Versículo destacado
1 Corintios 16:19 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
Las iglesias de la provincia de Asia les envían saludos. Aquila y Prisca, y la congregación que se reúne en su casa, les envían muchos saludos en el Señor.
1 Corintios 16:19
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
17 Me alegro de que hayan venido Estéfanas, Fortunato y Acaico, pues en ausencia de ustedes
18 ellos me han dado tranquilidad, lo mismo que a ustedes. Tengan en cuenta a personas como ellos.
19 Las iglesias de la provincia de Asia les envían saludos. Aquila y Prisca, y la congregación que se reúne en su casa, les envían muchos saludos en el Señor.
20 Reciban saludos de todos los hermanos. Salúdense unos a otros con un beso santo.
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El apóstol termina su carta con los saludos de los cristianos de Asia a la iglesia de Corinto, especialmente de Priscila y Aquila, quienes al parecer vivían en Éfeso en ese momento, junto con la iglesia que se reunía en su casa (Hechos 18:26; 1 Corintios 16:19). También envía saludos de parte de todos los hermanos y hermanas de Éfeso (1 Corintios 16:20). Esto muestra que el cristianismo no elimina los buenos modales ni la cortesía. Pablo podía hablar de asuntos importantes y aun así hacer espacio para los afectuosos saludos de sus amigos.
Algunos de estos saludos se envían «en el Señor». Los saludos cristianos no son una cortesía vacía. Expresan buena voluntad genuina y a menudo incluyen una oración sincera por la gracia y la bendición de Dios. Quienes se saludan en el Señor le piden a Dios que haga bien a sus hermanos y hermanas. Sus palabras amables nacen de un afecto sincero y de la oración.
También leemos acerca de una iglesia que se reunía en una casa particular (1 Corintios 16:19). Lo más probable es que Pablo se refiera a toda la familia como la iglesia que estaba en su casa. Toda familia cristiana debería ser, en cierto sentido, una pequeña iglesia. En algunas situaciones, como cuando una familia queda aislada en un lugar donde no hay otros cristianos, debería adorar junta como una iglesia, si es lo bastante numerosa. En la vida diaria, sus integrantes deben vivir conforme a las normas cristianas y orar juntos todos los días. Dondequiera que dos o tres se reúnan y Cristo esté entre ellos, allí hay una iglesia.
Luego Pablo añade una instrucción: que se saluden unos a otros con un beso santo (1 Corintios 16:20), es decir, con un amor fraternal genuino. Esto constituye una suave reprensión por sus pleitos y divisiones. Si los cristianos que estaban lejos podían saludarlos con tanto afecto en el Señor, sería vergonzoso que ellos no se amaran unos a otros como hermanos y hermanas. El amor que otros creyentes nos muestran debería impulsarnos a amarnos unos a otros más profundamente.
También añade su propio saludo: «El saludo de mi propia mano, de Pablo» (1 Corintios 16:21). Es probable que Pablo dictara el resto de la carta a un secretario, pero que él mismo escribiera el cierre para que supieran que era auténtica. Dice que esta era su señal en cada carta que no había sido escrita por completo de su propia mano (2 Tesalonicenses 3:17; Gálatas 6:11). Las iglesias que recibían cartas apostólicas podían tener la seguridad correcta de que eran verdaderas y provenían de Dios. Pablo no sería menos afectuoso que los demás creyentes; por eso, después de transmitir sus saludos, añade el suyo.
Después viene una advertencia muy seria: «Si alguno no ama al Señor Jesucristo, sea maldito. ¡Señor nuestro, ven!» (1 Corintios 16:22). A veces son necesarias las advertencias para que las personas aprendan a temer el pecado. Un temor sensato ayuda tanto a la fe verdadera como a una vida santa. Todos los cristianos tienen razones para tomar en serio esta advertencia.
La persona que queda bajo este juicio es la que no ama al Señor Jesucristo. Algunos entienden esto como una manera contundente de referirse a quien blasfema contra Cristo, rechaza su enseñanza, desprecia sus mandamientos o, por orgullo de su conocimiento humano, considera absurda su revelación. La advertencia de Pablo encaja bien con la situación de los corintios, porque algunos estaban siendo tentados a apartarse del evangelio sencillo por personas que elogiaban la sabiduría del mundo y se burlaban de la verdad cristiana. Esos falsos maestros se habían puesto en contra de Cristo, y los corintios correrían peligro si los escuchaban. En efecto, Pablo les está diciendo que no los sigan si quieren escapar del juicio más severo.
Las palabras también pueden entenderse en su sentido más sencillo: se refieren a cualquiera que no tenga un amor verdadero y sincero por el Señor Jesucristo. Muchas personas mencionan su nombre con frecuencia, pero no lo aman verdaderamente en su corazón. No quieren que él gobierne sobre ellas, aunque esperan ser salvadas por él (Lucas 19:27). Nadie ama de verdad a Cristo si no ama sus mandamientos y los obedece. Muchos son cristianos solo de nombre, pero no lo son en un amor sincero.
