Versículo destacado
2 Crónicas 21:12 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Pero entonces Joram recibió una carta del profeta Elías que decía: El Señor, Dios de David, tu antepasado, te dice: “No has seguido el ejemplo de Josafat, tu padre, ni el de Asá, rey de Judá, "
2 Crónicas 21:12
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
10 Pero Edom logró independizarse de Judá hasta el presente. También en aquel tiempo se independizó la ciudad de Libná, porque Joram había abandonado al Señor, Dios de sus antepasados.
11 Además, construyó santuarios paganos en los montes de Judá, fue el causante de que los habitantes de Jerusalén fueran infieles al Señor e hizo que Judá se extraviara.
12 Pero entonces Joram recibió una carta del profeta Elías que decía: El Señor, Dios de David, tu antepasado, te dice: “No has seguido el ejemplo de Josafat, tu padre, ni el de Asá, rey de Judá,
13 sino los ejemplos de los reyes de Israel. Has sido el causante de que Judá y los habitantes de Jerusalén fueran infieles al Señor, como lo fue la familia de Ahab. Además, has matado a tus hermanos, que eran mejores que tú.
14 Por eso, el Señor hará caer una gran calamidad sobre tu pueblo, tus hijos, tus mujeres y todas tus posesiones.
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Aquí encontramos una advertencia de Dios enviada a Joram mediante un escrito del profeta Elías. Esto muestra que Joram ya había subido al trono y había demostrado cómo era antes de que Elías fuera llevado al cielo. Sí encontramos a Eliseo sirviendo a Josafat, y se le llama el que derramaba agua sobre las manos de Elías después de la partida de este (2 Reyes 3:11). Pero eso pudo haber ocurrido mientras Elías todavía vivía, y el relato quizá presenta los acontecimientos fuera de orden, ya que la muerte de Josafat y el ascenso de Joram al trono se registran antes de la partida de Elías (1 Reyes 22:50).
Podemos entender que la partida de Elías estaba cerca, de modo que no podía ir personalmente a ver a Joram. Pero después de enterarse de la gran maldad de Joram al asesinar a sus hermanos, dejó esta carta, probablemente con Eliseo, para que fuera enviada en la primera oportunidad. Tal vez tenía el propósito de hacer que Joram volviera de su mal camino, o de quedar como testimonio contra él, mostrando que había sido advertido claramente de las consecuencias a las que conducirían sus pecados. El mensaje fue enviado en el nombre del SEÑOR, el Dios de David, su padre (2 Crónicas 21:12). Recordarle a Joram su relación con David era un honor, pero también hacía más grave su fracaso.
Los pecados de Joram se presentan claramente contra él. Había abandonado los buenos caminos de Dios, en los que había sido criado y que su buen padre y su abuelo le habían mostrado con su ejemplo. Esos hombres vivieron y murieron en paz y con honra (2 Crónicas 21:12). Joram también había imitado los caminos de la casa de Acab, aquella familia impía y vergonzosa. Impuso la idolatría en su reino y asesinó a sus hermanos porque eran mejores que él (2 Crónicas 21:13). Estas son las principales acusaciones presentadas contra él.
Luego se declara el juicio que caería sobre él por estos crímenes. Su pecado ciertamente arruinaría su reino y su familia. El SEÑOR heriría con un duro golpe a su pueblo, a sus hijos, a sus esposas y a todas sus posesiones, incluyendo la guerra y el cautiverio (2 Crónicas 21:14). Los malos gobernantes con frecuencia atraen los juicios de Dios sobre todos los que los rodean. El pueblo sufriría porque se había unido a su idolatría, y sus esposas porque lo habían llevado hacia ella.
Su salud y su vida también serían heridas. Sufriría una enfermedad grave, dolorosa y prolongada, que finalmente le causaría la muerte (2 Crónicas 21:15). Fue advertido de antemano para que su propia culpa quedara clara, pues el centinela había entregado la advertencia. Después, cuando esas cosas sucedieran exactamente, sería evidente que no habían ocurrido por casualidad, sino como castigo por su pecado. Si Joram hubiera aprendido de Acab no solo a hacer el mal, sino también a humillarse cuando Elías lo amonestó, como se relata en 1 Reyes 21:27, quizá habría conseguido al menos que el juicio se retrasara. Pero no hay ninguna señal de que prestara atención. Desechó la advertencia como si no tuviera valor. Elías le parecía un burlador. Sin embargo, quienes no quieren creer tendrán que experimentar la verdad por sí mismos.
Los juicios anunciados finalmente cayeron sobre él porque ignoró la advertencia. No sorprende que los pecadores endurecidos no se arrepientan ante las amenazas de un castigo futuro en el mundo venidero, cuando ni siquiera las dificultades seguras de esta vida —la pérdida de sus riquezas y la ruina de su salud— logran detenerlos de pecar.
