Versículo destacado
1 Crónicas 21:7 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" A Dios le pareció mal todo esto, y envió un castigo contra Israel. "
1 Crónicas 21:7
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
5 Joab entregó a David las cifras del censo de la población. Resultó que en todo Israel había un millón cien mil hombres aptos para la guerra, y cuatrocientos setenta mil en Judá.
6 Pero no se incluyó en el censo a las tribus de Leví y de Benjamín, porque a Joab no le gustó la orden del rey.
7 A Dios le pareció mal todo esto, y envió un castigo contra Israel.
8 Pero David confesó a Dios: —He cometido un grave pecado al hacer esto. Ahora te ruego que perdones el pecado de este siervo tuyo, pues me he portado como un necio.
9 Entonces el Señor le dijo a Gad, vidente al servicio de David:
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David está bajo la vara de Dios por haber censado al pueblo, esa vara de corrección que expulsa la necedad arraigada en el corazón humano, especialmente la necedad del orgullo. Observemos brevemente cómo fue corregido.
Si los hijos más queridos de Dios hacen lo malo, deben esperar sufrir por ello. Primero, a David se le anuncia que Dios está disgustado, y eso es algo muy grave para un hombre tan bueno. Dios ve los pecados de su pueblo y se disgusta especialmente por el orgullo del corazón. Nada humilla, entristece y quebranta más a un alma llena de gracia que saber que está bajo el desagrado de Dios.
Segundo, David debe escoger su castigo: guerra, hambre o peste. Tiene que ser castigado, y por una de esas tres cosas. Esto tenía el propósito de profundizar su humildad, pues fue puesto ante un dilema terrible y obligado a sentir, al mismo tiempo, el temor de los tres juicios. Sin duda, estaba profundamente angustiado mientras decidía cuál escogería.
Tercero, se entera de que setenta mil de sus súbditos murieron por la peste en pocas horas (1 Crónicas 21:14). David se había enorgullecido del tamaño de su pueblo, pero la justicia divina encontró la manera de hacerlo más pequeño. Aquello de lo que nos enorgullecemos es, muchas veces, precisamente lo que Dios quita justamente de nuestras manos, debilita o convierte en motivo de amargura. David había querido que contaran al pueblo, diciendo: «Tráeme el número de ellos, para que yo lo sepa». Pero ahora Dios los cuenta de otra manera: los cuenta para la espada (Isaías 65:12). David recibió otro conteo, uno que le causó más vergüenza que satisfacción: el número de los muertos, una cifra oscura que atravesó su lista de hombres censados.
Cuarto, ve al ángel destructor con la espada desenvainada contra Jerusalén (1 Crónicas 21:16). Esto debió aterrorizarlo profundamente, porque mostraba la ira de Dios y amenazaba con destruir aquella ciudad tan amada. La peste causa los peores daños en los lugares más poblados. Incluso un ángel de paz ha hecho temblar a hombres fuertes; cuánto más terrible debió ser esta visión: un ángel con la espada desenvainada, una espada encendida como la de los querubines, que se movía en todas direcciones para custodiar el camino al árbol de la vida. Mientras estamos bajo la ira de Dios, los ángeles santos permanecen armados contra nosotros, aun cuando no podamos verlos, como los vio David.
Ahora consideremos cómo soportó David esta corrección. Primero, confesó sinceramente su pecado y oró con fervor pidiendo perdón (1 Crónicas 21:8). Reconoció que había pecado, que había pecado gravemente y que había actuado con mucha necedad. También rogó que, aunque todavía tuviera que ser corregido, Dios quitara de él la culpa de su pecado.
Segundo, aceptó el castigo por su maldad: «Que tu mano caiga sobre mí y sobre la casa de mi padre» (1 Crónicas 21:17). Se somete a la vara, pero pide ser él quien sufra, porque él es el pecador. La espada debía dirigirse contra la cabeza culpable.
Tercero, se entregó a la misericordia de Dios, aunque sabía que Dios estaba enojado con él, y no permitió que pensamientos duros acerca de Dios dominaran su corazón: «Caigamos ahora en manos del Señor, porque grande es su misericordia» (1 Crónicas 21:13). Las personas piadosas, aun cuando Dios frunce el ceño ante ellas, siguen teniendo un buen concepto de él. «Aunque él me mate, en él confiaré».
Cuarto, mostró una profunda preocupación por el pueblo, y le dolió en lo más íntimo verlo sufrir por causa de su pecado: «Estas ovejas, ¿qué han hecho?».
De este capítulo
1 Crónicas 21:1
"El ángel acusador se levantó contra los israelitas e incitó a David a hacer un censo de Israel."
1 Crónicas 21:2
"Entonces David ordenó a Joab y a los jefes del pueblo: —Vayan y hagan el censo de Israel desde Beerseba hasta Dan, y tráiganme el informe para que yo sepa cuántos son."
1 Crónicas 21:3
"Pero Joab respondió: —Que el Señor aumente su pueblo cien veces más de lo que es ahora; ¿pero acaso no son todos ellos servidores de Su Majestad? ¿Por qué desea esto Su Majestad? ¿Para qué hacerse culpable Israel?"
1 Crónicas 21:4
"Sin embargo, la orden del rey se impuso a Joab, así que este salió, recorrió todo Israel y regresó a Jerusalén."
1 Crónicas 21:5
"Joab entregó a David las cifras del censo de la población. Resultó que en todo Israel había un millón cien mil hombres aptos para la guerra, y cuatrocientos setenta mil en Judá."
1 Crónicas 21:6
"Pero no se incluyó en el censo a las tribus de Leví y de Benjamín, porque a Joab no le gustó la orden del rey."
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