Versículo destacado
1 Samuel 14:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Cierto día, Jonatán, hijo de Saúl, le dijo a su ayudante: —Ven, crucemos el río y ataquemos al destacamento filisteo que está al otro lado. Pero Jonatán no le dijo nada de esto a su padre, "
1 Samuel 14:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Cierto día, Jonatán, hijo de Saúl, le dijo a su ayudante: —Ven, crucemos el río y ataquemos al destacamento filisteo que está al otro lado. Pero Jonatán no le dijo nada de esto a su padre,
2 quien había acampado en el extremo de una colina y estaba debajo de un granado, en un lugar donde trillaban trigo, acompañado por una tropa de seiscientos hombres.
3 El encargado de llevar el efod era Ahías, hijo de Ahitub y sobrino de Icabod, hijo de Finees y nieto de Elí, el sacerdote del Señor en Siló. La gente no sabía que Jonatán se había ido.
Explora estudios bíblicos guiados
Sesiones estructuradas con notas, preguntas y perspectivas del asesor
Las bienaventuranzas (microestudio de 5 días)
Un estudio breve sobre las bendiciones de Jesús y el camino del Reino.
Vista previa de la sesión 1:
Dichosos los humildes
6 min
Salmos de consuelo (microestudio de 5 días)
Sesiones breves y tranquilizadoras basadas en los Salmos.
Vista previa de la sesión 1:
El cuidado del Pastor
5 min
Crea una cuenta gratis para guardar notas, dar seguimiento a tu progreso y desbloquear todas las sesiones
Crear cuenta gratisComentario de Bible Guided
Primero debemos notar la bondad de Dios al contener a los filisteos. Ellos tenían un ejército numeroso de soldados valientes en el campo, y fácilmente podrían haber aplastado a aquel pequeño grupo temeroso que estaba con Saúl. Un poder invisible pone límites al odio de los enemigos de la iglesia y les impide hacer todo lo que desean.
También debemos notar la debilidad de Saúl. Aquí parece confundido e incapaz de ayudarse a sí mismo. Acampó debajo de un árbol y solo tenía seiscientos hombres con él, aunque en otro tiempo había escogido a tres mil y había confiado mucho en ellos (1 Samuel 13:2; 1 Samuel 14:2). Aquellos en quienes más se apoyaba le fallaron cuando más los necesitaba.
No se atrevió a permanecer en Guibeá, sino que se trasladó a un lugar escondido cerca de un granado, debajo de Rimón, un sitio relacionado con las cuevas cercanas a Guibeá. Algunos piensan que se escondió allí porque estaba muy abatido después de haber caído bajo el desagrado de Dios y porque esperaba constantemente que los filisteos atacaran, tal como Samuel había advertido (1 Samuel 13:14). Nadie puede sentirse verdaderamente seguro si se considera fuera de la protección de Dios.
Saúl mandó traer a un sacerdote y el arca: hizo venir al sacerdote desde Silo y el arca desde Quiriat-jearim (1 Samuel 14:3, 1 Samuel 14:18). En otra ocasión había pecado al ofrecer él mismo el sacrificio (1 Samuel 13:9). Ahora parece pensar que puede evitar ese pecado y arreglar las cosas con Dios mediante un cambio externo, mientras su corazón permanece sin cambiar.
Samuel, el profeta del Señor, se había apartado de él, pero Saúl parece creer que puede compensar esa pérdida trayendo a Ahías, el sacerdote del Señor. No quería un sacerdote que lo corrigiera como Samuel. Quería uno que hiciera lo que él mandaba y le hablara con suavidad (1 Samuel 14:18, 1 Samuel 14:19). A muchas personas les gustan los ministros que les dicen lo que quieren oír, y esperan que tratar bien a esos ministros cancele su enojo contra los que son fieles.
También hizo traer el arca, quizá para ofender a Samuel, quien, hasta donde sabemos, no la había usado públicamente durante su gobierno. O tal vez esperaba que el arca compensara la debilidad de su ejército. Uno pensaría que nunca volverían a llevar el arca al campamento, pues la última vez no los salvó e incluso fue capturada por los filisteos. Sin embargo, quienes han perdido el corazón de la religión a menudo se aferran más a sus señales externas; así, un príncipe abandonado busca el favor de un sacerdote abandonado.
También debemos notar el valor y la devoción de Jonatán, hijo de Saúl, quien estaba mucho mejor preparado que su padre para llevar la corona. El obispo Hall lo llamó «un brote tierno de un tronco silvestre». Jonatán decidió entrar en secreto al campamento de los filisteos. No se lo dijo a su padre porque sabía que Saúl se lo prohibiría. Tampoco se lo dijo al pueblo, porque sabía que todos tratarían de desanimarlo. Como no estaba dispuesto a escuchar sus objeciones, decidió no oírlas ni pedirles consejo (1 Samuel 14:1, 1 Samuel 14:3).
