Versículo destacado
Salmos 82:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Dios se levanta en la asamblea divina y dicta sentencia en medio de los dioses: "
Salmos 82:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Dios se levanta en la asamblea divina y dicta sentencia en medio de los dioses:
2 ¿Hasta cuándo harán ustedes juicios falsos y se pondrán de parte de los malvados?
3 ¡Hagan justicia al débil y al huérfano! ¡Hagan justicia al pobre y al necesitado!
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Aquí se presenta la autoridad suprema de Dios sobre todo consejo y tribunal como una verdad que tanto los gobernantes como la gente común deben creer (Salmos 82:1). Dios está de pie como el gobernante principal en la asamblea de los poderosos, y juzga entre los gobernantes inferiores. Tanto el poder de hacer las leyes como el de hacerlas cumplir están bajo su mirada y bajo su control.
Primero, esto muestra la dignidad y el poder de los magistrados, es decir, de los gobernantes civiles. Se les llama «los poderosos» porque tienen una autoridad real para el bien público, y deben ejercerla con sabiduría y valor. En hebreo, incluso se les llama dioses, usando la misma palabra que se usa para Dios mismo; no porque sean iguales a él, sino porque gobiernan como servidores bajo su autoridad. Los buenos gobernantes se parecen a Dios de manera limitada, porque son sus representantes y una bendición para el pueblo; pero los gobernantes perversos pueden convertirse en leones rugientes y osos hambrientos contra los pobres (Proverbios 28:15).
Segundo, el salmo señala un gobierno en el que el gobernante supremo está acompañado por su consejo y sus jueces. La fuente compara esto con una monarquía mixta, en la que un rey gobierna junto con asesores, un parlamento y jueces. Todos están incluidos en el término «los poderosos», porque comparten la autoridad pública bajo el único Señor soberano.
Tercero, no se puede negar que Dios gobierna sobre todos estos gobernantes. Él está en medio de ellos, los juzga y les da su autoridad, porque los reyes reinan por medio de él. Está presente en todos sus debates, ve lo que dicen y hacen, y les pedirá cuentas por sus decisiones injustas. Dios puede inclinar su corazón e incluso dirigir sus palabras como él quiere (Proverbios 21:1). Esto debe humillar a los magistrados y dar consuelo a sus súbditos, porque aun cuando los gobernantes tengan malas intenciones, Dios puede contenerlos.
Luego, el salmo encarga a todos los magistrados que usen bien su poder, porque tendrán que responder ante aquel que se lo confió (Salmos 82:3, 4). Deben defender al pobre, que no tiene dinero para conseguir ayuda, y al huérfano, que ha perdido a quienes debían guiarlo y protegerlo. Los magistrados deben actuar como padres para su nación y, especialmente, como padres para quienes no tienen ninguno. De ese modo siguen a Dios, que es el Padre de los huérfanos. Job también fue un hombre así (Job 29:12).
También deben hacer justicia al afligido y al necesitado, quienes con frecuencia son tratados injustamente porque son débiles. Su pobreza nunca debe contar en su contra, sin importar cuán poderosos sean sus adversarios. Si un pobre tiene un caso justo, el juez debe tratarlo como justo. Además, deben rescatar a quienes ya han sido capturados por los opresores y ponerlos en libertad. Este es un trabajo que no recibe recompensa del mundo, pero es precisamente la labor que los jueces y gobernantes están llamados a realizar, porque deben preocuparse por el bienestar y la causa de los indefensos.
El salmo también denuncia a los malos magistrados que descuidan estos deberes y abusan de su poder, como si Dios no estuviera en medio de ellos (Salmos 82:2, 5). Su pecado consiste en juzgar injustamente, en contra de lo correcto y de lo que sus propias conciencias les dicen. A veces se ponen del lado de los culpables por favoritismo o afecto, y otras veces condenan a los inocentes por malicia. Hacer el mal es grave, pero juzgar mal es peor, porque utiliza la apariencia de la justicia para ocultar la injusticia. Esa corrupción fue uno de los grandes males que Salomón vio debajo del sol: el lugar destinado al juicio estaba lleno de maldad (Eclesiastés 3:16; Isaías 5:7).
Estos gobernantes hacen algo más que favorecer a los ricos. Incluso favorecen a los perversos por el simple hecho de ser perversos y apoyan sus intereses malvados. Esto es un desastre para cualquier nación. Se les había dicho claramente que su deber era proteger y librar a los pobres, pero juzgan injustamente porque no saben ni quieren entender. Se niegan a aprender lo que es correcto y se dejan llevar por el interés propio en vez de la razón o la justicia. Los sobornos secretos les ciegan los ojos. No saben porque no quieren entender. Nadie es tan ciego como quien se niega a ver. Cuando las personas siguen caminando en una oscuridad así, avanzan hacia una oscuridad permanente.
El resultado de esta corrupción es que todos los fundamentos de la tierra se estremecen y quedan fuera de su lugar. Cuando se pervierte la justicia, ¿qué bien se puede esperar? Los males públicos se convierten en ruina pública. Como dice el salmo en otro lugar, cuando falla el juicio, toda la tierra se afloja y queda en peligro de derrumbarse (Salmos 75:3). Los pecados de quienes ocupan cargos públicos se convierten en el sufrimiento de todo el pueblo.
De este capítulo
Salmos 82:2
"¿Hasta cuándo harán ustedes juicios falsos y se pondrán de parte de los malvados?"
Salmos 82:3
"¡Hagan justicia al débil y al huérfano! ¡Hagan justicia al pobre y al necesitado!"
Salmos 82:4
"¡Libren a los débiles y pobres, y defiéndanlos de los malvados!"
Salmos 82:5
"Pero ustedes no saben ni entienden; andan en la oscuridad. Los cimientos de la tierra tiemblan."
Salmos 82:6
"Yo dije que ustedes son dioses; que todos son hijos del Altísimo."
Salmos 82:7
"Sin embargo, morirán como todo hombre; ¡caerán como cualquier tirano!"
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