Versículo destacado
Apocalipsis 20:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Vi a un ángel que bajaba del cielo con la llave del abismo y una gran cadena en la mano. "
Apocalipsis 20:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Vi a un ángel que bajaba del cielo con la llave del abismo y una gran cadena en la mano.
2 Este ángel sujetó al dragón, aquella serpiente antigua que es el Diablo y Satanás, y lo encadenó por mil años.
3 Lo arrojó al abismo, donde lo encerró, y puso un sello sobre la puerta para que no engañara a las naciones hasta que pasaran los mil años, después de los cuales habrá de ser soltado por un poco de tiempo.
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Aquí tenemos una profecía acerca de Satanás siendo atado durante un tiempo determinado, para que tuviera mucho menos poder y la iglesia disfrutara de más paz que antes. El poder de Satanás ya había sido quebrantado parcialmente cuando el reino del evangelio de Cristo se estableció en el mundo. Se redujo aún más cuando el imperio se hizo cristiano, y nuevamente cuando cayó Babilonia mística, es decir, la religión falsa y corrupta. Aun así, esta serpiente tenía muchas cabezas; cuando una era herida, otra todavía conservaba vida.
Esta es otra restricción clara del poder de Satanás. Observemos a quién se le encomienda la tarea de atarlo: a un ángel del cielo. Es muy probable que este ángel sea el Señor Jesucristo mismo, porque la descripción difícilmente corresponde a alguien más. Él es quien puede atar al hombre fuerte y armado, expulsarlo y saquear su casa; por tanto, tiene que ser más fuerte que Satanás.
Observemos también los medios que usa para realizar esta obra. Tiene una cadena y una llave: una gran cadena para atar a Satanás y la llave de la prisión donde Satanás habría de permanecer encerrado. Cristo nunca carece del poder ni de las herramientas necesarias para quebrantar la fuerza de Satanás, porque tiene los poderes del cielo y las llaves del infierno.
Luego vemos cómo se lleva a cabo la obra (Apocalipsis 20:2-3). Cristo apresó al dragón, aquella serpiente antigua, que es el diablo y Satanás. Ni la fuerza del dragón ni la astucia de la serpiente pudieron librarlo de la mano de Cristo. Cristo lo sujetó firmemente. Lo arrojó al abismo, derribándolo con fuerza y justo juicio a la prisión que era su lugar apropiado. Desde allí se le había permitido salir para afligir a las iglesias y engañar a las naciones, pero ahora es enviado de nuevo a la prisión y encadenado.
Satanás queda encerrado y se coloca un sello sobre él. Cristo cierra, y nadie puede abrir. Él cierra con su poder y sella con su autoridad, y ni siquiera los demonios pueden romper su cerradura y su sello. También se nos dice cuánto dura este confinamiento: mil años, después de los cuales será liberado por un poco de tiempo. La iglesia disfrutaría de una larga temporada de paz y crecimiento, pero sus pruebas todavía no habrían terminado por completo.
A continuación se relata el reinado de los santos durante el mismo período en que Satanás permanece atado (Apocalipsis 20:4-6). Estos son los que recibieron honra: quienes sufrieron por Cristo y todos los que permanecieron fieles a él, sin recibir la marca de la bestia ni adorar su imagen. Son todos los que se mantuvieron libres de la idolatría pagana y papal.
La honra que recibieron es grande. Fueron levantados de entre los muertos y volvieron a vivir. Esto puede entenderse de manera literal o figurada. Estaban muertos en un sentido civil y político, y ahora experimentaron una resurrección política, al serles devueltas sus libertades y privilegios. Se les dieron tronos y autoridad para juzgar; así recibieron gran honra, influencia y gobierno, aunque esto parece tener un carácter más espiritual que político.
También reinaron con Cristo durante mil años. Los que sufren con Cristo reinarán con Cristo. Reinarán con él en su reino espiritual y celestial, compartiendo su sabiduría, justicia y santidad de una manera que el mundo no había visto antes. Esto se llama la primera resurrección, y nadie más que quienes han servido y sufrido por Cristo participará en ella. Los malvados no serán levantados ni restaurados al poder hasta que Satanás sea liberado. Esto puede llamarse una resurrección, así como la conversión de los judíos se llama vida de entre los muertos.
Después se describe la felicidad de estos siervos de Dios. Son bienaventurados y santos (Apocalipsis 20:6). Nadie puede ser verdaderamente bienaventurado si no es santo, y todos los que son santos serán bienaventurados. Estos santos eran santos como una especie de primicias para Dios en esta resurrección espiritual, y Dios los bendijo como tales.
