaba como enviado del Rey de reyes, y el rey debía haberlo escuchado. Amasías lo hizo callar y le ordenó que dejara de hablar, como aquellos que dicen: «No nos profeticen lo que es correcto» (Isaías 30:10). También lo amenazó, dando a entender que, si continuaba hablando, sufriría las consecuencias. Parece haber recordado que, durante el reinado anterior, habían matado a un profeta por hablar con valentía contra el rey, y le advirtió a este que tuviera cuidado. Al actuar así, no solo defendió el asesinato de aquel profeta, sino que también se hizo culpable de la sangre de ambos.
Amasías había escuchado antes a un profeta, cuando se le dijo que enviara de regreso al ejército israelita, aunque eso iba en contra de sus planes y le costaba cien talentos de plata (2 Crónicas 25:10). Pero ahora, cuando un profeta le dijo que no adorara a los dioses de Edom, se volvió contra él con una furia descontrolada. Ese es el extraño poder de la idolatría. Pudo renunciar al dinero de plata, pero no quiso renunciar a sus dioses de plata.
Después de esto, el profeta le comunicó la sentencia de Dios. Todavía tenía más que decir para enseñarle y advertirle, pero Amasías estaba decidido a hacer el mal, así que el profeta se detuvo. Es terrible cuando Dios, por medio de sus ministros y de la conciencia, deja de insistir en la vida de una persona (Génesis 6:3). Después de mucho rechazo, incluso las reprensiones externas y las advertencias internas finalmente guardan silencio. El pecador confiado puede pensar que es una gran victoria haber hecho callar a quienes lo reprenden y haberse librado de ellos, pero ¿qué significa realmente? Significa: «Sé que Dios ha decidido destruirte, porque has hecho esto y has rechazado mi consejo». Quienes no quieren escuchar la corrección se apresuran hacia la destrucción (Proverbios 29:1).
De este capítulo
2 Crónicas 25:1
"Amasías tenía veinticinco años cuando comenzó a reinar, y reinó en Jerusalén durante veintinueve años. Su madre se llamaba Joadán y era de Jerusalén."
2 Crónicas 25:2
"Los hechos de Amasías fueron rectos a los ojos del Señor, pero no actuó con total sinceridad."
2 Crónicas 25:3
"Cuando Amasías se consolidó en el poder, mató a todos los oficiales que habían asesinado a su padre."
2 Crónicas 25:4
"Pero no dio muerte a los hijos de ellos, pues, según lo escrito en el libro de la ley de Moisés, el Señor ordenó: «Los padres no podrán ser condenados a muerte por culpa de lo que hayan hecho sus hijos, ni los hijos por lo que hayan hecho sus padres, sino que cada uno morirá por su propio pecado»."
2 Crónicas 25:5
"Amasías reunió a todos los hombres de Judá y de Benjamín, y los organizó por familias bajo el mando de jefes militares. Luego hizo el censo de todos los que tenían veinte años o más, y resultó que había trescientos mil soldados escogidos, listos para la guerra y capaces de usar lanzas y escudos."
2 Crónicas 25:6
"Además, contrató cien mil soldados de Israel por tres mil trescientos kilos de plata."
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