Ni siquiera pensó en consultar al sacerdote, sino que sintió un claro impulso divino que lo guiaba. Así, se puso en peligro con la esperanza de servir a su pueblo. El camino hacia el campamento enemigo se describe como especialmente difícil y protegido de manera natural, pero eso no lo hizo vacilar (1 Samuel 14:4, 1 Samuel 14:5). Las rocas escarpadas solo aumentaron su determinación. Las almas fuertes y nobles se animan ante los obstáculos y encuentran alegría en abrirse paso a través de ellos.
Jonatán también animó a su escudero, el joven que lo acompañaba, a unirse a él en este plan arriesgado (1 Samuel 14:6). «Ven —le dijo—, arriesguemos la vida y crucemos hasta el puesto de los filisteos para ver qué podemos hacer y sembrar confusión entre ellos». Su valor se apoyaba en tres cosas.
Primero, dijo que ellos eran incircuncisos. Eso significaba que no llevaban en su cuerpo la señal del pacto de Dios, como la llevaba Israel. En otras palabras, estaban fuera de la protección especial del pacto que Dios había dado a su pueblo. Si nuestros enemigos también son ajenos a Dios, no tenemos que temerles.
Segundo, creía que Dios podía hacer que dos hombres vencieran a innumerables enemigos. El Señor, el Santo de Israel, no tiene límites. Para él es lo mismo salvar por medio de muchos o por medio de pocos. Es fácil decirlo en general, pero es más difícil creerlo en una crisis concreta. Cuando somos pocos y débiles, confiar en que Dios puede salvarnos e incluso salvar por medio de nosotros es verdadera fe. Esa clase de fe merece reconocimiento; puede fortalecer al débil, tranquilizar al temeroso y sostener nuestras oraciones (2 Crónicas 14:11).
Tercero, Jonatán esperaba que Dios actuara a favor de ellos. Parece haber dicho: «Tal vez el Señor actúe por nosotros; quizá haga una señal o un milagro a nuestro favor». Podemos cobrar ánimo con una esperanza así, aun cuando no tengamos plena certeza. La fe viva avanzará mucho en la causa de Dios apoyada simplemente en un «quizá el Señor nos ayude».
El escudero de Jonatán, quien parece haber aprendido a llevar no solo sus armas, sino también su corazón, prometió estar con él y seguirlo adondequiera que fuera (1 Samuel 14:7). Tenemos buenas razones para pensar que Jonatán sintió una verdadera dirección divina en este plan audaz. El acuerdo de su siervo lo animó, porque de otro modo el peligro habría sido tan grande que Jonatán habría estado tentando a Dios en vez de confiar en él. Tal vez Jonatán también tenía presentes las palabras de Josué: «Uno de ustedes perseguirá a mil», palabras que este había tomado de Moisés (Josué 23:10; Deuteronomio 32:30).
Por audaz que fuera la determinación de Jonatán, todavía tenía la intención de seguir la guía de Dios al llevarla a cabo. Creía que la providencia lo guiaría con su mirada (Salmo 32:8), así que observaría con cuidado para recibir dirección y actuaría conforme a ella. Se puso en las manos de Dios y quiso dejarse conducir por él.
Jonatán le dijo a su escudero: «Ven, vamos a mostrarnos ante el enemigo. Nos presentaremos abiertamente, como hombres que no tienen miedo» (1 Samuel 14:8). Entonces estableció una prueba sencilla. Si los filisteos les decían que se quedaran donde estaban, lo tomaría como una señal de que Dios quería que actuaran solo a la defensiva. Pero si el primer guardia les decía que subieran, Jonatán avanzaría confiando en que Dios quería que atacaran y que los apoyaría (1 Samuel 14:9-10).
Jonatán actuaba basado en dos convicciones firmes que nosotros también debemos tener. Primero, Dios gobierna el corazón y las palabras de todas las personas, incluso de quienes no lo conocen ni se interesan por él. Puede usarlas para cumplir sus propios propósitos, aun cuando ellas no tengan la intención de servirle. Jonatán confiaba en que Dios podía darle a conocer su voluntad y en que podía aprenderla con tanta certeza por medio de un filisteo como por medio de un sacerdote. Segundo, Dios guiará los pasos de quienes lo reconocen en todos sus caminos y le piden dirección con una verdadera intención de obedecer.
