Versículo destacado
2 Crónicas 32:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Después de estas cosas y de que fueron establecidas, Senaquerib, rey de Asiria, vino, entró en Judá, acampó contra las ciudades fortificadas y pensó conquistarlas para sí. "
2 Crónicas 32:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Después de estas cosas y de que fueron establecidas, Senaquerib, rey de Asiria, vino, entró en Judá, acampó contra las ciudades fortificadas y pensó conquistarlas para sí.
2 Cuando Ezequías vio que Senaquerib había venido y que se proponía luchar contra Jerusalén,
3 consultó con sus príncipes y sus hombres poderosos para detener las aguas de las fuentes que estaban fuera de la ciudad, y ellos lo ayudaron.
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Aquí vemos, en primer lugar, el serio plan de Senaquerib contra el reino de Ezequías y el fuerte ataque que lanzó contra él. Al igual que Nabucodonosor después, Senaquerib fue un terror y un cruel opresor en aquella región del mundo. Quería construir un vasto imperio para sí mismo aplastando a todos los pueblos vecinos. Su antecesor, Salmanasar, había conquistado recientemente el reino de Israel y se había llevado a las diez tribus; Senaquerib esperaba hacer lo mismo con Judá.
El orgullo y la ambición suelen llevar a las personas a buscar poder sobre todos los demás. Es interesante notar que, aproximadamente en esa misma época, Rómulo fundó Roma, la ciudad que más tarde gobernaría sobre más reyes que cualquier otra. Senaquerib invadió Judá justo después de su reforma y de la restauración de la adoración verdadera: «Después de estas cosas entró en Judá» (2 Crónicas 32:1). Dios tenía un propósito sabio al permitir que esto ocurriera en ese momento. No dejó que la dificultad llegara antes de que terminara la reforma, cuando podría haber interrumpido la obra. También es posible que la haya permitido porque Senaquerib quería castigar a Ezequías por haber destruido la idolatría que él mismo amaba.
Senaquerib probablemente veía a Ezequías como un hombre que había ofendido a Dios y que, por eso, podía ser destruido fácilmente. Pero Dios hizo que esta amenaza llegara precisamente en ese momento para mostrar su poder en favor de un pueblo arrepentido que estaba llevando a cabo una reforma. Permitió que surgiera el peligro para recibir la gloria por su rescate, y para que ellos también fueran honrados por medio de esa liberación. Después de una reforma semejante, podría haberse esperado una paz perfecta. Sin embargo, la siguiente noticia fue que un ejército amenazante había entrado en la tierra y estaba listo para arruinarlo todo. Podemos estar cumpliendo con nuestro deber y aun así encontrarnos con peligro y dificultades. A veces Dios permite esto para probar nuestra confianza en él y mostrar cuánto cuida de nosotros.
Senaquerib encontró poca resistencia al entrar en Judá, así que supuso que pronto todo sería suyo. Planeaba capturar todas las ciudades fortificadas (2 Crónicas 32:1) y después atacar Jerusalén (2 Crónicas 32:2; véase también 2 Reyes 18:7, 13).
En segundo lugar, vemos los sabios preparativos de Ezequías ante la tormenta que se acercaba. Consultó con sus funcionarios acerca de lo que debían hacer (2 Crónicas 32:3). Siguiendo su consejo, se aseguró de que el enemigo no encontrara agua con facilidad en la tierra. De ese modo, el ejército invasor sufriría sed o, al menos, tendría tan poca agua que se debilitaría y quedaría menos capacitado para luchar.
Un ejército poderoso puede quedar indefenso rápidamente si se queda sin agua durante apenas unos días. Por eso, todos se pusieron a trabajar de inmediato para tapar los manantiales y el arroyo que corría por en medio de la tierra. Es probable que también desviaran el agua hacia la ciudad por medio de conductos subterráneos. En nuestros días, los ejércitos suelen debilitarse de una manera parecida cuando se destruyen los pastos y el forraje antes de su llegada. Ezequías también preparó la ciudad para defenderse. Reparó la muralla, construyó torres, fabricó grandes cantidades de armas y escudos (2 Crónicas 32:5) y nombró capitanes sobre el pueblo (2 Crónicas 32:6).
