Versículo destacado
1 Samuel 30:21 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Cuando David llegó adonde estaban los doscientos hombres que, por estar demasiado cansados, no lo habían acompañado, sino que se habían quedado en el arroyo de Besor, ellos salieron a recibirlo a él y a sus acompañantes. David se acercó a ellos y los saludó. "
1 Samuel 30:21
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
19 No les faltó ni la cosa más pequeña de todo lo que les habían quitado, ni tampoco faltó un solo niño ni adulto, pues David lo recuperó todo.
20 David también se apoderó de todas sus ovejas y vacas, y los que arreaban el ganado decían que aquello era lo que David había ganado.
21 Cuando David llegó adonde estaban los doscientos hombres que, por estar demasiado cansados, no lo habían acompañado, sino que se habían quedado en el arroyo de Besor, ellos salieron a recibirlo a él y a sus acompañantes. David se acercó a ellos y los saludó.
22 Pero algunos de sus hombres, que eran gente malvada y perversa, protestaron y dijeron que a quienes no habían ido con ellos no se les debía dar nada de lo que ellos habían obtenido, excepto sus mujeres e hijos, y que debían irse después de recuperarlos.
23 Sin embargo, David dijo: —No hagan eso, amigos míos, después de todo lo que el Señor nos ha dado, de habernos conservado la vida y de haber puesto en nuestras manos a esa banda de ladrones que nos había atacado.
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Aquí encontramos el relato de cómo David repartió el botín que les habían quitado a los amalecitas. Los amalecitas habían saqueado antes a Judá y a los filisteos, y habían desperdiciado aquellas riquezas en placeres, comiendo, bebiendo y celebrando. David usó el botín de una manera muy diferente, como un hombre que sabía que la justicia y la bondad deben guiar la forma en que usamos lo que tenemos en este mundo. Lo que Dios nos da debe usarse para el bien, no para alimentar nuestros propios deseos.
David fue justo y bondadoso con los hombres que se habían quedado cuidando las provisiones. Ellos salieron a encontrarse con los vencedores y a compartir su alegría, aunque no habían podido participar en la batalla (1 Samuel 30:21). Debemos alegrarnos cuando se realiza una buena obra, aunque Dios nos haya impedido participar en ella. David los recibió con afecto. No los reprendió por estar débiles, sino que se preocupó por preguntarles cómo estaban y si se encontraban bien, pues los había dejado agotados y cansados.
Algunos de los hombres de David se opusieron a que ellos recibieran parte del botín. Probablemente eran los mismos que antes habían querido apedrear a David, y ahora intentaban defraudar a sus propios hermanos. La Escritura los llama hombres perversos y hombres de Belial, es decir, hombres sin ley e inútiles (1 Samuel 30:22). Incluso entre personas buenas puede haber hombres malos que no cambian por completo. Estos hombres querían que los doscientos que se habían quedado recibieran solamente a sus esposas y a sus hijos, pero nada de los bienes.
Esa propuesta era perversa y codiciosa. Era codiciosa porque habría dejado que los combatientes recibieran más para sí mismos. Poco antes habían estado dispuestos a arriesgarlo todo para recuperar lo que habían perdido; pero ahora que todo había sido restaurado, todavía querían más, incluso la parte de sus propios hermanos. Con frecuencia, las personas olvidan lo necesitadas que estuvieron alguna vez. La propuesta también era cruel, porque darles a sus esposas y a sus hijos sin ningún sustento sería como darles bocas sin comida. Una familia no puede mantenerse si no hay nada con qué proveer para ella.
David no lo permitió. Ordenó que los hombres que se habían quedado compartieran por igual con los que habían ido a la batalla, tanto de la victoria como del botín (1 Samuel 30:23-24). Primero lo hizo por gratitud a Dios. El botín era un regalo de Dios, y ellos solo eran administradores de lo que él les había confiado. Puesto que Dios había entregado a sus enemigos en sus manos, ellos no debían tratar injustamente a sus hermanos. La bondad que Dios nos muestra debe llevarnos a ser bondadosos unos con otros.
También lo hizo por justicia hacia los que se habían quedado atrás. No se habían quedado por pereza ni por deslealtad, sino porque estaban demasiado débiles para continuar. Eso no era culpa de ellos. Además, habían participado en muchas batallas anteriores, de modo que su servicio pasado debía tomarse en cuenta ahora que había algo que recibir. Aun en esa ocasión seguían sirviendo, pues vigilaban las provisiones. No todo servicio recibe el mismo reconocimiento, pero quienes ayudan de cualquier manera a la causa común deben participar del beneficio común.
