Versículo destacado
2 Reyes 9:16 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Entonces Jehú subió a un carro y fue a Jezreel, porque Joram estaba allí tendido. Ocozías, rey de Judá, había bajado para ver a Joram. "
2 Reyes 9:16
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
14 Así Jehú hijo de Josafat, hijo de Nimsi, conspiró contra Joram. (Joram y todo Israel habían defendido Ramot de Galaad contra Hazael, rey de Siria.
15 Pero el rey Joram había regresado a Jezreel para curarse de las heridas que los sirios le habían causado cuando peleó contra Hazael, rey de Siria). Y Jehú dijo: Si esto es lo que desean, que nadie salga ni escape de la ciudad para ir a contarlo en Jezreel.
16 Entonces Jehú subió a un carro y fue a Jezreel, porque Joram estaba allí tendido. Ocozías, rey de Judá, había bajado para ver a Joram.
17 Había un centinela de pie sobre la torre de Jezreel. Cuando vio acercarse al grupo de Jehú, dijo: Veo un grupo. Joram ordenó: Toma un jinete, envíalo a su encuentro y que pregunte: ¿Hay paz?
18 Entonces uno fue a caballo a su encuentro y dijo: Así dice el rey: ¿Hay paz? Jehú respondió: ¿Qué tienes tú que ver con la paz? Da la vuelta y ponte detrás de mí. El centinela informó: El mensajero llegó hasta ellos, pero no regresa.
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De Ramot de Galaad a Jezreel había más de un día de camino. Aproximadamente a mitad del trayecto tenían que cruzar el río Jordán. Podemos suponer que Jehú avanzó tan rápido como pudo y tomó todas las precauciones necesarias para impedir que la noticia llegara a Jezreel antes que él. Finalmente, apareció primero a la vista y luego al alcance del rey condenado.
El centinela de Joram lo vio desde lejos y le informó al rey que se acercaba un grupo, aunque no podía decir si eran amigos o enemigos. Pero el rey, deseoso de saber qué estaba pasando y quizá temeroso de que los sirios que lo habían herido lo hubieran seguido por el rastro de su sangre hasta su propio palacio para capturarlo, envió primero a un mensajero y luego a otro para pedir un informe (2 Reyes 9:17-19). Apenas se había recuperado del miedo que había sentido en la batalla, y su conciencia culpable lo mantenía en constante alarma. Cada mensajero hizo la misma pregunta: «¿Hay paz? ¿Estás de nuestro lado o del lado de nuestros enemigos? ¿Traes buenas o malas noticias?». Y cada uno recibió la misma respuesta: «¿Qué tienes tú que ver con la paz? Ponte detrás de mí» (2 Reyes 9:18-19). En efecto, Jehú estaba diciendo: «Le responderé al que te envió, no a ti. Y tú, si quieres salvarte, ven detrás de mí y únete a mi lado».
El centinela informó que los mensajeros habían sido capturados. Luego notó que el líder del grupo conducía como Jehú, y se sabía que Jehú conducía con furia. Esto mostraba un espíritu intenso y decidido, que avanzaba con todas sus fuerzas. Un hombre con un temperamento tan enérgico era muy adecuado para la tarea que Dios le había encomendado. La sabiduría de Dios se manifiesta al escoger los instrumentos apropiados para su obra. Sin embargo, no es un gran mérito para nadie ser conocido por su enojo. El que domina su espíritu es mejor que el poderoso.
La paráfrasis caldea lo entiende de otra manera: «La conducción es como la de Jehú, porque guía con calma». Además, parece que Jehú no llegó demasiado rápido, pues de lo contrario no habría habido tiempo para que sucediera todo lo que ocurrió. Algunos piensan incluso que avanzó despacio a propósito, para darles a Joram tiempo de salir a su encuentro y así poder atacarlo antes de entrar en la ciudad.
Entonces Joram salió personalmente a encontrarse con Jehú, y llevó consigo a Ocozías, rey de Judá. Ninguno de los dos estaba preparado para la guerra, porque no esperaba encontrarse con un enemigo. Salieron apresuradamente, movidos por la curiosidad. ¡Cuán extrañamente ordena a veces la providencia los acontecimientos, de modo que las personas corren hacia su propia ruina cuando ha llegado el momento de caer!
El lugar donde Joram se encontró con Jehú era una mala señal. Estaba en la propiedad de Nabot el jezreelita (2 Reyes 9:21). Tan solo ver aquel terreno debió hacer temblar a Joram y hacer triunfar a Jehú. Joram cargaba con la culpa de la sangre de Nabot, mientras que Jehú tenía de su lado la maldición pronunciada por Elías. A veces la providencia de Dios dispone los acontecimientos de tal manera que el castigo corresponde al pecado, como un rostro reflejado en un espejo.
La pregunta de Joram seguía siendo la misma: «¿Hay paz, Jehú? ¿Está todo bien? ¿Regresas de los sirios huyendo, o incluso como un conquistador victorioso?». Parecía esperar paz y no podía pensar en otra cosa. Es muy común que los grandes pecadores, aun cuando se encuentran al borde de la ruina, se tranquilicen pensando que todo está bien.
