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2 Crónicas 25:1 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante

" Amasías tenía veinticinco años cuando comenzó a reinar, y reinó veintinueve años en Jerusalén. Su madre se llamaba Joadán y era de Jerusalén. "

2 Crónicas 25:1

menu_book El versículo en contexto

1 Amasías tenía veinticinco años cuando comenzó a reinar, y reinó veintinueve años en Jerusalén. Su madre se llamaba Joadán y era de Jerusalén.

2 Hizo lo recto ante los ojos del SEÑOR, pero no con un corazón perfecto.

3 Cuando el reino quedó establecido en sus manos, mató a sus siervos que habían matado al rey, su padre.

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auto_stories Comentario de Bible Guided

El carácter general de Amasías era bueno: hacía lo correcto ante los ojos del Señor. Adoraba al Dios verdadero, mantenía el servicio del templo y apoyaba la vida religiosa de su reino. Sin embargo, no lo hacía de todo corazón; es decir, no estaba profundamente dedicado a Dios ni mostraba mucho entusiasmo por la adoración. No era enemigo de la religión, pero sí un amigo frío y distante. Muchas personas son así en una época tibia: hacen lo bueno, pero no con un corazón sincero.

También realizó un acto importante de justicia cuando castigó a los traidores que habían asesinado a su padre. Aunque quizá pensaban que estaban vengando la muerte del profeta, eso no justificaba su pecado. Ellos no habían sido designados para vengar a nadie, sino que se habían atribuido indebidamente una tarea que pertenecía a Dios. Amasías hizo bien en exigirles cuentas y también obedeció la ley de Dios al negarse a dar muerte a sus hijos por el pecado de sus padres.

Después, Amasías se preparó para luchar contra los edomitas, quienes desde hacía mucho tiempo se habían rebelado contra el dominio de Judá. Primero revisó sus propias fuerzas y encontró que Judá y Benjamín tenían 300,000 hombres aptos para la guerra. Era una cantidad mucho menor que la de los días de Josafat, unos cincuenta o sesenta años antes, cuando eran cuatro veces más numerosos. El pecado debilita a un pueblo, reduce sus fuerzas, disminuye su número y rebaja su posición. Amasías también contrató a 100,000 soldados de Israel porque pensaba que su propio ejército no era suficiente. Si primero hubiera consultado a un profeta, o hubiera recordado lo poco que Judá había ganado con sus alianzas con Israel, no habría tenido que deshacer después aquella decisión. Las decisiones impulsivas suelen crear la necesidad de arrepentirse más adelante.

Dios le envió un mensaje por medio de un profeta y le ordenó despedir a los soldados de Israel. En realidad, el rey no debía depender de ayuda adicional, porque hacerlo demostraría desconfianza en Dios. Si de verdad confiaba en la presencia del Señor, su propio ejército sería suficiente. Pero, sobre todo, no debía usar la ayuda de Israel, porque el Señor no estaba con los descendientes de Efraín, es decir, con las tribus del norte, ya que se habían vuelto a la adoración de becerros. Era una mala decisión depender de personas que no contaban con la presencia de Dios y cuyos planes no tenían su bendición. Es mucho más seguro trabajar con quienes tenemos motivos para creer que pertenecen a Dios, y es peligroso unirnos a aquellos de quienes el Señor se ha apartado. El profeta le advirtió que, si insistía en llevar consigo a aquellos israelitas idólatras, se convertirían en una carga y una trampa. Dios podía hacer que cayera ante el enemigo aun teniéndolos a su lado, porque tenía poder para ayudarlo sin ellos y también para derribarlo con ellos.

Amasías protestó porque ya les había pagado por adelantado 100 talentos a los hombres de Israel. Si los enviaba de regreso, perdería ese dinero; por eso preguntó qué haría con los 100 talentos. Con frecuencia las personas presentan ese mismo tipo de excusa para desobedecer a Dios, porque temen las pérdidas que la obediencia puede traer. El profeta le respondió que el Señor podía darle mucho más que eso. Dios no permitiría que perdiera por obedecerlo. Una fe firme en el poder de Dios para sostenernos en el deber y compensar toda pérdida que suframos a su servicio hace que su yugo sea fácil y su carga ligera. Confiar en Dios significa estar dispuestos a arriesgar pérdidas por causa de él, con la seguridad de que nos devolverá lo que renunciemos por amor a él. Dios es justo y bueno, y puede satisfacer plenamente toda obligación.

Entonces Amasías obedeció a Dios. Prefirió perder el dinero, ofender a sus aliados y enviar de regreso a una parte importante de su ejército antes que desagradar al Señor. Despidió a las tropas de Efraín y las mandó de vuelta a su tierra. Ellos se fueron enojados, sintiéndose insultados y tratados como si fueran inútiles. También pudieron haberse decepcionado al perder la oportunidad de llevarse el botín que esperaban obtener al luchar contra Edom. Las personas suelen resentir cualquier cosa que afecte sus ganancias o su orgullo, aun cuando eso las libre de problemas.

A pesar de todo, Amasías obtuvo una gran victoria sobre los edomitas. Mató a 10,000 hombres en el campo de batalla y tomó prisioneros a otros 10,000. Después arrojó cruelmente a esos prisioneros desde lo alto de un precipicio rocoso y los mató a todos. No se nos dice qué provocó un trato tan severo, pero ciertamente fue una crueldad extrema. Los soldados de Israel que Amasías había enviado de regreso atacaron las ciudades de Judá mientras volvían, o poco después. Enojados porque los habían despedido, decidieron saquear Judá si no podían participar del botín de Edom. Atacaron varias ciudades fronterizas y mataron a 3,000 hombres que se resistieron. Sin embargo, Dios permitió esto por una razón. Aunque aquellos hombres habían sido enviados de regreso en obediencia a él, Dios aun así los utilizó para disciplinar a Judá, especialmente a las ciudades más influenciadas por la idolatría de Israel. El pueblo de Israel ya las había corrompido, y ahora se convirtió en una plaga para ellas. Satanás tienta y también atormenta.

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