Versículo destacado

1 Samuel 12:16 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Español

" Así que no se muevan de donde están, y verán la grandiosa señal que el Señor va a realizar ante los ojos de ustedes. "

1 Samuel 12:16

menu_book El versículo en contexto

14 Ahora les corresponde honrar al Señor y rendirle culto, atender su voz y no desobedecer sus mandatos, y vivir, tanto ustedes como el rey que los gobierne, conforme a la voluntad del Señor su Dios. Así les irá bien.

15 Porque si no lo obedecen, sino que rechazan sus mandatos, él los castigará a ustedes y a su rey.

16 Así que no se muevan de donde están, y verán la grandiosa señal que el Señor va a realizar ante los ojos de ustedes.

17 Ahora que es el tiempo de la cosecha de trigo, no llueve, ¿verdad? Pues yo clamaré al Señor, y él mandará truenos y lluvia, para que ustedes reconozcan y comprendan que, tal como lo ve el Señor, han hecho muy mal al pedir un rey.

18 Enseguida Samuel clamó al Señor, y al instante él mandó truenos y lluvia; entonces todo el pueblo tuvo mucho miedo del Señor y de Samuel.

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auto_stories Comentario de Bible Guided

Samuel busca lograr aquí dos cosas. Primero, quiere convencer al pueblo de que había pecado al pedir un rey. Ahora se regocijaban delante de Dios con su rey (1 Samuel 11:15) y ofrecían sacrificios de alabanza, lo cual quizá los había llevado a pensar que su petición no había sido dañina o incluso que había sido correcta. Por eso Samuel les dice claramente que pedir un rey había sido una maldad, y una maldad muy grande ante los ojos del SEÑOR.

Debemos aprender de esto que el éxito en un camino pecaminoso no hace que el pecado sea menos grave. El pueblo tenía un rey y, si vivían correctamente, ese rey todavía podía convertirse en una gran bendición para ellos. Sin embargo, Samuel quería que reconocieran que pedirlo había sido una gran ofensa. Nunca debemos aprobar lo que Dios condena en su ley, aunque por un tiempo parezca que su providencia lo permite.

Luego Samuel muestra el desagrado de Dios mediante una señal impactante. Cuando Samuel lo pidió, Dios envió truenos y lluvia durante la cosecha de trigo, una época en la que una tormenta así era sumamente inusual en aquella tierra (1 Samuel 12:16-18). Los truenos y la lluvia tienen causas naturales y pueden producir efectos graves. Pero Samuel dejó claro que aquello era una acción especial de Dios, destinada a mostrarles cuán malvada había sido su petición.

Fue un milagro no solo porque ocurrió en un momento inusual, durante un día despejado en la época de la cosecha, sino también porque Samuel lo anunció de antemano. Si los truenos y la lluvia simplemente hubieran comenzado mientras él hablaba, podría haber usado el acontecimiento para hacerlos reflexionar. Pero aquí Dios dio la señal por adelantado, de modo que no quedara duda de que correspondía a la advertencia de Samuel.

Samuel comenzó hablando de la señal: «Deténganse y vean esta gran cosa» (1 Samuel 12:16-17). Antes les había dicho que se detuvieran y escucharan (1 Samuel 12:7), pero ahora les dice que se detengan y vean, porque sus razonamientos todavía no habían llegado a su corazón. Si sus palabras apacibles no los movían, entonces oirían hablar a Dios mediante los truenos y verían su poder en la lluvia.

Samuel también oró por la señal. Clamó al SEÑOR y, mientras todavía oraba, el SEÑOR envió los truenos y la lluvia. Esto mostró tanto el poder de Dios sobre la tierra como la estrecha comunión que Samuel tenía con Dios en la oración. Dios podía hacer salir la tormenta de sus depósitos (Salmo 135:7), aun cuando no hubiera señales naturales de que se aproximaba, y podía responder a una persona desde el lugar oculto del trueno (Salmo 81:7). Samuel, conocido como un hombre de oración, seguía demostrando el poder de orar.

Aquellos truenos y aquella lluvia también recordaban un acontecimiento anterior, cuando el SEÑOR había usado una gran tormenta para derrotar a los filisteos en respuesta a la oración de Samuel (1 Samuel 7:10). Ahora, cuando Israel se había rebelado y había entristecido al Espíritu Santo de Dios, Dios se volvió contra ellos y usó una clase de arma semejante contra su propio pueblo (Isaías 63:10). Les mostró lo necio que era confiar en un rey para salvarlos en lugar de confiar en Dios y en las oraciones de su siervo. ¿Podía su rey hacer oír truenos como Dios (Job 40:9)? ¿Podía su príncipe ordenar un poder semejante al que el profeta podía ejercer mediante la oración?

Dios también les enseñó que su calma y prosperidad presentes podían cambiar en un instante. Su situación parecía tan tranquila como el clima durante la cosecha de trigo, pero, si Dios lo quería, podía oscurecer rápidamente su cielo y perseguirlos con su tormenta, como dice el salmista.

El pueblo quedó profundamente estremecido. Primero, sintieron un gran temor reverente hacia el SEÑOR y hacia Samuel. Como habían estado dispuestos a pensar únicamente en su rey, Dios les mostró que él y sus profetas también debían ser respetados con temor. Dios les había dado alegría con su rey, pero ahora les enseñaba a alegrarse con reverencia.

Segundo, reconocieron abiertamente su pecado y su necedad. Dijeron: «Hemos añadido esta maldad a todos nuestros pecados» (1 Samuel 12:19). Algunas personas no admiten su pecado a menos que Dios use medios más fuertes que las advertencias apacibles. Samuel no los llevó a confesar hasta que el asunto quedó resuelto y el rey fue confirmado, para que nadie pudiera decir que estaba usando el arrepentimiento para fortalecer su propio gobierno. Una vez expuesto su orgullo, comprendieron cuán aborrecible era realmente su culpa (Salmo 36:2).

