Versículo destacado
1 Crónicas 4:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Los hijos de Judá fueron Fares, Hezrón, Carmi, Hur y Sobal. "
1 Crónicas 4:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Los hijos de Judá fueron Fares, Hezrón, Carmi, Hur y Sobal.
2 Reaía, hijo de Sobal, engendró a Jahat; y Jahat engendró a Ahumai y a Lahad. Estas son las familias de los zoratitas.
3 Estos fueron del padre de Etam: Jezreel, Isma e Idbas; y el nombre de su hermana era Haselelponi.
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Una razón por la que Esdras presta especial atención a la tribu de Judá es bastante clara. Judá, junto con Simeón, Benjamín y Leví, formaba el reino de Judá. Ese reino sobrevivió más tiempo que las demás tribus en Canaán y, para los días de Esdras, también había regresado del cautiverio, mientras que la mayoría de las otras tribus se habían perdido en Asiria. La persona más destacada de esta sección es Jabes. No se nos dice quién fue su padre ni en qué época vivió, pero parece que fue el fundador de una de las familias de Aharhel, mencionada en 1 Crónicas 4:8.
Su nombre tiene un significado triste. Su madre lo llamó Jabes porque, según dijo, lo había dado a luz con dolor (1 Crónicas 4:9). Todos los niños nacen en medio del dolor, pues Dios dijo: «Darás a luz a tus hijos con dolor», pero algunos nacimientos implican mucho más sufrimiento que otros. Por lo general, ese dolor se olvida después en medio de la alegría de tener al hijo, pero en este caso parece que fue tan grande que se recordó cuando el niño fue circuncidado, y el nombre mantuvo vivo ese recuerdo.
Tal vez su madre, como Raquel al ponerle el nombre a Benjamín, estaba tan angustiada que le dio ese nombre en un momento de dolor. O quizá, aunque después se recuperó, decidió conservarlo por dos razones provechosas. Primero, podía recordarle que debía dar gracias a Dios por haberla sostenido durante semejante sufrimiento. Es bueno recordar nuestras dificultades para no olvidar la actitud humilde que tuvimos en medio del sufrimiento y aprender a «alegrarnos con temor y temblor». Segundo, podía recordarle a Jabes el mundo en el que había nacido: un mundo de lágrimas y dificultades. El dolor relacionado con su nombre podía ayudarlo a ser una persona seria y reflexiva. También le recordaría amar y honrar a su madre, y corresponderle viviendo de una manera que le diera consuelo. Los hijos deben mostrar este tipo de cuidado hacia sus padres (1 Timoteo 5:4).
El carácter de Jabes era excelente. Era «más honorable que sus hermanos». La gracia de Dios lo elevó por encima de ellos, y la providencia de Dios le dio un lugar de honor. Otros quizá habían hecho cosas buenas, pero él los superó a todos. El dolor de su madre fue recompensado abundantemente, porque el hijo que le había costado más lágrimas le produjo la mayor alegría. Con frecuencia, Dios concede un gozo proporcional a los sufrimientos anteriores (Salmo 90:15).
No se nos dice exactamente por qué se le tenía en tan alta estima. Tal vez se debía a sus riquezas, a un cargo público o a sus éxitos militares, pero parece más probable que la causa fueran su conocimiento y su piedad. Esas son las cosas que verdaderamente honran a una persona. Quizá era conocido por sus conocimientos, ya que las familias de los escribas vivían en Jabes (1 Crónicas 2:55), y la ciudad pudo haber recibido su nombre de él. La tradición judía dice que era un famoso maestro de la ley que dejó muchos discípulos. Su nombre se menciona aquí sin explicación, lo que sugiere que los lectores ya lo conocían cuando Esdras escribió.
Jabes también era un hombre de oración. Eso lo hacía verdaderamente honorable, y por medio de la oración recibió de Dios bendiciones que aumentaron su honor. El camino más seguro hacia la grandeza es ser verdaderamente bueno y orar con frecuencia. Su oración pudo haber sido semejante a la oración de Salomón pidiendo sabiduría, ofrecida cuando comenzaba la obra de su vida. Jabes se disponía a reconocer a Dios en todos sus caminos, a vivir bajo la bendición y la protección de Dios, y prosperó por causa de ello. Quizá estas eran las cosas que presentaba regularmente delante de Dios en sus oraciones privadas y familiares, como lo hacía Daniel. Algunos piensan que esta oración ocurrió en un momento especial, cuando Jabes se encontraba bajo presión y era amenazado por sus enemigos.