Y nada podría ser más serio. Nada es más culpable que no amar al Salvador más glorioso, aquel que nos amó y se entregó por nosotros. Derramó su sangre para mostrarnos su amor, aun después de que lo habíamos ofendido profundamente. Si un amor así no nos conmueve y no sentimos afecto por semejante Salvador, algo está terriblemente mal. La advertencia es clara: quienes no aman al Señor Jesucristo atraen juicio sobre sí mismos.
La sentencia para esa persona también es clara: «Sea maldito; Señor nuestro, ven». Esto significa quedar apartado para el juicio más pesado y terrible, separado del favor de Dios y entregado a su castigo final e inmutable. «Maranata» es una frase siríaca que significa: «El Señor viene». El mismo Señor a quien no aman viene para juzgar. Será terrible comparecer ante él en su ira, ser colocado a su izquierda y ser condenado por él. Cuando él decide destruir, nadie puede salvar. Quienes queden bajo su sentencia condenatoria perecerán para siempre.
Quienes no aman al Señor Jesucristo perecerán sin remedio. La ira de Dios permanece sobre todo el que no cree en el Hijo (Juan 3:36). Y la fe verdadera en Cristo siempre produce un amor real por él. Quien no lo ama no puede creer verdaderamente en él.
Pablo termina con una bendición: «La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con ustedes» (1 Corintios 16:23). Es como si dijera: «Aunque les advierto que no caigan bajo el desagrado de Cristo, sinceramente deseo para ustedes la bendición de su amor y su favor». La gracia del Señor Jesucristo incluye todo bien para esta vida y para la venidera. Desear esta gracia para nuestros amigos es desearles el mayor bien posible. Esto es lo que debemos desear para todos nuestros hermanos y hermanas en Cristo, y no deberíamos desearles nada menos.
Debemos orar fervientemente para que las personas valoren, busquen, reciban y conserven la gracia y el favor de su Señor y Juez. Las advertencias más fuertes suelen nacer del amor y la buena voluntad más profundos. Podemos decirles claramente y con verdadero afecto a nuestros hermanos y amigos que, si no aman al Señor Jesucristo, perecerán, aun mientras deseamos sinceramente que la gracia de Cristo esté con ellos.
Podemos darles esa advertencia para que valoren esta gracia y se aferren a ella. El cristianismo verdadero también hace más amplio nuestro corazón. Nos lleva a desear para quienes amamos las bendiciones de esta vida y de la venidera, y eso forma parte de pedir que la gracia de Cristo esté con ellos. Por eso no sorprende que Pablo termine expresando claramente su amor por ellos en Cristo Jesús.
«Mi amor sea con todos ustedes en Cristo Jesús. Amén» (1 Corintios 16:24). Pablo les había hablado con mucha franqueza en esta carta y había reprendido sus pecados con la severidad apropiada. Pero, para mostrar que no lo movía la ira, termina con amor y declara abiertamente que los ama. Ama a todos en Cristo Jesús, es decir, por causa de Cristo.
Está diciendo que su corazón está con ellos y que realmente los ama. Sin embargo, para que no tomaran esto como adulación o como una estrategia, añade que su amor nace de su fe y permanecerá dentro de sus límites. Su corazón seguiría con ellos y continuaría amándolos mientras sus corazones estuvieran con Cristo y verdaderamente les importaran la causa y el honor de Cristo.
Debemos amar afectuosamente a todos los que están en Cristo y lo aman sinceramente. Por supuesto, debemos amar a todas las personas, desearles el bien y hacer por ellas todo el bien que podamos. Pero quienes pertenecen a Cristo y lo aman deben recibir nuestro afecto más profundo. Que nuestro amor esté con todos los que están en Cristo Jesús. Amén.
De este capítulo
1 Corintios 16:1
"En cuanto a la colecta para los del pueblo santo, háganla según las instrucciones que di a las iglesias de la provincia de Galacia."
1 Corintios 16:2
"Cada domingo, cada uno de ustedes debe apartar algo según lo que haya ganado y guardarlo, para que cuando yo llegue no tengan que hacerse colectas."
1 Corintios 16:3
"Y cuando yo llegue, enviaré a Jerusalén a las personas que ustedes escojan, con cartas para que lleven la colecta hecha por ustedes."
1 Corintios 16:4
"Y si es conveniente que yo también vaya, ellos irán conmigo."
1 Corintios 16:5
"En mi viaje tengo que pasar por la región de Macedonia, y después de Macedonia llegaré a Corinto."
1 Corintios 16:6
"Puede ser que me quede con ustedes algún tiempo o que tal vez pase allí todo el invierno; entonces ustedes podrán ayudarme en mi viaje adonde tenga que ir después."
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