Versículo destacado
1 Samuel 5:6 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Después, el Señor castigó severamente y llenó de terror a los de Asdod y su territorio, hiriéndolos con tumores. "
1 Samuel 5:6
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
4 Pero a la mañana siguiente llegaron de nuevo los de Asdod y otra vez encontraron a Dagón tirado en el suelo ante el arca del Señor. Su cabeza y sus dos manos se habían quebrado y estaban sobre el umbral. Lo único que le quedaba entero era el tronco.
5 Por eso, hasta ahora, cuando los sacerdotes de Dagón entran en el templo de Asdod, no pisan el umbral.
6 Después, el Señor castigó severamente y llenó de terror a los de Asdod y su territorio, hiriéndolos con tumores.
7 Cuando los habitantes de Asdod vieron lo que pasaba, dijeron: «El arca del Dios de Israel no debe quedarse entre nosotros, porque ese dios nos está castigando con mucha dureza, tanto a nosotros como a Dagón, nuestro dios».
8 Por tanto, mandaron decir a todos los jefes filisteos que se reunieran con ellos y les preguntaron: —¿Qué hacemos con el arca del Dios de Israel? —Llévenlo a la ciudad de Gat —respondieron ellos. Y los filisteos lo llevaron allí.
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La caída de Dagón, si los filisteos hubieran aprendido de ella, pudo haberlos llevado a arrepentirse de sus ídolos y a humillarse ante el Dios de Israel. Pero, en lugar de eso, Dios continuó castigándolos por los insultos cometidos contra su arca y por su lealtad obstinada a su dios falso, aun después de haber recibido pruebas claras de su poder. El SEÑOR había levantado su mano, pero ellos no quisieron verlo, como dice Isaías (Isaías 26:11). Puesto que no quisieron ver su gloria, tuvieron que sentir el peso de su mano.
La mano del SEÑOR cayó pesadamente sobre ellos (1 Samuel 5:6). No solo demostró lo insensato de su conducta, sino que también castigó severamente su orgullo. Destruyó a muchos de ellos con una muerte repentina, probablemente a quienes más habían celebrado la captura del arca. Esto fue distinto de la enfermedad que afectó a otros. En Gat, las Escrituras lo llaman una gran destrucción (1 Samuel 5:9), una destrucción mortal (1 Samuel 5:11). También dejan claro que los hombres afectados por hemorroides, una enfermedad dolorosa en las partes íntimas, no eran los mismos que murieron bajo el otro juicio (1 Samuel 5:12). Ellos se habían jactado de la gran matanza que su espada había causado en Israel (1 Samuel 4:10). Pero Dios les mostró que, aunque no decidiera usar contra ellos la espada de Israel, él tenía su propia espada. Cuando la afila y se dispone a ejecutar juicio, puede vengarse de sus enemigos (Deuteronomio 32:41-42). Los que luchan contra Dios, contra su arca y contra su pueblo acabarán ciertamente en la ruina. Si la advertencia no los hace cambiar, lo hará la destrucción.
A los que no fueron destruidos les salieron hemorroides (1 Samuel 5:6), en sus partes más íntimas (1 Samuel 5:9). El dolor era tan intenso que su clamor subió hasta el cielo (1 Samuel 5:12); es decir, se escuchaba por todas partes, y quizá en medio de su sufrimiento clamaron no a Dagón, sino al Dios del cielo. Más adelante, el salmista describió este juicio diciendo que Dios hirió a sus enemigos en sus partes traseras y los puso en vergüenza para siempre (Salmo 78:66). Las hemorroides quizá eran aún más graves en aquel tiempo que en la actualidad. Las Escrituras también incluyen este tipo de enfermedad entre las maldiciones por la desobediencia (Deuteronomio 28:27). Era una enfermedad dolorosa y vergonzosa, apropiada para un orgullo pecaminoso. Por medio de ella, Dios los humilló y los avergonzó, tal como ellos habían tratado con desprecio su arca. La enfermedad se extendió por Asdod y por los territorios cercanos. De la misma manera, cuando las personas toman a la ligera las ordenanzas de Dios, muchos se debilitan y enferman, y muchos mueren (1 Corintios 11:30).