David resolvió el asunto con suavidad, pero con firmeza. Llamó hermanos a los demás y los corrigió apelando a la razón, no al enojo. También convirtió esto en una norma para Israel en el futuro, una ley para repartir el botín: los que se quedaran cuidando las provisiones compartirían con los que fueran a la batalla (1 Samuel 30:25). En una ocasión, Abraham devolvió el botín de Sodoma a sus legítimos dueños y renunció a reclamarlo conforme a las leyes de la guerra. De igual manera, si ayudamos a otros a recuperar lo que les pertenece, no debemos reclamarlo después como nuestro. Dios también había ordenado que el botín de Madián se repartiera entre los soldados y toda la comunidad (Números 31:27). La situación aquí era diferente, pero se aplicaba la misma regla general: somos miembros unos de otros.
David también fue generoso con todos sus amigos. Después de que cada uno recibió la parte que le correspondía, todavía quedaba un gran excedente. Como comandante, David podía disponer de él, y probablemente comprendió que los bienes de los amalecitas —entre ellos, seguramente, plata, oro y joyas— podían hacer orgullosos o cómodos a sus propios hombres. Por eso decidió enviar regalos a sus amigos, especialmente a los ancianos de Judá (1 Samuel 30:26). Se mencionan varios lugares adonde envió esos regalos, todos dentro de Judá o cerca de esa región. El primero es Betel, que significa «casa de Dios». Parecía apropiado que el lugar de Dios fuera atendido primero, ya fuera que se tratara de la ciudad misma o del lugar donde se guardaba el arca. David envió allí lo primero y lo mejor, para quienes estaban a su cuidado, por amor a aquel que es primero y mejor.
Hebrón aparece mencionado al final, probablemente porque David envió allí la mayor parte. Es posible que ya tuviera esa ciudad en mente como el mejor lugar para establecer su futura base de operaciones (1 Samuel 30:31; 2 Samuel 2:1).
Al enviar estos regalos, David mostró varias cualidades. Primero, vemos su generosidad. No intentaba enriquecerse, sino servir a su pueblo; y más adelante Dios lo enriqueció y lo puso sobre el pueblo al que había ayudado. Es propio de un corazón agradecido y lleno de gracia ser generoso. Hay quien reparte y, sin embargo, recibe más.
Segundo, vemos su gratitud. Envió regalos a todos los lugares donde él y sus hombres acostumbraban quedarse (1 Samuel 30:31), es decir, a todas las personas que les habían mostrado bondad, les habían dado refugio o les habían enviado noticias o provisiones. La honestidad, así como el honor, nos llama a corresponder a la bondad cuando podemos, o al menos a reconocerla sinceramente en la medida de nuestros recursos.
Tercero, vemos su devoción a Dios. David llama a su regalo una bendición, porque ningún regalo que demos a nuestros amigos podrá ayudarles verdaderamente si Dios no lo bendice. Esto también sugiere que sus oraciones por ellos acompañaban el regalo. Lo envió del botín tomado de los enemigos del Señor, como él los llama, y no simplemente de sus propios enemigos, para que ellos compartieran, por amor al Señor, la alegría de la victoria y se unieran a él en acción de gracias.
Cuarto, vemos su sabiduría. Envió estos regalos a sus compatriotas para prepararlos a apoyarlo cuando llegara al trono, algo que ahora creía cercano. Un regalo abre camino para quien lo da. David demostró que estaba capacitado para ser rey al dar con la generosidad y la amplitud de corazón propias de un rey. La generosidad gana más respeto que el esplendor exterior. Los habitantes de Zif y los hombres de Keila no recibieron ninguno de estos regalos. Con ello, David mostró que, aunque era demasiado piadoso para vengarse de los insultos, no era tan ingenuo como para ignorarlos.
De este capítulo
1 Samuel 30:1
"Al tercer día, David y sus hombres llegaron a Siclag y se encontraron con que los amalecitas habían invadido el Négueb y atacado a Siclag, destruyéndola e incendiándola."
1 Samuel 30:2
"También se habían llevado prisioneras a las mujeres y a todos los niños y adultos que estaban allí, aunque no habían matado a nadie."
1 Samuel 30:3
"Cuando David y sus hombres llegaron a la ciudad y vieron que estaba quemada y que se habían llevado prisioneros a sus mujeres, hijos e hijas,"
1 Samuel 30:4
"se pusieron a llorar a voz en cuello hasta quedarse sin fuerzas."
1 Samuel 30:5
"También habían hecho prisioneras a las dos mujeres de David: a Ahinóam, la de Jezreel, y a Abigail, la viuda de Nabal, el de Carmel."
1 Samuel 30:6
"David estaba muy preocupado porque la tropa quería apedrearlo, pues todos estaban muy disgustados por lo que les había sucedido a sus hijos. Sin embargo, puso su confianza en el Señor su Dios,"
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