A Joram le quitaron todas sus comodidades. Dios incitó contra él a los pueblos vecinos. Ellos habían amado y respetado a Josafat, pero odiaban y despreciaban a Joram, pues consideraban vergonzoso que una nación cambiara de dioses. Encontraron algún pretexto para entrar en conflicto con él, invadieron su territorio y, al parecer, no atacaron las ciudades pequeñas ni a la gente común, sino que fueron directamente contra el palacio del rey. Se llevaron todo lo valioso que encontraron allí. El relato solo menciona que se llevaron a sus hijos y a sus esposas (2 Crónicas 21:17), pero en otro lugar aprendemos que mataron a todos sus hijos excepto a uno (2 Crónicas 22:1). Fue sangre por sangre. Joram había matado a todos sus hermanos para fortalecer su propia posición, y ahora todos sus hijos fueron asesinados excepto uno, de modo que su casa quedó debilitada. Si no hubiera pertenecido a la casa de David, ese único hijo no habría escapado. Cuando fueron destruidas las casas de Jeroboam, de Baasa y de Acab, no quedó ningún sobreviviente. Pero la casa de David no sería eliminada por completo, aunque con frecuencia llegara a corromperse gravemente, porque en ella permanecía una bendición: la bendición del Mesías.
También fue atormentado por enfermedades dolorosas que duraron mucho tiempo, como las advertencias dadas en la ley contra quienes no temieran al SEÑOR su Dios (Deuteronomio 28:58-59). Su enfermedad era muy grave. Se concentraba en sus intestinos, le causaba un dolor constante y estaba acompañada de otros padecimientos serios. El sufrimiento también se prolongó. Estuvo enfermo durante dos años y no pudo recuperarse, porque la enfermedad era incurable, aunque todavía estaba en la plenitud de su vida y aún no tenía cuarenta años. Asa, cuyo corazón era fiel a Dios aunque cometió algunos errores, solo padeció una enfermedad en los pies. Pero Joram, cuyo corazón era malvado, fue herido en sus entrañas. El hombre que no había tenido misericordia de sus hermanos fue atormentado en sus intestinos hasta que estos se le salieron. Incluso las personas buenas y quienes son muy queridos por Dios pueden sufrir enfermedades semejantes. Sin embargo, para ellas ese dolor es una disciplina paternal, y con el consuelo de Dios el alma todavía puede descansar en paz aun cuando el cuerpo esté sufriendo.
Estas enfermedades dolorosas le sobrevinieron poco después de que su casa fuera saqueada y de que sus esposas y sus hijos fueran llevados cautivos. El dolor por esa pérdida pudo haberle causado la enfermedad, o al menos haberla empeorado. Además, la enfermedad le impidió hacer algo para recuperarlos o vengarse del mal que le habían hecho. Sin duda aumentó mucho su tristeza que, mientras estaba enfermo, se encontrara separado de sus esposas y de sus hijos, y que hubiera perdido todas las riquezas de su casa. Estar enfermo y pobre, enfermo y solo, y especialmente estar enfermo mientras se vive en pecado, bajo la maldición de Dios, sin la gracia para soportar el sufrimiento y sin consuelo que lo compense, es una condición profundamente miserable.
Fue sepultado en vergüenza. Solo reinó ocho años y luego murió sin que nadie lo lamentara (2 Crónicas 21:20). Nadie lo valoró mientras vivió ni lloró por él cuando murió. En cambio, la gente se alegró de que Jerusalén no hubiera sufrido una pérdida mayor. Para mostrar el poco afecto o respeto que le tenían, no lo sepultaron en las tumbas de los reyes, porque consideraban que no merecía ser contado entre aquellos que habían gobernado tan mal. El hecho de que su cuerpo quedara fuera de las tumbas de sus antepasados también pudo haber sido ordenado por Dios como señal de la separación permanente que existe, después de la muerte, entre las almas de los malvados y los espíritus de los justos.
Esto fue una vergüenza adicional para Joram, rey de Judá, porque no hicieron una hoguera funeraria en su honor como la habían hecho por sus antepasados (2 Crónicas 21:19). Su memoria no era grata ni honrosa entre el pueblo, por lo que no le dieron los perfumes ni las especias acostumbrados. Sin embargo, después de una enfermedad tan larga y repugnante, su cuerpo probablemente habría necesitado algo para cubrir el mal olor.
La mayoría del pueblo, aunque con frecuencia se dejaba atraer por la idolatría, no amaba realmente a sus reyes idólatras. El pecado y el desprecio abierto de Dios hacen que una persona sea despreciada incluso por quienes tienen poca verdadera religión. Al mismo tiempo, la conciencia natural suele llevar a las personas a honrar a quienes son verdaderamente piadosos. Quienes desprecian a Dios serán tenidos en poco, como lo fue Joram.
De este capítulo
2 Crónicas 21:1
"Josafat murió y fue sepultado en la Ciudad de David, su antepasado. Después, su hijo Joram reinó en su lugar."
2 Crónicas 21:2
"Los hermanos de Joram, que también eran hijos de Josafat, eran Azarías, Jehiel, Zacarías, Micael y Sefatías. Todos ellos eran hijos de Josafat, rey de Judá."
2 Crónicas 21:3
"Su padre les había regalado muchos objetos de oro y plata, además de otras cosas valiosas. También les dio ciudades fortificadas en Judá, pero le entregó el reino a Joram por ser el hijo mayor."
2 Crónicas 21:4
"Pero Joram, una vez que se aseguró en el trono de su padre, pasó a cuchillo a todos sus hermanos y también a algunos jefes de Israel."
2 Crónicas 21:5
"Tenía treinta y dos años cuando comenzó a reinar, y reinó ocho años en Jerusalén."
2 Crónicas 21:6
"Pero siguió los pasos de los reyes de Israel y de la descendencia de Ahab, pues su mujer era de la descendencia de Ahab. Por eso, sus hechos fueron malos a los ojos del Señor."
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