Los hombres de Asdod pronto comprendieron que esa era la mano del Dios de Israel (1 Samuel 5:7). Así se vieron obligados a reconocer su poder y su autoridad, y a admitir que estaban bajo su dominio. Sin embargo, todavía no quisieron abandonar a Dagón ni someterse al SEÑOR. Al contrario, cuando sintieron el dolor en sus propios cuerpos, estuvieron dispuestos a hablar contra Dios. En vez de hacer las paces con él y recibir su arca bajo mejores condiciones, quisieron deshacerse de ella, como los gadarenos que le pidieron a Cristo que se fuera después de perder sus cerdos. Cuando un corazón dominado por el mundo sufre bajo los juicios de Dios, prefiere alejarlo en vez de hacer las paces con él y tenerlo como amigo. Por eso, los hombres de Asdod decidieron: «El arca del Dios de Israel no se quedará con nosotros».
Entonces decidieron cambiar el lugar donde tenían cautiva el arca. Convocaron una gran reunión y les preguntaron a todos los gobernantes: «¿Qué haremos con el arca?». Finalmente, acordaron enviarla a Gat (1 Samuel 5:8). Al parecer, pensaban que el problema era el lugar y que sería más fácil convivir con el arca en otra ciudad, más lejos del templo de Dagón. Así que, en vez de devolverla a donde pertenecía, simplemente la trasladaron a otra ciudad. Gat era una ciudad conocida por sus gigantes, pero ni la fuerza ni el tamaño podían protegerlos de la peste o de las hemorroides. Los hombres de allí fueron afectados, tanto grandes como pequeños (1 Samuel 5:9), tanto los hombres de baja estatura como los gigantes. Nadie era demasiado grande para escapar del juicio de Dios, ni demasiado pequeño para quedar fuera de su alcance.
Finalmente, todos se cansaron del arca y estuvieron ansiosos por deshacerse de ella. La enviaron de Gat a Ecrón, y como llegó por orden de los gobernantes, sus habitantes no pudieron rechazarla. Aun así, se enojaron con sus líderes por enviarles un regalo tan mortal (1 Samuel 5:10): «¡Nos han traído el arca para matarnos a nosotros y a nuestro pueblo!». El arca contenía las tablas de la ley de Dios, y los israelitas fieles recibían la palabra de Dios como algo dulce y vivificante. Pero para los filisteos incircuncisos, que persistían en su oposición a Dios, era algo aterrador e indeseable: un olor de muerte que conducía a la muerte. Por eso, el pueblo convocó rápidamente otra asamblea para decidir cómo devolver el arca al lugar donde pertenecía (1 Samuel 5:11).
Mientras hablaban sobre qué hacer, Dios ya estaba ejecutando su juicio, y sus intentos de escapar de él solo hicieron que se extendiera aún más. Muchos murieron entre ellos. Muchos más sufrieron terriblemente a causa de las hemorroides (1 Samuel 5:12). ¿Qué podían hacer? Su alegría por apoderarse del arca pronto se convirtió en tristeza, y ahora estaban tan ansiosos por deshacerse de ella como antes lo habían estado por capturarla. Dios puede convertir fácilmente a Jerusalén en una piedra pesada para todos los que intentan levantarla (Zacarías 12:3). Los que luchan contra él pronto tendrán más que suficiente, y tarde o temprano aprenderán que nadie puede endurecer su corazón contra Dios y prosperar. La riqueza obtenida mediante el engaño y la injusticia, especialmente cuando se obtiene robándole a Dios, puede tragarse con avidez y conservarse por un tiempo como un bocado dulce, pero finalmente tendrá que ser devuelta. Mientras tanto, el pecador no tendrá paz en su interior (Job 20:15-20).
De este capítulo
1 Samuel 5:1
"Una vez capturada el arca de Dios, los filisteos lo llevaron de Eben-ézer a Asdod;"
1 Samuel 5:2
"luego lo tomaron, lo metieron en el templo del dios Dagón y lo colocaron junto al dios."
1 Samuel 5:3
"A la mañana siguiente, cuando llegaron los de Asdod, encontraron a Dagón tirado en el suelo ante el arca del Señor. Entonces levantaron a Dagón y volvieron a ponerlo en su sitio."
1 Samuel 5:4
"Pero a la mañana siguiente llegaron de nuevo los de Asdod y otra vez encontraron a Dagón tirado en el suelo ante el arca del Señor. Su cabeza y sus dos manos se habían quebrado y estaban sobre el umbral. Lo único que le quedaba entero era el tronco."
1 Samuel 5:5
"Por eso, hasta ahora, cuando los sacerdotes de Dagón entran en el templo de Asdod, no pisan el umbral."
1 Samuel 5:7
"Cuando los habitantes de Asdod vieron lo que pasaba, dijeron: «El arca del Dios de Israel no debe quedarse entre nosotros, porque ese dios nos está castigando con mucha dureza, tanto a nosotros como a Dagón, nuestro dios»."
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