Versículo destacado
1 Corintios 6:9 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" ¿No saben ustedes que quienes cometen injusticias no tendrán parte en el reino de Dios? No se dejen engañar, porque en el reino de Dios no tendrán parte los que se entregan a la prostitución, ni los idólatras, ni los que cometen adulterio, ni los afeminados, ni los homosexuales, "
1 Corintios 6:9
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
7 El simple hecho de que haya pleitos entre ustedes mismos ya es un grave defecto. ¿Por qué no soportar mejor la injusticia? ¿Por qué no dejar mejor que les roben?
8 ¡Pero ustedes, por el contrario, cometen injusticias y roban hasta a sus propios hermanos!
9 ¿No saben ustedes que quienes cometen injusticias no tendrán parte en el reino de Dios? No se dejen engañar, porque en el reino de Dios no tendrán parte los que se entregan a la prostitución, ni los idólatras, ni los que cometen adulterio, ni los afeminados, ni los homosexuales,
10 ni los que roban, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los ladrones.
11 Y eso eran antes algunos de ustedes; pero ahora ya recibieron el baño de la purificación, fueron santificados y hechos justos en el nombre del Señor Jesucristo y por el Espíritu de nuestro Dios.
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Aquí aprovecha para advertirles acerca de muchos pecados graves que ellos mismos habían practicado en otro tiempo.
Primero afirma una verdad clara que ellos ya debían conocer, incluso los menos instruidos: los injustos no heredarán el reino de Dios (1 Corintios 6:9). No serán reconocidos como verdaderos miembros de la iglesia de Cristo en la tierra, ni serán recibidos como miembros glorificados de la iglesia en el cielo. Toda maldad es pecado, y cualquier pecado que gobierna la vida de una persona la mantiene fuera del reino de los cielos. Menciona varias clases de pecado: los pecados contra el primero y el segundo mandamiento, como la idolatría; contra el séptimo, como el adulterio, la inmoralidad sexual, el comportamiento afeminado y las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo; contra el octavo, como el robo y la extorsión, cuando alguien usa la fuerza o el fraude para perjudicar a su prójimo; contra el noveno, como insultar y calumniar a otros; y contra el décimo, como la avaricia y la borrachera, que con frecuencia conducen a los demás pecados. Cualquiera que tenga siquiera un poco de conocimiento de la fe debería saber que el cielo nunca fue destinado para quienes viven de esa manera. La escoria de la tierra no es apta para el hogar celestial. Quienes hacen la obra del diablo jamás pueden recibir la recompensa de Dios, excepto la muerte, que es el pago justo del pecado (Romanos 6:23).
Sin embargo, también les advierte que no se engañen: «No se engañen». Incluso quienes conocen esta verdad son muy propensos a ignorarla. Por naturaleza nos gusta halagarnos a nosotros mismos, imaginando que Dios es como nosotros y que podemos vivir en pecado, morir en Cristo y aun así ir al cielo con los hijos de Dios, aunque hayamos vivido como hijos del diablo. Pero esa es una mentira grave. Es de suma importancia que nadie se engañe acerca de la condición de su alma. No podemos esperar vivir para la carne y, al mismo tiempo, recibir la vida eterna.
Después les recuerda el gran cambio que el evangelio y la gracia de Dios habían producido en ellos: «Eso eran algunos de ustedes» (1 Corintios 6:11). En otro tiempo, algunos de ellos habían pertenecido a las mismas categorías de pecadores notorios que acababa de mencionar. La expresión griega significa: «Cosas como esas eran algunos de ustedes», como si hubieran sido más parecidos a monstruos que a seres humanos. Algunas personas llegan a vivir con especial rectitud después de su conversión porque antes habían sido especialmente malvadas. ¡Qué gran cambio produce la gracia! Convierte a las personas más viles en santos e hijos de Dios. Eso eran algunos de ustedes, pero ya no son lo que eran.
«Fueron lavados, fueron santificados y fueron justificados en el nombre de Cristo y por el Espíritu de nuestro Dios». La maldad de una persona antes de su conversión no es un obstáculo para que nazca de nuevo y vuelva a Dios. La sangre de Cristo y el lavamiento que acompaña al nuevo nacimiento pueden quitar tanto la culpa como la contaminación del pecado. Pablo incluso presenta el orden de una manera llamativa: «Fueron santificados, fueron justificados». La santificación significa ser hechos santos. Él la menciona antes que la justificación y también coloca el nombre de Cristo, por medio de quien somos justificados, antes del Espíritu de Dios, por medio de quien somos santificados. Nuestra justificación proviene del mérito de Cristo, y nuestra santificación es obra del Espíritu, pero ambas van juntas. Nadie es limpiado de la culpa del pecado ni reconciliado con Dios por medio de Cristo sin ser también hecho santo por su Espíritu. Todos los que son declarados justos delante de Dios también son hechos santos por la gracia de Dios.
De este capítulo
1 Corintios 6:1
"Cuando alguno de ustedes tiene un pleito con otro, ¿por qué acude a los jueces paganos para pedir justicia, en vez de pedírsela a los del pueblo santo?"
1 Corintios 6:2
"¿Acaso no saben ustedes que el pueblo santo ha de juzgar al mundo? Y si ustedes han de juzgar al mundo, ¿cómo no son capaces de juzgar asuntos tan pequeños?"
1 Corintios 6:3
"¿No saben que incluso nosotros habremos de juzgar a los ángeles? ¡Con mayor razón, entonces, los asuntos de esta vida!"
1 Corintios 6:4
"Así que, si ustedes tienen pleitos por asuntos de la vida diaria, ¿por qué ponen como jueces a quienes nada significan para la iglesia?"
1 Corintios 6:5
"Digo esto para que les dé vergüenza. ¿Acaso no hay entre ustedes nadie con capacidad suficiente para juzgar un asunto entre sus hermanos?"
1 Corintios 6:6
"¡No solo se pelean unos hermanos con otros, sino que además llevan sus pleitos ante jueces paganos!"
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