Versículo destacado
1 Samuel 20:24 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" David se escondió en el campo. Cuando llegó la luna nueva, el rey se sentó a comer. "
1 Samuel 20:24
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
22 Pero si le digo al joven: “Mira, las flechas están más allá de ti”, vete, porque el SEÑOR te ha enviado lejos.
23 En cuanto al asunto del que tú y yo hemos hablado, mira, que el SEÑOR esté entre tú y yo para siempre.
24 David se escondió en el campo. Cuando llegó la luna nueva, el rey se sentó a comer.
25 El rey se sentó en su asiento, como las otras veces, en el asiento junto a la pared. Jonatán se levantó, Abner se sentó al lado de Saúl y el lugar de David quedó vacío.
26 Sin embargo, Saúl no dijo nada aquel día, porque pensó: «Algo le habrá sucedido; no está puro. Seguramente no está puro».
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Jonatán ahora estaba completamente convencido de aquello que antes no había querido creer: su padre sentía un odio constante contra David y sin duda lo mataría si tenía la oportunidad. Jonatán casi pagó con su propia vida por llegar a esa convicción. El primer día, notaron que David no estaba en el banquete, pero nadie dijo nada. El rey se sentó en su lugar para comer la ofrenda de paz, como lo hacía en otras ocasiones (1 Samuel 20:25), aunque su corazón seguía lleno de envidia y odio contra David. Primero debió reconciliarse con David y luego presentar su ofrenda. En cambio, pretendía usar el banquete como una oportunidad para derramar la sangre de David. ¡Qué terrible se vuelve un sacrificio cuando se ofrece con un corazón tan malvado! (Proverbios 21:27).
Cuando el rey llegó a su asiento, Jonatán se levantó en señal de respeto, tanto por ser su hijo como porque Saúl era su gobernante. Todos sabían cuál era su lugar, pero el asiento de David estaba vacío. Esto no era normal, porque David siempre asistía con gusto a los actos de adoración. Solo se había ausentado porque asistir habría puesto su vida en peligro, y protegerse requería que se retirara. Cuando el peligro es inmediato, es correcto apartarse de ciertas oportunidades y no exponernos precipitadamente al daño. Incluso Cristo se retiraba con frecuencia hasta que llegara el momento indicado.
Ese día, Saúl no dijo nada sobre la ausencia de David, sino que pensó: «Seguramente está ceremonialmente impuro» (1 Samuel 20:26). En otras palabras, le habría ocurrido algo que lo hacía ritualmente impuro, y eso le impediría comer alimentos consagrados hasta que lavara su ropa y su cuerpo y esperara hasta el anochecer. Saúl sabía con qué cuidado David obedecía la ley, y supuso que David preferiría quedarse fuera antes que presentarse estando impuro. Gracias a Dios, ahora ninguna impureza nos impide acercarnos a él, excepto aquello de lo que la fe y el arrepentimiento pueden limpiarnos en la fuente abierta para la purificación (Salmo 26:6).
Al segundo día, Saúl le preguntó a Jonatán, de quien sabía que era su confidente cercano: «¿Por qué no vino a comer el hijo de Isaí?» (1 Samuel 20:27). Habló de David con desprecio, llamándolo «el hijo de Isaí» en vez de referirse a él como su propio yerno. Parecía preguntar como si le importara la ausencia de David de una fiesta religiosa. Esto debe enseñar a los responsables de una familia a asegurarse de que quienes están bajo su cuidado no dejen de participar en la adoración, ya sea pública o familiar. Es algo serio faltar sin necesidad a un tiempo establecido de adoración. Tomás no llegó a ver a Cristo porque estuvo ausente cuando los discípulos se reunieron.
Pero la verdadera causa de la ira de Saúl era que había perdido la oportunidad que esperaba para hacerle daño a David. Jonatán respondió dando una explicación razonable de su ausencia (1 Samuel 20:28, 1 Samuel 20:29). Dijo que David se había ido por un buen motivo: estaba celebrando la fiesta en otro lugar después de que su hermano mayor lo invitara, tratándolo ahora con más respeto que antes (1 Samuel 17:28). David había ido a visitar a sus familiares y a mostrar el amor apropiado por su familia, y ningún superior le negaría a un servidor permiso para hacer eso cuando fuera el momento adecuado. Jonatán también dijo que David no se había ido sin autorización, sino que le había pedido permiso a él y lo había recibido, pues Jonatán era la persona indicada a quien debía acudir como su superior militar. De esta manera, Jonatán mostró que David no había faltado al respeto ni incumplido su deber hacia el gobierno.
Entonces Saúl estalló en una furia descontrolada, como un león enfurecido porque su presa se le ha escapado. David estaba fuera de su alcance, así que Saúl se volvió contra Jonatán por causa de David (1 Samuel 20:30, 1 Samuel 20:31). Usó un lenguaje vulgar y vergonzoso, indigno de un caballero o de un príncipe, especialmente contra su propio hijo, su heredero y alguien que le había servido fielmente. Lo hizo delante de muchas personas, durante un banquete en el que todos debían estar en paz, y en una fiesta sagrada que debió haber calmado las pasiones violentas. En efecto, le atribuyó a Jonatán tres cosas terribles.
