Versículo destacado
Salmos 34:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Bendeciré al Señor en todo momento; mis labios siempre lo alabarán. "
Salmos 34:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Bendeciré al Señor en todo momento; mis labios siempre lo alabarán.
2 Yo me siento orgulloso del Señor; ¡óiganlo y alégrense, hombres humildes!
3 Alabemos juntos y a una voz la grandeza del nombre del Señor.
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El título de este salmo nos dice quién lo escribió y cuándo lo hizo. David, expulsado de su tierra por la ira de Saúl, buscó seguridad lo más cerca posible de su hogar, en territorio filisteo. Allí lo reconocieron y lo llevaron ante el rey, llamado Aquís en el relato, que era su nombre personal, y Abimelec aquí, que parece haber sido su título. Como temía que lo trataran como espía, David fingió estar loco para que Aquís lo despidiera como a un hombre inofensivo, en vez de tratarlo como una amenaza.
No podemos defender el engaño de David. Fue incorrecto que un hombre honesto fingiera ser lo que no era, y fue indigno que un hombre honorable actuara como un necio. Si nos burlamos de quienes tienen menos entendimiento del que creemos tener, debemos recordar que Dios fácilmente pudo haber permitido que estuviéramos en su lugar. Aun así, no podemos evitar admirar la calma que David conservó en su interior. Incluso en medio de aquel peligro, su corazón estaba firme en Dios, y escribió este salmo, que revela una mente estable y serena.
Este salmo también está cuidadosamente organizado. Es un salmo alfabético: cada versículo comienza con las letras hebreas en orden. Esa estructura muestra cuán bien David conservó la compostura y mantuvo activa su fe, aun cuando tenía razones para actuar de manera extraña. Dichosas son las personas que pueden controlar su temperamento y seguir confiando en Dios cuando la presión las tienta a comportarse mal.
En esta primera parte del salmo, David se anima a sí mismo a alabar a Dios. Aunque había pecado al cambiar su manera de comportarse, fue la misericordia de Dios la que le permitió escapar. Y como Dios no lo trató conforme a lo que su engaño merecía, David sabía que debía darle gracias en todo. Primero, decide alabar a Dios todo el tiempo, en toda ocasión. Se propone apartar momentos establecidos para cumplir con este deber, aprovechar cada oportunidad y renovar su alabanza cada vez que Dios le dé nuevas razones para agradecerle. Si esperamos pasar la eternidad alabando a Dios, es correcto dedicar a esa labor todo el tiempo presente que podamos.
Segundo, alabará a Dios abiertamente: «Su alabanza estará continuamente en mi boca». David quería que los demás vieran con cuánto gozo reconocía la misericordia de Dios, y quería hacerles notar que ellos también tenían el deber de hacer lo mismo. Tercero, lo alabará de corazón: «En el SEÑOR se gloriará mi alma», es decir, en su relación con Dios, en su participación de las bendiciones de Dios y en la esperanza que tiene en él. No es orgullo gloriarse en el SEÑOR.
Luego David invita a otros a unirse a él. Espera que los humildes escuchen acerca de su liberación y de su gratitud, y que se alegren de que un hombre bueno haya recibido tal favor y de que Dios haya recibido tal honor. Las personas humildes encuentran el mayor consuelo en las misericordias que Dios muestra a otros y a ellas mismas, porque confían menos en su propio valor o en sus propias fuerzas. David se alegraba al pensar que la bondad de Dios hacia él animaría el corazón de cada israelita.
David quiere que estemos de acuerdo con él en tres cosas. Primero, debemos tener pensamientos grandes acerca de Dios y demostrarlo al engrandecerlo y exaltar su nombre (Salmos 34:3). No podemos hacer que Dios sea más grande de lo que es, pero cuando lo honramos como infinitamente grande, él considera que lo estamos engrandeciendo. Debemos hacerlo juntos. Las alabanzas a Dios suenan mejor en grupo, así como los ángeles lo alaban en el cielo. Quienes comparten el favor de Dios deben unirse en su alabanza, y debemos alegrarnos tanto de que nuestros amigos nos ayuden a dar gracias como de que nos ayuden a orar.
Tenemos razones para agradecerle a Dios porque está dispuesto a escuchar la oración, algo que todo su pueblo ha experimentado. Él nunca le ha dicho a ninguno de los suyos: «Búscame en vano». David mismo puede testificar que Dios escucha la oración (Salmos 34:4). Buscó al SEÑOR en su angustia, le pidió ayuda, y Dios lo escuchó y lo libró de todos sus temores. Dios hizo esto tanto por medio de su providencia, es decir, al disponer los acontecimientos a nuestro favor, como por medio de su gracia, al aquietar nuestro corazón. De hecho, calmar el temor suele ser una misericordia mayor, porque el temor mismo es pecado y con frecuencia constituye nuestro tormento más profundo. Puede afligir el alma más que el peligro mismo.
Las oraciones de David ayudaron a calmar sus temores. Había presentado su situación delante de Dios, por lo que pudo esperar el resultado en paz. Alguien podría decir que David era un hombre importante y que quizá no deberíamos esperar recibir la misma ayuda. Pero muchas otras personas han puesto su mirada en Dios con fe y oración, y sus rostros se han llenado de alivio y esperanza (Salmos 34:5). Ana es un ejemplo: después de orar, se fue, comió y dejó de estar triste. Cuando miramos al mundo, nos confundimos y nos oscurecemos por dentro. Cuando miramos a Dios, recibimos luz, dirección y alegría, y nuestro camino se vuelve claro y bueno. Quienes confiaron en Dios no fueron avergonzados; su esperanza no quedó frustrada.
