Versículo destacado
2 Crónicas 30:21 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Los hijos de Israel que estaban presentes en Jerusalén celebraron la fiesta de los Panes sin Levadura durante siete días con gran alegría. Los levitas y los sacerdotes alababan al SEÑOR día tras día, cantando al SEÑOR con instrumentos resonantes. "
2 Crónicas 30:21
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
19 que dispone su corazón para buscar a Dios, el SEÑOR, Dios de sus padres, aunque no esté purificado conforme a la purificación del santuario.
20 El SEÑOR escuchó a Ezequías y sanó al pueblo.
21 Los hijos de Israel que estaban presentes en Jerusalén celebraron la fiesta de los Panes sin Levadura durante siete días con gran alegría. Los levitas y los sacerdotes alababan al SEÑOR día tras día, cantando al SEÑOR con instrumentos resonantes.
22 Ezequías habló bondadosamente a todos los levitas que enseñaban el buen conocimiento del SEÑOR. Comieron durante los siete días de la fiesta, ofrecieron ofrendas de paz y confesaron al SEÑOR, Dios de sus padres.
23 Toda la asamblea acordó celebrar la fiesta otros siete días, y la celebraron otros siete días con alegría.
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Después de la Pascua venía la Fiesta de los Panes sin Levadura, que duraba siete días. Ahora el escritor nos cuenta cómo la celebraron, y todo el relato transmite un ambiente de entusiasmo y alegría.
En primer lugar, ofrecieron a Dios muchos sacrificios de paz. Estos sacrificios expresaban tanto gratitud a Dios como una petición de su favor, y durante esos siete días los adoradores comían parte del sacrificio con sus amigos (2 Crónicas 30:22). De ese modo mostraban su comunión con Dios y el consuelo que encontraban al haber sido reconciliados con él. Para que esta parte del servicio continuara —de modo que hubiera suficiente grasa y sangre en el altar, y suficiente carne para los sacerdotes y el pueblo— Ezequías dio de sus propios bienes mil toros y siete mil ovejas. Los líderes, motivados por su piadoso ejemplo, dieron la misma cantidad de toros y aún más ovejas, todo como sacrificios de paz (2 Crónicas 30:24).
Así Dios fue honrado, continuó la alegría de la fiesta y los que venían de fuera fueron animados a regresar a Jerusalén. Fue generoso de parte del rey y de los líderes proporcionar tanto para toda la multitud. Pero ¿para qué sirve una gran fortuna, si no es para dar a una persona mayores posibilidades de hacer el bien? Cristo también alimentó a quienes lo seguían. No creo que Ezequías ni sus líderes fueran más pobres al final del año por causa de esta generosidad piadosa.
En segundo lugar, junto con los sacrificios de paz ofrecieron muchas oraciones apropiadas a Dios (2 Crónicas 30:22). Confesaron sus pecados al Señor, el Dios de sus antepasados, y eso dio a los sacrificios de paz su verdadero significado. Cuando los sacerdotes rociaban la sangre y quemaban la grasa, confesaban sus pecados; y también lo hacía el pueblo al compartir la comida que le correspondía. Confesaban su relación con Dios y su dependencia de él; confesaban con tristeza sus pecados y debilidades; le daban gracias por sus misericordias y le pedían lo que necesitaban. En todo esto miraban a Dios como el Dios de sus antepasados, el Dios que había hecho un pacto con ellos.
En tercer lugar, hubo mucha enseñanza provechosa. Los levitas, a quienes correspondía esta tarea (Deuteronomio 33:10), enseñaron al pueblo el conocimiento verdadero del Señor. Leían y explicaban las Escrituras, e instruían a la congregación acerca de Dios y del deber que tenía para con él. Esto era muy necesario después del largo tiempo en que, durante el reinado anterior, el pueblo había padecido hambre de la palabra de Dios. Ezequías no predicaba personalmente, pero animaba a los levitas que sí lo hacían. Prestaba atención a su enseñanza, elogiaba su fidelidad y les prometía su apoyo y protección. De esta manera los animaba a trabajar con empeño y les daba honra, para que el pueblo los respetara más. Los gobernantes y magistrados prestan un gran servicio al reino de Dios cuando apoyan a los predicadores fieles y esforzados.