Primero, lo trató como si fuera un hijo ilegítimo, al decirle: «¡Hijo de una mujer perversa y rebelde!». Ese era el tipo de lenguaje crudo que usaban quienes estaban dominados por una ira brutal. Saúl quería decirle: «Eres una vergüenza para tu madre». Lo acusaba de actuar tan mal que la gente podría sospechar que no era realmente hijo de Saúl, pues amaba al hombre que Saúl odiaba y apoyaba a quien, según la perspectiva de Saúl, traería la ruina sobre la familia. Segundo, lo llamó traidor. La expresión significa: «Hombre rebelde». En otras ocasiones, Saúl había confiado en Jonatán más que en cualquiera de sus comandantes o consejeros, pero ahora la ira lo llevó a hablar de él como si fuera una amenaza para su trono y su vida. Tercero, lo llamó necio. Le dijo que había escogido al hijo de Isaí como amigo para su propia ruina, porque David impediría que Jonatán se estableciera en el reino.
En realidad, Jonatán había actuado sabiamente por su propio bien y por el bien de su familia al ponerse del lado de David, a quien Dios había escogido para el trono. Sin embargo, por eso Saúl lo calificó de insensato. Siempre es bueno ponerse del lado del pueblo de Dios y caminar con quienes tienen a Dios consigo. Al final, eso demostrará ser para nuestro bien, aunque por ahora algunos nos consideren menos por hacerlo y lo vean como una pérdida para nuestros intereses terrenales. Saúl probablemente sabía que David había sido ungido como rey por la misma mano que lo había ungido a él. Si era así, Jonatán no era el necio; Saúl lo era, por intentar luchar contra el plan de Dios. Aun así, Saúl no se detuvo. Quería que David muriera y quería que Jonatán lo ayudara a entregarlo para su ejecución. La furia de Saúl permanece como una advertencia para nosotros. Nunca debemos darle lugar a algo semejante en nuestro corazón. La ira es una forma de locura, y quien odia a su hermano es un asesino.
Jonatán quedó profundamente herido y alterado por la cruel furia de su padre, especialmente porque había esperado algo mejor (1 Samuel 20:2). Le afligía ver que su padre se hubiera vuelto tan brutal. También le dolía por su amigo, que era amigo de Dios y estaba siendo tratado de manera tan vergonzosa. Se entristeció por David (1 Samuel 20:34), y también sufrió por sí mismo, porque su padre lo había humillado. Aunque aquella vergüenza era injusta, Jonatán todavía tuvo que soportarla. Es conmovedor ver cómo Jonatán quedó expuesto al peligro por ambos lados. Estaba en peligro de pecar, porque a este hombre sabio y bueno le costó mucho controlar su temperamento ante una provocación tan grande. No respondió a los insultos que Saúl dirigió contra él, y eso estuvo bien. Los subordinados deben soportar con calma y paciencia el desprecio que surge de la ira. Pero Jonatán no podía guardar silencio cuando Saúl condenó a muerte a David. Entonces respondió con cierta firmeza: «¿Por qué debe morir? ¿Qué ha hecho?» (1 Samuel 20:32). Las personas generosas suelen soportar con más facilidad los insultos contra ellas mismas que los insultos contra sus amigos.
Jonatán también estaba en peligro de muerte. Saúl se había vuelto tan violento que le lanzó una lanza (1 Samuel 20:33). Saúl había aparentado estar tan preocupado por que Jonatán se estableciera en el reino (1 Samuel 20:31), pero ahora intentaba matarlo con sus propias manos.
¡Qué necios puede hacer a las personas la ira, y cómo puede convertirlas en algo peor que las bestias salvajes! Por eso es necesario contenerla y dominarla. Jonatán ahora estaba completamente convencido de que se había planeado el mal contra David, y esto lo perturbó profundamente. Se levantó de la mesa, comprendiendo que, después de una amenaza tan grave contra la vida de David, no era momento de quedarse a comer.
No quiso comer ningún alimento, porque no se debía comer de la comida sagrada mientras se estaba de luto. Podemos suponer que todo el grupo quedó perturbado y que la alegría del banquete se arruinó. «El cruel se hace daño a sí mismo» (Proverbios 11:17).
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De este capítulo
1 Samuel 20:1
"David huyó de Nayot, en Ramá, fue ante Jonatán y le dijo: «¿Qué he hecho? ¿Cuál es mi maldad? ¿Cuál es mi pecado contra tu padre, para que busque quitarme la vida?»"
1 Samuel 20:2
"Él le respondió: «De ninguna manera; no morirás. Mira, mi padre no hace nada, ni grande ni pequeño, sin hacérmelo saber. ¿Por qué habría de ocultarme mi padre este asunto? No es así»."
1 Samuel 20:3
"David volvió a jurar y dijo: «Tu padre sabe muy bien que he hallado favor ante tus ojos, y dice: “Que Jonatán no sepa esto, para que no se entristezca”. Pero tan cierto como que vive el SEÑOR y como que vive tu alma, apenas hay un paso entre mí y la muerte»."
1 Samuel 20:4
"Entonces Jonatán dijo a David: «Haré por ti todo lo que tu alma desee»."
1 Samuel 20:5
"David dijo a Jonatán: Mira, mañana es luna nueva, y yo debería sentarme sin falta con el rey a comer. Pero déjame ir para que me esconda en el campo hasta la tarde del tercer día."
1 Samuel 20:6
"Si tu padre nota mi ausencia, dile: “David me pidió encarecidamente permiso para ir rápidamente a Belén, su ciudad, porque allí se celebra el sacrificio anual de toda la familia”."
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