Alguien más podría decir que aquellas personas eran importantes. Pero David va más allá: «Este pobre clamó» (Salmos 34:6). Una sola persona, humilde y desconocida, fue recibida ante el trono de la gracia con la misma atención que David o sus valientes guerreros. El SEÑOR la escuchó, tomó en cuenta su situación y su oración, y la salvó de todas sus angustias. Dios escucha la oración de los necesitados (Salmos 102:17; Isaías 57:15).
David también le da gracias a Dios por el ministerio de los buenos ángeles que nos rodean (Salmos 34:7). El ángel del SEÑOR, ya sea que se refiera a una guardia de ángeles que actúan juntos como uno solo o a un ángel guardián, acampa alrededor de quienes temen a Dios, como una guardia real alrededor de un príncipe, y los libra.
Con frecuencia, Dios usa a los santos ángeles para proteger a su pueblo de la maldad y del poder de los espíritus malignos. Sabemos mucho menos de su obra de lo que deberíamos, porque cada día hacen muchas cosas buenas por nosotros sin que las veamos. Aunque los ángeles están muy por encima de nosotros en dignidad y capacidades naturales, conservan la obediencia pura con la que fueron creados, algo que nosotros hemos perdido. Aunque siempre están ocupados en el cielo, alabando a Dios y disfrutando allí de un descanso y una alegría perfectos, siguen obedeciendo a su Creador al servir a quienes llevan su imagen. No solo visitan al pueblo de Dios, sino que también acampan a su alrededor y trabajan para su bien, como lo hicieron con Jacob (Génesis 32:1) y con Eliseo (2 Reyes 6:17). Toda la gloria pertenece al Dios de los ángeles.
David quiere que nos unamos a él para hablar bien de Dios. «Prueben y vean que el SEÑOR es bueno» significa más que escuchar acerca de la bondad de Dios; significa experimentarla personalmente. La bondad de Dios incluye tanto la belleza de quién es él como la bondad de lo que da por medio de su providencia y su gracia. Por eso debemos experimentar que es un dador generoso y encontrar dulzura en todos sus regalos. También debemos ver que él es un ser hermoso y perfecto, y deleitarnos al pensar en su bondad interminable. Por medio del gusto y de la vista descubrimos las cosas y también las disfrutamos. Así que este llamado consiste en reconocer la bondad de Dios y descansar en ella, porque él es bueno con quienes confían en él (1 Pedro 2:3). Si estamos convencidos de su bondad, tendremos valor para confiar en él aun en los momentos más difíciles.
También quiere que nos unamos a él en una firme decisión de buscar a Dios, servirle y seguir temiéndole. «Teman al SEÑOR, ustedes sus santos» significa que, cuando probamos y vemos que Dios es bueno, no debemos olvidar que también es grande y digno de profunda reverencia. Incluso su bondad debe llevarnos a un temor reverente y lleno de amor. La Escritura dice: «Temerán al SEÑOR y a su bondad» (Oseas 3:5). Temer al SEÑOR significa adorarlo y prestar cuidadosa atención a nuestro deber hacia él en todo. No significa huir de él, sino buscarlo, como un pueblo busca a su Dios (versículo 10). Debemos acercarnos a él y poner toda nuestra vida en sus manos.
Para animarnos, el salmo promete que quienes temen a Dios y lo buscan no carecerán de ningún bien, aun en este mundo necesitado. Tal vez no tendrán todas las comodidades que desean, pero no tendrán una verdadera razón para quejarse de que les falte algo bueno. En la vida futura, tendrán la gracia suficiente para sostener su vida espiritual (2 Corintios 12:9; Salmos 84:11). En esta vida, Dios les dará lo que necesitan para vivir y los alimentará como un padre les da alimento apropiado a sus hijos. Si necesitan más consuelo, se lo dará en la medida que su sabiduría considere conveniente. Lo que les niegue en un área, lo compensará en otra. Y aquello que les niegue, los ayudará a vivir contentos sin eso, de modo que en realidad no les falte (Deuteronomio 3:26). Pablo podía decir que lo tenía todo y que abundaba, porque había aprendido a estar satisfecho (Filipenses 4:11, 4:18). Quienes viven por fe en la suficiencia total de Dios no carecen de nada, porque en él tienen todo lo necesario.
Aun los leoncillos suelen pasar hambre, porque quienes viven únicamente de la providencia ordinaria, como las fieras, pueden carecer de la satisfacción que nace de confiar en la promesa de Dios. Quienes confían en sí mismos y creen que sus propias fuerzas son suficientes a menudo quedarán decepcionados, porque el pan no siempre les llega a los sabios. Pero quienes confían en Dios y están dispuestos a depender de él serán alimentados. A los codiciosos, que viven quitándoles a los demás, les faltará lo necesario; pero los mansos heredarán la tierra. Quienes hacen tranquilamente su trabajo y se ocupan de sus propios asuntos no pasarán necesidad. Jacob, de corazón sencillo, tiene suficiente comida, mientras que Esaú, el hábil cazador, está a punto de morir de hambre.
De este capítulo
Salmos 34:2
"Yo me siento orgulloso del Señor; ¡óiganlo y alégrense, hombres humildes!"
Salmos 34:3
"Alabemos juntos y a una voz la grandeza del nombre del Señor."
Salmos 34:4
"Recurrí al Señor, y él me respondió y me libró de todos mis temores."
Salmos 34:5
"Los que miran al Señor quedan radiantes de alegría y jamás se verán defraudados."
Salmos 34:6
"Este pobre gritó, y el Señor lo oyó y lo libró de todas sus angustias."
Salmos 34:7
"El ángel del Señor protege y salva a los que honran al Señor."
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