Versículo destacado
1 Samuel 21:10 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Aquel mismo día, David siguió huyendo de Saúl y fue a presentarse ante Aquís, el rey de Gat. "
1 Samuel 21:10
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
8 David le dijo a Ahimélec: «¿Tienes a mano una lanza o una espada? La orden del rey era tan urgente que no tuve tiempo de tomar mi espada ni mis otras armas».
9 El sacerdote le respondió: «Sí. Tengo la espada de Goliat, el filisteo a quien tú venciste en el valle de Elá. Está ahí, detrás del efod, envuelta en una capa. Puedes llevártela si quieres; no tengo más armas». David contestó: «Ninguna otra sería mejor. Dámela».
10 Aquel mismo día, David siguió huyendo de Saúl y fue a presentarse ante Aquís, el rey de Gat.
11 Los oficiales de Aquís le dijeron: «¡Pero si este es David, servidor de Saúl, el rey de esta tierra! ¡Él es aquel de quien cantaban en las danzas: “Mil hombres mató Saúl, y diez mil mató David”! »
12 David tomó muy en cuenta estos comentarios y tuvo miedo de Aquís, rey de Gat.
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Aunque David había sido escogido para ser rey, aquí lo vemos viviendo como un exiliado. Estaba destinado a gobernar sobre grandes riquezas, pero en ese momento tenía que pedir pan. Había sido ungido para la corona y, sin embargo, ahora se veía obligado a huir de su propio país. A veces, la manera en que Dios obra parece contradecir sus promesas. Él permite estas circunstancias para probar la fe de su pueblo y glorificar su nombre mientras cumple sus propósitos a pesar de todos los obstáculos.
Aquí vemos a David huyendo a la tierra de los filisteos, donde esperaba esconderse y pasar desapercibido en la corte o el campamento de Aquis, rey de Gat (1 Samuel 21:10). El favorito de Israel se ve obligado a abandonar la tierra de Israel, y el gran enemigo de los filisteos busca refugio entre ellos. Al parecer, aunque los israelitas lo amaban, el rey de Israel le tenía un odio personal que lo expulsó de su propio país. Sin embargo, aunque los filisteos lo odiaban, el rey de Gat parece haberle tenido cierta consideración personal, quizá porque valoraba la capacidad de David, y quizá aún más porque David había matado a Goliat de Gat, quien tal vez no había sido amigo de Aquis.
David fue directamente a Aquis, como si fuera alguien en quien podía confiar, y más adelante volvió a hacerlo (1 Samuel 27:2-3). Aquis no lo habría protegido si no hubiera temido ofender a su propio pueblo. Muchas veces, el pueblo perseguido de Dios ha recibido mejor trato de parte de los filisteos que de los israelitas, y de parte de las cortes de los gentiles que de las sinagogas judías. El rey de Judá encarceló a Jeremías, pero el rey de Babilonia lo dejó en libertad.
Entonces los siervos de Aquis se opusieron a que David estuviera allí y le presentaron su queja al rey (1 Samuel 21:11). “¿No es este David? ¿No es el que derrotó a los filisteos? ¿Acaso no cantaban acerca de él: ‘Saúl hirió a sus miles, y David a sus diez miles’? ¿Y no es este el hombre que, si nuestros informes de Israel son ciertos, es o llegará a ser rey del país?”. Si eso era verdad, argumentaban, David tenía que ser enemigo de su nación, y no sería seguro ni honorable protegerlo. Aquis quizá había sugerido que era conveniente recibir a David, ya que ahora era enemigo de Saúl y más adelante podría convertirse en su aliado. Los proscritos suelen encontrar refugio entre los enemigos de su propia nación. Pero los siervos de Aquis se opusieron a esa política y consideraron imprudente que David permaneciera entre ellos.
Esto alarmó a David. Aunque tenía alguna razón para confiar en Aquis, cuando vio que sus siervos comenzaban a sospechar, temió que Aquis se viera obligado a entregarlo, y tuvo mucho miedo (1 Samuel 21:12). Es posible que se sintiera aún más expuesto porque llevaba la espada de Goliat, que probablemente era muy conocida en Gat. Con esa espada, quizá esperaban cortarle la cabeza, tal como él se la había cortado a Goliat. Ahora David aprendió por experiencia lo que nos ha enseñado: es mejor confiar en el Señor que poner la confianza en los príncipes (Salmos 118:9). Las personas de alta posición pueden fallarnos y, si hacemos de ellas nuestra esperanza, pueden convertirse en la causa de nuestro temor.
