Versículo destacado
2 Crónicas 2:11 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Entonces Hiram, rey de Tiro, envió a Salomón una carta en la que le decía: «El Señor te ha hecho rey de los israelitas porque ama a su pueblo». "
2 Crónicas 2:11
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
9 a prepararme una gran cantidad de madera, ya que el templo que voy a construir tiene que ser grande y maravilloso.
10 Pero ten en cuenta que daré como provisiones para tus trabajadores, los leñadores que corten la madera, cuatro millones cuatrocientos mil litros de trigo, la misma cantidad de cebada, cuatrocientos cuarenta mil litros de vino y otros tantos de aceite.
11 Entonces Hiram, rey de Tiro, envió a Salomón una carta en la que le decía: «El Señor te ha hecho rey de los israelitas porque ama a su pueblo».
12 Y añadía: ¡Bendito sea el Señor, el Dios de Israel, que hizo el cielo y la tierra, porque ha concedido al rey David un hijo tan sabio, instruido y prudente, que va a construir un templo al Señor y un palacio real para sí mismo!
13 Te envío, pues, un hombre experto e inteligente: al maestro Hiram.
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Aquí tenemos, en primer lugar, la respuesta de Hiram al mensaje de Salomón. Hiram muestra gran respeto por Salomón y una disposición sincera para ayudarlo. Las personas de menor rango pueden aprender de los grandes gobernantes a ser amables y corteses. Hiram felicita a Israel por tener un rey como él: «Porque el SEÑOR ha amado a su pueblo, te ha hecho rey» (2 Crónicas 2:11). Un gobierno sabio y bueno es una gran bendición para un pueblo y una señal clara del favor de Dios.
Hiram no dice: «Porque él te ha amado», aunque eso también era cierto (2 Samuel 12:24). Dice: «Porque él ha amado a su pueblo». Los reyes deben considerarse escogidos para el bien del pueblo, no para su propio placer. Deben gobernar de una manera que demuestre que fueron puestos en esa posición por amor y no por ira.
Hiram también alaba a Dios por haber levantado a un sucesor tan digno de David, el padre de Salomón. Al parecer, Hiram no solo tenía una actitud favorable hacia el pueblo judío y se alegraba por su prosperidad, sino que también se había acercado a la fe judía y adoraba al SEÑOR, el Dios de Israel, como el Dios que hizo los cielos y la tierra y que da poder a todos los gobernantes. Había aprendido que Dios es quien establece a los reyes.
Ahora que Israel permanecía cerca de la ley y de la adoración a Dios, conservando así su honor, las naciones vecinas estaban dispuestas a aprender de ellos la verdadera fe. En tiempos anteriores, cuando Israel había caído en pecado, había adoptado rápidamente los ídolos y las costumbres falsas de sus vecinos. Fue un gran honor que ahora transmitieran la verdad a otros en vez de tomar prestado el error de ellos. Lo contrario habría sido vergonzoso.
Hiram también envió a Salomón a un artesano muy hábil, capaz de atender todas las necesidades de la obra. Este hombre tenía ascendencia tanto judía como gentil. Su madre era israelita y su padre era tirio. Ese origen mixto es una imagen apropiada de judíos y gentiles unidos en el templo del evangelio, como sucedería más adelante de otras maneras.
Hiram también aceptó proporcionar la madera que Salomón necesitaba y entregarla en Jope. Al mismo tiempo, dependía de Salomón para que les proporcionara alimento a los trabajadores, tal como ya se había acordado (versículos 15 y 16). Este acuerdo ya se había establecido anteriormente (1 Reyes 5:8, 9).
Luego vemos las órdenes de Salomón acerca de los trabajadores. No emplearía a los israelitas nacidos libres en el trabajo pesado de construir el templo, ni siquiera como supervisores. En cambio, utilizó a extranjeros que se habían convertido en adoradores del Dios verdadero. Estas personas no tenían tierras heredadas en Canaán como los israelitas, por lo que a menudo trabajaban en distintos oficios y se ganaban la vida con sus habilidades y su esfuerzo.
En aquel tiempo había muchísimas personas así en el país (2 Crónicas 2:17). Si algunas provenían de las naciones que habían sido condenadas, quizá estaban sujetas a la misma obligación que los gabaonitas, quienes fueron convertidos en leñadores para la congregación. Si no era así, de todos modos tenían una fuerte obligación de servir, porque la ley de Moisés les daba un trato justo y, en muchos aspectos, los colocaba al mismo nivel que los israelitas nativos. Debían estar agradecidos y hacer todo lo que pudieran por el templo. Sin duda recibían un pago, ya fuera en dinero o en bienes, porque la ley decía: «No opriman al extranjero».
El número de estos trabajadores era muy grande, como se indica aquí (2 Crónicas 2:2, 18): un total de 150,000. Canaán era una tierra fértil, capaz de alimentar a muchas más personas que las que formaban únicamente la población nativa. Además, el templo era un edificio tan grande que podía dar trabajo a muchísimas manos. Puesto que gran parte del trabajo se había preparado de antemano, había espacio para emplear a una fuerza tan numerosa, especialmente en los bosques del Líbano, donde podían trabajar juntos sin estorbarse. Si un edificio tan grande y hermoso no hubiera empleado a tantos trabajadores, quizá habría tardado mucho más de siete años en terminarse, tal vez tanto como la catedral de San Pablo.
De este capítulo
2 Crónicas 2:1
"Salomón decidió construir un templo para el Señor y también su propio palacio real."
2 Crónicas 2:2
"Para ello designó a setenta mil cargadores, a ochenta mil canteros para que trabajaran en la montaña y a tres mil seiscientos capataces para que los dirigieran."
2 Crónicas 2:3
"Después, Salomón mandó decir a Hiram, rey de Tiro: Haz conmigo lo que hiciste con David, mi padre, a quien enviaste madera de cedro para que se construyera un palacio donde vivir."
2 Crónicas 2:4
"Mira, voy a construir un templo para el Señor mi Dios, a fin de consagrárselo, quemar perfumes en su honor, presentarle siempre las hileras de panes y ofrecerle holocaustos por la mañana y por la tarde, así como los sábados, en las fiestas de luna nueva y en las demás fiestas que siempre se celebran en Israel en honor del Señor nuestro Dios."
2 Crónicas 2:5
"Pero el templo que voy a construir debe ser grande, porque nuestro Dios es más grande que todos los dioses."
2 Crónicas 2:6
"Sin embargo, ¿quién será capaz de construirle un templo, si el cielo, con toda su inmensidad, no puede contenerlo? ¿Y quién soy yo para construirle un templo, aunque solo sea para quemar incienso en su honor?"
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