Quienes confían en que Dios los protegerá todavía deben usar los medios adecuados para protegerse. De lo contrario, estarían poniendo a Dios a prueba en vez de confiar en él. Dios proveerá, pero nosotros también debemos actuar con sabiduría.
En tercer lugar, Ezequías fortaleció al pueblo para que dependiera de Dios durante esta crisis. Lo reunió en una plaza amplia y les habló para animarlos (2 Crónicas 32:6). Él mismo estaba tranquilo porque creía que la invasión terminaría bien. No era como su padre, que tenía demasiada culpa para mantenerse firme y carecía de la fe que podía sostenerlo. El corazón de su padre había temblado de miedo, como los árboles que se mueven con el viento, y el corazón del pueblo también (Isaías 7:2).
Las palabras de Ezequías dieron fuerza al pueblo, especialmente a los capitanes. Habló a sus corazones, no solamente a sus oídos. Intentó calmar su temor: «Sean fuertes y valientes. No piensen en rendirse ni en hacer acuerdos con el enemigo. Resistan hasta el final. No tengan miedo del rey de Asiria». El profeta ya los había animado en el nombre de Dios con ese mismo mensaje (Isaías 10:24), y ahora el rey se lo repitió. En aquel tiempo, los pecadores de Sion estaban aterrorizados (Isaías 33:14), pero los justos estaban seguros y firmes porque confiaban en Dios (Isaías 33:15, 16). Aprendieron a enfrentar el terror hasta vencerlo, como muestra Isaías 33:18.
Ezequías también se esforzó por fortalecer la fe del pueblo, porque la fe calmaría su temor. En esencia, dijo: «Senaquerib tiene un gran ejército, pero nosotros tenemos más de nuestro lado que él del suyo. Con él solo está el poder humano, en el que confía. Con nosotros está el SEÑOR, cuyo poder no se puede resistir. Él es nuestro Dios, y su promesa no puede fallar. Está unido a nosotros por su pacto para ayudarnos y pelear nuestras batallas; y, si quiere, puede luchar directamente por nosotros». Y eso fue lo que hizo en aquella ocasión.
Una confianza firme en Dios nos eleva por encima del temor a los seres humanos. Quien teme al opresor se olvida del SEÑOR, su Creador (Isaías 51:12, 13). Es probable que Ezequías haya dicho aún más que esto, y el pueblo se apoyó en sus palabras no solo porque él era su rey, sino porque creyeron lo que les dijo acerca de la presencia y el poder de Dios. Esa verdad los tranquilizó. Los buenos súbditos y soldados de Jesucristo pueden descansar de la misma manera en su palabra y declarar con valentía: «Si Dios está a favor de nosotros, ¿quién podrá estar en contra de nosotros?».
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De este capítulo
2 Crónicas 32:2
"Cuando Ezequías vio que Senaquerib había venido y que se proponía luchar contra Jerusalén,"
2 Crónicas 32:3
"consultó con sus príncipes y sus hombres poderosos para detener las aguas de las fuentes que estaban fuera de la ciudad, y ellos lo ayudaron."
2 Crónicas 32:4
"Entonces se reunió mucha gente, y detuvieron todas las fuentes y el arroyo que corría por en medio de la tierra, diciendo: «¿Por qué han de venir los reyes de Asiria y encontrar tanta agua?»"
2 Crónicas 32:5
"También cobró ánimo, reconstruyó toda la muralla que estaba derribada, la elevó hasta las torres y levantó otra muralla por fuera. Reparó el Milo en la ciudad de David e hizo dardos y escudos en abundancia."
2 Crónicas 32:6
"Puso jefes de guerra sobre el pueblo, los reunió ante él en la plaza de la puerta de la ciudad y les habló para alentarlos, diciendo:"
2 Crónicas 32:7
"Sean fuertes y valientes. No tengan miedo ni se desanimen ante el rey de Asiria ni ante toda la multitud que está con él, porque hay más con nosotros que con él."
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