También están a salvo del poder de la segunda muerte. Sabemos algo acerca de la primera muerte, y es terrible. Pero no sabemos por experiencia qué es la segunda muerte. Tiene que ser mucho más espantosa, porque es la muerte del alma, la separación eterna de Dios. Que el Señor nos guarde de llegar a saber por experiencia lo que eso significa. Quienes han conocido una resurrección espiritual son salvados del poder de la segunda muerte.
Luego llegamos al regreso de los problemas de la iglesia y a otro gran conflicto, intenso, pero breve y decisivo. Finalmente se levantan las restricciones impuestas a Satanás. Mientras dure este mundo, el poder de Satanás no será destruido por completo. Puede ser limitado y reducido, pero todavía tendrá alguna obra que hacer para perturbar al pueblo de Dios.
En cuanto Satanás es liberado, vuelve a su antigua obra: engañar a las naciones. Mediante ese engaño las incita a hacer guerra contra los santos y los siervos de Dios; nunca harían algo así si él no las engañara primero. Son engañadas tanto acerca de la causa que apoyan, pues la consideran buena cuando en realidad es muy mala, como acerca del resultado, pues esperan tener éxito cuando en realidad están destinadas a perder.
Sus últimos esfuerzos parecen ser los más fuertes. El poder que ahora se le permite ejercer parece menos restringido que antes. Se le da libertad para reunir voluntarios de los cuatro extremos de la tierra, y levanta un ejército enorme, tan numeroso como la arena del mar (Apocalipsis 20:8).
También se nos dicen los nombres de los principales líderes bajo el dragón: Gog y Magog. No necesitamos ser demasiado curiosos acerca de cuáles poderes representan exactamente estos nombres, pues el ejército procede de todas las partes del mundo. Estos nombres aparecen en otros lugares de la Escritura. Magog se menciona en Génesis 10:2 como uno de los hijos de Jafet, y sus descendientes se extendieron por diversas tierras. Gog y Magog aparecen juntos en Ezequiel 38:2, y esa profecía proporciona muchas de las imágenes usadas aquí.
Después viene la marcha y la formación para la batalla de este peligroso ejército (Apocalipsis 20:9). Se extienden por toda la tierra y rodean el campamento de los santos y la ciudad amada, es decir, la Jerusalén espiritual donde el pueblo de Dios guarda sus esperanzas y bendiciones más preciadas. Por eso es amada para ellos. Se presenta a los santos saliendo de la ciudad y acampando alrededor de ella para defenderla. Pero el ejército enemigo era tan numeroso que rodeó tanto a los santos como a su ciudad.
Luego vemos la batalla y su resultado: desciende fuego del cielo, de parte de Dios, y devora al enemigo. De la misma manera, la ruina de Gog y Magog fue anunciada en Ezequiel 38:22, donde Dios dice que enviará lluvia torrencial, grandes piedras de granizo, fuego y azufre. Dios mismo peleará esta batalla final y decisiva por su pueblo de una manera extraordinaria y directa, de modo que la victoria será completa y la gloria le pertenecerá a él.
Ahora se muestra la ruina y el castigo del gran enemigo, el diablo. Es arrojado al infierno junto con sus dos principales agentes, la bestia y el falso profeta, es decir, la tiranía y la idolatría. No son enviados allí por un tiempo limitado, sino para ser atormentados día y noche por los siglos de los siglos.
De este capítulo
Apocalipsis 20:2
"Este ángel sujetó al dragón, aquella serpiente antigua que es el Diablo y Satanás, y lo encadenó por mil años."
Apocalipsis 20:3
"Lo arrojó al abismo, donde lo encerró, y puso un sello sobre la puerta para que no engañara a las naciones hasta que pasaran los mil años, después de los cuales habrá de ser soltado por un poco de tiempo."
Apocalipsis 20:4
"Vi tronos, y en ellos estaban sentados los que habían recibido autoridad para juzgar. Vi también las almas de aquellos a quienes les habían cortado la cabeza por haber sido fieles al testimonio de Jesús y al mensaje de Dios. Ellos no habían adorado al monstruo ni a su imagen, ni se habían dejado poner su marca en la frente o en la mano. Y vi que volvieron a vivir y que reinaron con Cristo mil años."
Apocalipsis 20:5
"Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta después de los mil años. Esta es la primera resurrección."
Apocalipsis 20:6
"¡Dichosos los que tienen parte en la primera resurrección, pues pertenecen al pueblo santo! La segunda muerte no tiene ningún poder sobre ellos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él los mil años."
Apocalipsis 20:7
"Cuando hayan pasado los mil años, Satanás será soltado de su prisión,"
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