Tercero, le pidieron urgentemente a Samuel que orara por ellos (1 Samuel 12:19). Temían la ira de Dios y no creían poder orar bien por sí mismos, así que le pidieron a Samuel que lo hiciera. De esta manera, ahora buscaban ayuda precisamente del hombre al que poco antes habían tratado con desprecio. Muchas personas que rechazan el gobierno de Cristo todavía desean su intercesión, porque quieren que la ira de Dios se aparte de ellas. Y con frecuencia quienes antes se burlaban de las personas que oran más tarde valoran sus oraciones y quieren beneficiarse de ellas. «Ora al SEÑOR tu Dios», dijeron; es decir: «Todavía no nos atrevemos a llamarlo nuestro, pero si tú tienes alguna relación con él, úsala a favor de nosotros».

El segundo propósito de Samuel es fortalecer al pueblo en la verdadera religión y mantenerlo cerca del SEÑOR. Su propósito es muy parecido al de Josué en Josué 23:1 y Josué 24:1. No quiere que el temor del SEÑOR los aleje de Dios, porque ese temor tiene el propósito de hacerlos volver a él (1 Samuel 12:20). «No tengan miedo», les dice. Aunque habían cometido una maldad muy grande y Dios estaba enojado, no debían abandonar su servicio ni dejar de seguirlo.

Lo que quiere decir es que no debían desesperarse. La tormenta pasaría y el cielo volvería a despejarse. Aunque Dios pueda mostrar su desaprobación hacia su pueblo, no lo abandonará (1 Samuel 12:22) por amor de su gran nombre. Por eso ellos tampoco debían abandonarlo. Cada ruptura del pacto entristece al SEÑOR, pero no siempre expulsa a su pueblo de ese pacto. Las reprensiones severas de Dios no deben alejarnos de la esperanza en su misericordia.

La elección de Dios permanece firme porque es gratuita. Podemos confiar en que no abandonará a su pueblo, porque le agradó convertirlo en su pueblo.

Si Dios los hubiera escogido porque lo merecían, podrían temer que también los rechazara cuando fallaran. Pero los escogió por causa de su propio nombre, y por causa de su propio nombre no los abandonará.

También les advierte contra la idolatría: «No se alejen del SEÑOR ni dejen de adorarlo» (1 Samuel 12:20-21). Si se alejan de Dios, cualquier otra cosa hacia la que se vuelvan resultará vacía. Nunca podrá cumplir sus esperanzas y sin duda les fallará a quienes confíen en ella. Los ídolos no pueden ayudar a las personas necesitadas ni rescatarlas en tiempos de angustia, porque no tienen valor y no son lo que pretenden ser. Un ídolo no es nada en el mundo (1 Corintios 8:4).

Después los consuela prometiendo que seguirá cuidando de ellos. Ellos le habían pedido que orara por ellos (1 Samuel 12:19). Samuel podría haberles dicho: «Vayan con Saúl, el rey que pusieron en mi lugar, y pídanle que ore por ustedes». En cambio, no los reprende por la falta de respeto que habían mostrado. Les promete mucho más de lo que le habían pedido.

Ellos le pidieron que orara como un favor, pero Samuel lo consideró un deber y se horrorizó ante la idea de descuidarlo. «¿Orar por ustedes? —dice—. ¡Dios no permita que yo peque contra el SEÑOR dejando de hacerlo!». Es pecado contra Dios no orar por su pueblo, especialmente por quienes están bajo nuestro cuidado. Las personas buenas tienen un temor correcto de cometer pecados de negligencia.

Ellos le pidieron que orara solo en ese momento y por aquella situación, pero Samuel prometió seguir orando por ellos mientras viviera. Se nos manda orar sin cesar. Pecamos cuando dejamos de orar en general y, especialmente, cuando dejamos de orar por la iglesia.

Ellos solo le pidieron que orara, pero Samuel prometió hacer más. No solo oraría por ellos; también les enseñaría. Aunque ellos no habían querido conservarlo como gobernante, él no se negaría a seguir siendo su profeta, el mensajero designado por Dios. Les enseñaría únicamente lo bueno y lo correcto, y el camino correcto siempre es también el camino bueno. El camino del deber es el camino de la paz y del verdadero beneficio.

Samuel concluye con un fuerte llamado a una religión práctica y a una piedad sincera: una fe que se manifiesta en la vida diaria (1 Samuel 12:24-25). El deber principal que les encarga es temer al SEÑOR. Antes les dijo: «No tengan miedo», refiriéndose a un temor semejante al de un esclavo (1 Samuel 12:20); pero aquí se refiere al temor de un hijo: un respeto reverente hacia Dios. Ese temor debe manifestarse en servirlo mediante la adoración y en llevar una vida piadosa, con verdad y sinceridad, no solo con apariencias externas. Deben servirlo con el corazón, con todo el corazón; sin fingir ni dividir su lealtad.

Samuel les da dos razones. Primero, le deben gratitud a Dios, porque él ha hecho grandes cosas por ellos y merece que lo sirvan de manera constante. Segundo, deben pensar en su propia seguridad, porque, si continúan haciendo el mal, Dios traerá juicio sobre ellos. Tanto ellos como su rey —aquel de quien están tan orgullosos y en quien esperan tanto— serán destruidos. Ese rey será una bendición únicamente si permanecen fieles a Dios.

Así, como un vigilante fiel, Samuel les dio la advertencia y dejó limpia su conciencia.

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