Versículo destacado
1 Samuel 28:20 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
De pronto, Saúl cayó al suelo cuan largo era. Estaba tan asustado por las palabras de Samuel que se desmayó. Para colmo, no había comido nada en todo el día ni en toda la noche.
1 Samuel 28:20
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
20 De pronto, Saúl cayó al suelo cuan largo era. Estaba tan asustado por las palabras de Samuel que se desmayó. Para colmo, no había comido nada en todo el día ni en toda la noche.
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Aquí vemos cómo Saúl recibió este terrible mensaje del espíritu al que había consultado. Él había pedido que le dijeran qué debía hacer (1 Samuel 28:15), pero en vez de eso solo le dijeron lo que no había hecho y lo que le sucedería. Todo el que busque dirección o consuelo en cualquier lugar que no sea Dios, y fuera del camino que Dios ha establecido, terminará tan decepcionado como Saúl.
Observemos primero cómo se quebrantó bajo el peso de aquel mensaje. No estaba en condiciones de soportar una noticia así, pues no había comido nada durante todo el día ni durante la noche. Había llegado del campamento en ayunas y continuó así, no porque no hubiera comida, sino porque había perdido el apetito. El miedo a los filisteos (1 Samuel 28:5) le había quitado el hambre; o quizá la lucha interior de su conciencia, después de siquiera considerar consultar a la adivina, le impedía probar alimento, por bueno que fuera. Así que este nuevo terror cayó sobre él como un hombre completamente armado, y se desplomó de bruces en tierra, como si los arqueros filisteos ya lo hubieran herido. No le quedaban fuerzas para enfrentar aquellas palabras tan duras. Ya había tenido suficiente de las adivinas y descubrió que eran miserables consoladoras. Cuando Dios dirige palabras de terror a los pecadores en su Palabra, también abre una puerta de esperanza si se arrepienten. Pero quienes acuden a las puertas del infierno en busca de ayuda deben esperar oscuridad, sin ninguna luz.
Después vemos lo difícil que fue convencerlo de comer siquiera la pequeña cantidad de alimento que necesitaba para regresar al campamento. Parece que la adivina dejó a Saúl a solas con el espíritu para que pudiera hablar con él en privado. Pero cuando lo oyó caer y gemir, y vio cuánto sufría, se acercó a él (1 Samuel 28:21). Le insistió con firmeza que comiera algo para que pudiera salir sano y salvo de su casa. Temía que, si enfermaba y especialmente si moría allí, la castigaran como si lo hubiera traicionado, aunque había escapado del castigo por practicar la adivinación. Probablemente eso le importaba más que mostrar bondad. ¡A qué situación tan miserable había llegado Saúl, al punto de necesitar ayuda de una persona como aquella!
Ella insistió con mucha seriedad en que comiera. Le recordó (1 Samuel 28:21) que había obedecido sus órdenes arriesgando su propia vida, y le preguntó por qué él no habría de escucharla para salvar la suya (1 Samuel 28:22). Tenía listo un becerro cebado, probablemente uno que se usaba para trillar el grano y que, por lo tanto, era más difícil de sacrificar. Lo preparó para él (1 Samuel 28:24). Josefo elogió la bondad y generosidad poco comunes de esta mujer, y la presentó como un ejemplo de compasión hacia los afligidos y de disposición a compartir incluso sin esperar recompensa.
Sin embargo, Saúl no quería comer. Se negó y dijo: «No comeré» (1 Samuel 28:23), como si escogiera morir en privado de hambre en vez de morir públicamente a espada. Si solo le hubieran faltado fuerzas, la comida podría haberlo ayudado. Pero su angustia iba mucho más allá. ¿De qué sirven los alimentos exquisitos a una conciencia atormentada? Así como el vinagre sobre el bicarbonato, también resulta completamente fuera de lugar y desagradable que alguien cante canciones a un corazón afligido.
Finalmente, la mujer, con la ayuda de los siervos de Saúl, logró convencerlo, contra su voluntad y su determinación, de que comiera algo. No lo obligaron por la fuerza, sino que le dieron un consejo afectuoso; en ese sentido, lo «obligaron» (1 Samuel 28:23). Ese es el tipo de insistencia razonable y bondadosa al que se refieren las palabras: «Oblígalos a entrar» (Lucas 14:23). Las palabras correctas tienen gran fuerza cuando impulsan a una persona hacia lo que verdaderamente le conviene (Job 6:25).
La comida le devolvió algo de fuerza a Saúl, y luego él y sus siervos se levantaron y se fueron antes del amanecer (1 Samuel 28:25). Lo hicieron tanto para regresar rápidamente a su deber como para que nadie los viera salir de una casa tan vergonzosa. Josefo admiró mucho el valor y la fortaleza de Saúl en esta ocasión, pues, aunque le habían dicho que perdería la vida y el honor, no abandonó a su ejército, sino que regresó firmemente al campamento y se preparó para la batalla. A mí me impresiona más la dureza de su corazón, porque no volvió a Dios con arrepentimiento y oración, esperando al menos que el juicio se retrasara. En vez de eso, se precipitó de cabeza hacia su propia ruina.
Quizá para entonces, cuando la ira y la envidia habían tomado por completo el control, Saúl se había resignado un poco a su destino, porque le habían dicho que sus hijos, incluido Jonatán, morirían con él. Jonatán era el hijo al que Saúl había llegado a despreciar por el amor que sentía por David. Si él mismo tenía que caer, no le importaba qué destrucción viniera sobre su familia y su reino, siempre que todo terminara peor para el hombre que lo sucedería. Era como si dijera: «No me importa si, cuando yo muera, el mundo queda envuelto en llamas». No oró como David: «Que tu mano caiga sobre mí, pero no sobre tu pueblo».
De este capítulo
1 Samuel 28:1
"Por aquellos días, los filisteos reunieron sus ejércitos para luchar contra Israel, y Aquís le dijo a David: —Como tú bien sabes, tú y tus hombres tienen que salir conmigo a la campaña."
1 Samuel 28:2
"David le respondió: —Muy bien. Ahora Su Majestad sabrá lo que este siervo suyo es capaz de hacer. —En ese caso —le contestó Aquís a David—, te nombraré jefe permanente de mi guardia personal."
1 Samuel 28:3
"Para entonces, Samuel ya había muerto, y todos en Israel habían llorado su muerte, después de lo cual lo habían enterrado en Ramá, su ciudad natal. Saúl, por su parte, había expulsado del país a los adivinos y a quienes invocaban a los muertos."
1 Samuel 28:4
"Los filisteos se reunieron y fueron a establecer su campamento en Sunem, mientras que Saúl reunió a todo Israel y tomó posiciones en Guilboa."
1 Samuel 28:5
"Pero cuando vio el campamento filisteo, tuvo miedo y quedó dominado por el terror."
1 Samuel 28:6
"Entonces consultó al Señor, pero el Señor no le respondió ni por sueños, ni por el Urim, ni por los profetas."
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