Fue en ese momento cuando David escribió el Salmo 55, un “Mictam”, o salmo de oro, después de que los filisteos lo capturaron en Gat. Allí presentó su angustia delante de Dios y luego dijo: “Cuando tenga miedo, confiaré en ti” (Salmos 55:3). Así también pudo decir: “No temeré lo que el hombre pueda hacerme, ni siquiera los hijos de los gigantes” (Salmos 55:11).
Para escapar de ellos, David fingió estar loco (1 Samuel 21:13). Actuó como un necio o como alguien que había perdido la razón, pensando que fácilmente creerían que la vergüenza y las dificultades que estaba sufriendo lo habían llevado a la locura. Este engaño no puede aprobarse por completo. Fue algo indigno rebajarse de esa manera, y no correspondía a la veracidad ni a la dignidad que debían caracterizar a un hombre como David. Aun así, puede excusarse en parte, porque no fue una mentira directa, sino algo parecido a una estrategia de guerra usada para confundir al enemigo y salvar la propia vida.
Lo que David hizo bajo un disfraz y para protegerse, y que por eso puede considerarse en cierta medida excusable, los borrachos lo hacen en realidad, solo para satisfacer un deseo vergonzoso. Se convierten en el hazmerreír de los demás y cambian su manera de comportarse. Sus palabras y acciones suelen ser tan necias como las de un insensato, o tan descontroladas y violentas como las de un loco. Es extraño que personas sensatas y honorables lleguen a permitirse algo así.
Por este medio, David escapó (1 Samuel 21:14-15). Me inclino a pensar que Aquis sabía que la locura era fingida, pero como quería proteger a David, tal como después lo hizo claramente aun cuando los líderes filisteos no lo favorecían (1 Samuel 28:1-2; 1 Samuel 29:6), les dijo a sus siervos que realmente creía que David estaba loco. Eso le daba una razón para poner en duda que aquel hombre fuera verdaderamente David. Y si lo era, no tenían que temerle, pues ya no representaba una amenaza ahora que había perdido la razón.
Los siervos sospechaban que Aquis quería conservar a David, pero Aquis respondió: “Yo no. Es un loco. No quiero tener nada que ver con él. No tienen que preocuparse de que vaya a usarlo o favorecerlo”. Su respuesta encajaba bien con la situación: “¿Acaso necesito locos? ¿Tiene que venir este necio a mi casa?”. No le mostraría bondad, pero tampoco quería que los siervos le hicieran daño, porque a un loco se le debe tener compasión. Así que expulsó a David, tal como lo indica el título del Salmo 34, escrito por David en esa ocasión. Es un salmo excelente y muestra que David no cambió interiormente cuando cambió su comportamiento. Aun en medio del gran peligro y la confusión, su corazón permaneció firme y confió en el Señor. Termina ese salmo con esta certeza: ninguno de los que confían en Dios quedará abandonado, aunque, como David en ese momento, puedan sentirse solos y angustiados, perseguidos pero no desamparados.
De este capítulo
1 Samuel 21:1
"David se dirigió a Nob para ver al sacerdote Ahimélec, quien, sorprendido, salió a su encuentro y le dijo: «¿Cómo es que vienes solo, sin que nadie te acompañe?»"
1 Samuel 21:2
"David le contestó: «El rey me ha ordenado atender un asunto y me ha dicho que nadie debe saber para qué me ha enviado ni cuáles son las órdenes que traigo. En cuanto a los hombres bajo mis órdenes, los he citado en cierto lugar»."
1 Samuel 21:3
"A propósito, ¿qué provisiones tienes a mano? Dame cinco panes o lo que encuentres."
1 Samuel 21:4
"El sacerdote le contestó: «El pan que tengo a mano no es pan común y corriente, sino que está consagrado. Pero te lo daré si tus hombres se han mantenido alejados de las mujeres»."
1 Samuel 21:5
"David le respondió con firmeza: «Como siempre que salimos a campaña, hemos estado alejados de las mujeres. Aunque este es un viaje ordinario, mis hombres ya estaban limpios cuando salimos, así que con más razón han de estarlo ahora»."
1 Samuel 21:6
"Entonces el sacerdote le entregó el pan consagrado, pues allí no había más que los panes que se consagran al Señor y que ese mismo día habían sido retirados del altar para poner pan caliente en su lugar."
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