Él oró al Dios de Israel, no a ninguno de los dioses falsos de las naciones. Invocó al Dios vivo y verdadero, el único que escucha y responde la oración. También acudió a Dios como el Dios de Israel, el Dios del pacto con su pueblo, el Dios con quien Jacob luchó y prevaleció, y por eso recibió el nombre de Israel.
Su oración puede entenderse de dos maneras. Si seguimos la lectura del margen, tiene la forma de un voto solemne: «Si en verdad me bendices…», y el resto queda implícito. Podría completarse con una promesa como la de Jacob: «Entonces tú serás mi Dios». Jabes no expresó cada palabra, quizá porque temía confiar demasiado en sí mismo o porque quería entregarse por completo a Dios. Es como si le hubiera entregado a Dios una página en blanco y le hubiera dicho: «Señor, si quieres bendecirme y guardarme, haz conmigo lo que quieras. Soy tuyo; dispón de mí». Si seguimos la lectura principal, se trata del clamor de un deseo profundo: «¡Cómo deseo que me bendigas!».
La oración tenía cuatro partes. Primero, pidió que Dios realmente lo bendijera; es decir, que lo bendijera grande y abundantemente. Quizá estaba pensando en la promesa que Dios le hizo a Abraham: «Te bendeciré en gran manera» (Génesis 22:17). Estaba pidiendo que la bendición de Abraham llegara también a él. Las bendiciones espirituales son las mejores bendiciones, y quienes las reciben son verdaderamente bendecidos. Las bendiciones de Dios son reales y eficaces; cuando él bendice, su bendición es segura.
Segundo, pidió que Dios ensanchara su territorio, es decir, que prosperara sus esfuerzos e incrementara lo que le había sido concedido, ya fuera mediante el trabajo o la guerra. Nosotros también debemos pedirle a Dios que ensanche nuestro corazón, para que él amplíe nuestro lugar en sí mismo y en el Canaán celestial.
Tercero, oró para que la mano de Dios estuviera con él. Moisés oró por Judá para que sus propias manos fueran suficientes para él (Deuteronomio 33:7), pero Jabes sabía que eso no sería cierto a menos que la mano de Dios lo acompañara. La mano de Dios con nosotros, guiándonos, protegiéndonos, fortaleciéndonos y obrando en nosotros y a nuestro favor, es la única mano verdaderamente suficiente.
Cuarto, pidió que Dios lo guardara del mal: del mal del pecado, de las dificultades y de los planes dañinos de sus enemigos. Pidió que ellos no lo lastimaran, no lo afligieran ni lo convirtieran en un verdadero hombre de dolor, lo cual habría correspondido al significado de su nombre. En cierto sentido, oró: «Padre celestial, líbrame del mal».
Dios le respondió. El Señor le concedió lo que había pedido y lo prosperó de una manera extraordinaria. Le dio éxito en su trabajo, en sus estudios, en sus negocios y en sus conflictos con los cananeos, de modo que llegó a ser más honorable que sus hermanos. Dios estaba dispuesto a escuchar la oración en aquel tiempo, y hoy no está menos dispuesto a hacerlo.
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De este capítulo
1 Crónicas 4:2
"Reaía, hijo de Sobal, engendró a Jahat; y Jahat engendró a Ahumai y a Lahad. Estas son las familias de los zoratitas."
1 Crónicas 4:3
"Estos fueron del padre de Etam: Jezreel, Isma e Idbas; y el nombre de su hermana era Haselelponi."
1 Crónicas 4:4
"También Penuel, padre de Gedor, y Ezer, padre de Husa. Estos son los hijos de Hur, primogénito de Efrata, padre de Belén."
1 Crónicas 4:5
"Asur, padre de Tecoa, tuvo dos esposas: Hela y Naara."
1 Crónicas 4:6
"Naara le dio a luz a Ahuzam, Hefer, Temeni y Ahastari. Estos fueron los hijos de Naara."
1 Crónicas 4:7
"Los hijos de Hela fueron Zeret, Jezoar y Etnán."
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