En cuarto lugar, cantaban salmos todos los días (2 Crónicas 30:21). Los levitas y los sacerdotes alababan al Señor día tras día con cánticos e instrumentos musicales, mostrando su propio gozo en Dios y despertando unos en otros la gratitud. La alabanza a Dios debe ocupar una parte importante de lo que hacemos cuando nos reunimos para adorarlo.
En quinto lugar, después de celebrar de esta manera piadosa los siete días de la fiesta, encontraron tanta alegría en el servicio que celebraron otros siete días más (2 Crónicas 30:23). No inventaron nuevas formas de adoración; simplemente prolongaron las antiguas. Fue una ocasión excepcional. Habían pasado mucho tiempo sin celebrar esta ordenanza, y la culpa se había acumulado por haberla descuidado. Ahora se había reunido una multitud muy grande, con una actitud seria y devota. No sabían cuándo tendrían otra oportunidad semejante, así que no pudieron decidirse a partir hasta duplicar el tiempo de la celebración. Muchos vivían lejos y tenían que regresar a sus labores del campo, pues era el segundo mes y estaban en plena cosecha. Sin embargo, no tenían prisa por volver a casa. Su celo por la casa de Dios les hizo olvidar sus ocupaciones habituales. ¡Qué diferentes eran de quienes se aburrían del servicio de Dios y decían: «¡Qué carga tan pesada!», o de quienes preguntaban: «¿Cuándo terminará el sábado?». Los siervos de Dios deben entregarse por completo a su obra.
En sexto lugar, hicieron todo esto con alegría (2 Crónicas 30:23). Todos se regocijaron, especialmente los extranjeros que estaban entre ellos (2 Crónicas 30:25). Por eso hubo gran alegría en Jerusalén (2 Crónicas 30:26). No se había visto nada semejante desde la dedicación del templo en los días de Salomón. Los deberes santos deben cumplirse con un gozo santo. Debemos acercarnos a ellos con entusiasmo, encontrar placer en ellos y disfrutar la dulzura de la comunión con Dios. Debemos considerar una gran misericordia que se nos permita adorarlo de esta manera y tener así un anticipo del gozo eterno.
En séptimo lugar, finalmente toda la congregación fue despedida con una solemne bendición (2 Crónicas 30:27). Los sacerdotes pronunciaron la bendición, pues parte de su oficio era bendecir al pueblo (Números 6:22-23). Al hacerlo, actuaban tanto como la voz del pueblo delante de Dios en oración, como la voz de Dios delante del pueblo en la promesa, porque la bendición incluía ambas cosas. Expresaban su deseo por el bien del pueblo y su confianza en Dios y en su palabra de gracia, a la cual encomendaban al pueblo. ¡Qué consuelo es para una congregación volver a casa bajo una bendición semejante!
Dios dijo amén a esa bendición. La voz de los sacerdotes, cuando bendijeron al pueblo, fue escuchada en el cielo y llegó hasta la santa morada de Dios. Cuando pronunciaron la bendición, Dios mismo la había establecido, y quizá también dio alguna señal visible de que la aceptaba. Una oración que sube al cielo en una nube de incienso volverá a la tierra en lluvias de bendición.
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De este capítulo
2 Crónicas 30:1
"Ezequías envió a todo Israel y Judá, y también escribió cartas a Efraín y Manasés, para que fueran a la casa del SEÑOR en Jerusalén a celebrar la Pascua en honor del SEÑOR, Dios de Israel."
2 Crónicas 30:2
"Porque el rey, sus príncipes y toda la congregación de Jerusalén habían acordado celebrar la Pascua en el segundo mes."
2 Crónicas 30:3
"No habían podido celebrarla en ese momento porque no se habían consagrado suficientes sacerdotes, ni el pueblo se había reunido en Jerusalén."
2 Crónicas 30:4
"Esto agradó al rey y a toda la congregación."
2 Crónicas 30:5
"Así que establecieron un decreto para proclamar por todo Israel, desde Beerseba hasta Dan, que fueran a Jerusalén a celebrar la Pascua en honor del SEÑOR, Dios de Israel, porque desde hacía mucho tiempo no la habían celebrado de la manera en que estaba escrito."
2 Crónicas 30:6
"Los mensajeros recorrieron todo Israel y Judá con las cartas del rey y de sus príncipes, y conforme al mandato del rey decían: Hijos de Israel, vuélvanse al SEÑOR, Dios de Abraham, Isaac e Israel, y él se volverá al remanente de ustedes que ha escapado de las manos de los reyes de Asiria."
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