La respuesta de Jehú fue impactante. Respondió con una pregunta: «¿Qué paz puede haber mientras continúen las muchas inmoralidades sexuales de tu madre Jezabel, quien no era solamente la reina madre, sino la verdadera gobernante, y sus hechicerías?». Jehú habló con claridad. Antes no se habría atrevido a hablar así, pero ahora tenía otro espíritu. Los pecadores no siempre recibirán halagos. En algún momento tendrán que enfrentarse a la verdad.
Jehú responsabilizó a Joram por la maldad de su madre porque Joram la había aprendido desde joven y después había usado su poder real para protegerla. Jezabel era acusada de inmoralidad sexual, tanto física como espiritual; esta última consistía en la idolatría unida a actos desvergonzados. También era culpable de hechicería, es decir, de usar encantamientos y adivinación en honor de sus ídolos. Estos pecados se habían multiplicado, y sus inmoralidades y hechicerías eran muchas, porque quienes se entregan al mal no saben dónde detenerse. Un pecado conduce a otro.
Por causa de esa maldad, Jehú negó que Joram tuviera derecho a reclamar paz. ¿Qué paz puede haber en una casa llena de maldad sin arrepentimiento? El camino del pecado nunca puede ser el camino de la paz (Isaías 57:21). ¿Qué paz pueden tener los pecadores con Dios o siquiera con su propia conciencia? ¿Qué bien o consuelo pueden esperar en la vida, en la muerte o después de la muerte si continúan pecando? No hay paz mientras se persiste en el pecado. Pero cuando el pecado es confesado, abandonado y rechazado, llega la paz.
El juicio siguió de inmediato. Cuando Joram oyó hablar de los crímenes de su madre, el corazón le falló. Rápidamente concluyó que había llegado el día del ajuste de cuentas que había sido anunciado durante tanto tiempo, y gritó: «¡Traición, Ocozías! Jehú es nuestro enemigo; tenemos que salvarnos». Ambos huyeron. Joram, rey de Israel, murió al instante (2 Reyes 9:24). Jehú lo derribó con su propia mano. La flecha no fue disparada al azar, como la que en otra ocasión había atravesado la armadura de su padre. Jehú apuntó entre los hombros de Joram mientras huía, y la flecha llegó hasta su corazón, de modo que murió en el acto (Salmo 7:13). Joram era la rama principal de la casa de Acab; por eso fue el primero en ser cortado.
Murió como un criminal, bajo la sentencia de la ley, y Jehú, en su calidad de ejecutor, se ocupó después de su cuerpo. El viñedo de Nabot estaba cerca, y eso les recordó a todos las palabras de Elías contra Acab: «Te devolveré el pago en este mismo terreno», dice el Señor (2 Reyes 9:25-26). Dios le estaba dando su merecido por la sangre de Nabot y por la sangre de sus hijos, quienes fueron asesinados junto con él por ser cómplices de su crimen, o fueron asesinados después para que no pudieran apelar por justicia, buscar venganza por su padre, quebrantar el corazón de Acab con su dolor o perder su apoyo cuando les quitaran la propiedad. Toda la casa de Acab tuvo que responder por esto.
Ese mismo terreno que Acab había tomado con orgullo y deleite, al precio de la sangre inocente, se convirtió ahora en el lugar donde dejaron expuesto el cadáver de su hijo para que todos lo vieran. De esta manera, el Señor se da a conocer por medio de los juicios que ejecuta. Higaión. Selah.
Poco después, Ocozías, rey de Judá, fue perseguido y asesinado no muy lejos de allí (2 Reyes 9:27-28). En ese momento estaba con Joram, pero no habría muerto si no se hubiera unido a la casa de Acab tanto por sus vínculos familiares como por su maldad.
Se había hecho uno de ellos por causa de sus pecados, y por eso tuvo que compartir su destino. Jehú tenía razón al entender que su misión también los incluía a ellos. Sin embargo, quizá Ocozías no habría caído con ellos en ese momento si no lo hubieran encontrado en su compañía. Es peligroso mantener amistad con personas malvadas. Podemos quedar involucrados tanto en su culpa como en sus problemas.
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De este capítulo
2 Reyes 9:1
"El profeta Eliseo llamó a uno de los hijos de los profetas y le dijo: Cíñete la cintura, toma en tu mano este frasco de aceite y ve a Ramot de Galaad."
2 Reyes 9:2
"Cuando llegues allá, busca allí a Jehú hijo de Josafat, hijo de Nimsi; entra, haz que se levante de entre sus hermanos y llévalo a una habitación interior."
2 Reyes 9:3
"Luego toma el frasco de aceite, derrámalo sobre su cabeza y di: Así dice el SEÑOR: Yo te he ungido rey sobre Israel. Después abre la puerta, huye y no te detengas."
2 Reyes 9:4
"Así que el joven, el joven profeta, fue a Ramot de Galaad."
2 Reyes 9:5
"Cuando llegó, los capitanes del ejército estaban sentados. Él dijo: Tengo un mensaje para ti, capitán. Jehú preguntó: ¿Para cuál de todos nosotros? Él respondió: Para ti, capitán."
2 Reyes 9:6
"Él se levantó y entró en la casa. Entonces derramó el aceite sobre su cabeza y le dijo: Así dice el SEÑOR, Dios de Israel: Yo te he ungido rey sobre el pueblo del SEÑOR, sobre Israel."
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