La providencia le dio a Jonatán la señal que buscaba, y él respondió a ella. Él y su escudero no se acercaron sigilosamente a los filisteos mientras dormían. En cambio, se mostraron a plena luz del día (1 Samuel 14:11). Los guardias filisteos se burlaron de ellos y ridiculizaron a los hebreos, llamándolos a salir de sus escondites, como si fueran cobardes ocultos bajo tierra. Cuando algunos soldados de Cristo actúan con temor, otros que se comportan con valentía todavía pueden ser objeto de burlas.
Los guardias también los desafiaron diciendo: «Suban, y les mostraremos algo» (1 Samuel 14:12). Querían decir: «Suban y miren, si quieren», mientras planeaban matarlos como a una presa fácil, de manera parecida a la amenaza de Goliat (1 Samuel 17:44). Pero ese insulto fortaleció a Jonatán. Ahora habló con confianza: «El Señor los ha entregado en manos de Israel» (1 Samuel 14:12). No buscaba su propio honor, sino el bien de su pueblo. Con su fe fortalecida, ningún obstáculo pudo detenerlo; subió por la pendiente rocosa apoyándose en las manos y los pies, acompañado solo por su escudero y sin ninguna razón humana para esperar otra cosa que la muerte.
El resultado fue extraordinario. Los filisteos no capturaron a Jonatán ni lo mataron. Al contrario, cayeron delante de él desde los primeros golpes que les dio (1 Samuel 14:13). Veinte filisteos cayeron rápidamente, muertos por Jonatán y su escudero (1 Samuel 14:14). No fue solo el nombre de Jonatán lo que los hizo ceder, aunque su victoria anterior sobre uno de sus puestos quizá los había atemorizado (1 Samuel 13:3). Fue el poder del Señor, su mano derecha y su brazo fuerte, lo que le dio la victoria a Jonatán.
El resto de los filisteos entró en pánico y comenzó a atacarse unos a otros. El terror se apoderó del campamento (1 Samuel 14:15). No había una razón visible para tener miedo. Eran numerosos, valientes y estaban bien posicionados, mientras que Israel ya había huido de ellos. Ningún ejército los estaba atacando; solo un hombre y su escudero. Sin embargo, temblaban de miedo como hojas agitadas por el viento. El temor se extendió por todo el campamento, incluso entre los saqueadores que habían sido los más confiados. Sus cuerpos cedieron, sus rodillas chocaban entre sí y no podían entender la razón.
La Escritura lo llama un temblor de Dios, es decir, no solo un miedo muy grande, sino un temor que venía directamente de él. El Dios que creó el corazón también sabe cómo hacerlo temblar. Para aumentar el pánico, la tierra misma tembló, y eso hizo que temieran que pudiera ceder bajo sus pies. Quienes no quieren temer al Dios eterno pueden llegar a asustarse hasta de una sombra (Proverbios 21:1; Isaías 33:14).
De este capítulo
1 Samuel 14:2
"quien había acampado en el extremo de una colina y estaba debajo de un granado, en un lugar donde trillaban trigo, acompañado por una tropa de seiscientos hombres."
1 Samuel 14:3
"El encargado de llevar el efod era Ahías, hijo de Ahitub y sobrino de Icabod, hijo de Finees y nieto de Elí, el sacerdote del Señor en Siló. La gente no sabía que Jonatán se había ido."
1 Samuel 14:4
"Mientras tanto, él intentaba llegar hasta donde estaba el destacamento filisteo. El paso se encontraba entre dos grandes peñascos llamados Bosés y Sene,"
1 Samuel 14:5
"uno al norte, frente a Micmás, y el otro al sur, frente a Guibeá."
1 Samuel 14:6
"Jonatán le dijo a su ayudante: —Ven, pasemos al otro lado, hasta donde está el destacamento de esos paganos. Quizá el Señor haga algo por nosotros, pues para él no es difícil darnos la victoria con mucha gente o con poca."
1 Samuel 14:7
"—Haz todo lo que tengas en mente. Estoy dispuesto a apoyarte en tus propósitos —respondió su ayudante."
Oración diaria
Recibe por correo electrónico una reflexión bíblica diaria
Comienza cada mañana con un versículo, una oración y un siguiente paso sencillo.
Aviso importante: Esta guía bíblica no sustituye la atención profesional de salud mental. Si estás experimentando síntomas de una crisis, comunícate con la Línea 988 de Prevención del Suicidio y Crisis o busca ayuda profesional inmediata.
Bible Guided ofrece orientación basada en la fe y debe complementar, no reemplazar, el apoyo terapéutico profesional.