Versículo destacado
Mateo 4:18 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Jesús caminaba por la orilla del Lago de Galilea cuando vio a dos hermanos: uno era Simón, también llamado Pedro, y el otro, Andrés. Eran pescadores y estaban echando la red al agua. "
Mateo 4:18
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
16 El pueblo que andaba en la oscuridad vio una gran luz; una luz ha brillado para los que vivían en sombras de muerte.
17 Desde entonces, Jesús comenzó a proclamar: «Vuélvanse a Dios, porque el reino de los cielos está cerca.»
18 Jesús caminaba por la orilla del Lago de Galilea cuando vio a dos hermanos: uno era Simón, también llamado Pedro, y el otro, Andrés. Eran pescadores y estaban echando la red al agua.
19 Jesús les dijo: —Síganme, y yo los haré pescadores de hombres.
20 De inmediato dejaron sus redes y se fueron con él.
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Cuando Cristo comenzó a predicar, también comenzó a reunir discípulos. Primero, estos hombres escucharían sus enseñanzas y después las predicarían ellos mismos. Primero serían testigos de sus milagros y después darían testimonio de ellos a los demás. En estos versículos vemos a los primeros discípulos que llamó para tener una comunión cercana con él.
Esto muestra, en primer lugar, el llamado eficaz de Cristo: su llamado poderoso, que verdaderamente lleva a las personas hacia él. En su predicación hizo un llamado general a todo el país, pero aquí hizo un llamado especial y personal a aquellos que el Padre le había dado. Debemos admirar el poder de la gracia de Cristo, confiar en su palabra como la fuerza que sostiene su obra y esperar esas poderosas influencias que hacen eficaz el llamado del evangelio. Todo el país recibió el llamado, pero estos hombres fueron llamados de manera particular y redimidos de entre los demás. Cristo se les reveló de una manera en que no se reveló al mundo.
En segundo lugar, este llamado también fue una designación para la obra del ministerio. Cuando Cristo, como maestro, estableció su gran escuela, uno de sus primeros actos fue nombrar ayudantes, como asistentes o maestros auxiliares, para colaborar en la enseñanza. Así comenzó a dar dones a las personas y a depositar un tesoro en vasos de barro, es decir, en siervos humanos frágiles. Esto fue una señal temprana de su cuidado por la iglesia.
Podemos observar, primero, dónde fueron llamados: junto al mar de Galilea, por donde caminaba Jesús, cerca de Capernaúm. Los judíos tenían un dicho acerca del mar de Tiberíades, otro nombre para este mar: de los siete mares que Dios hizo, no escogió ninguno sino el mar de Genesaret. Esto armoniza con la elección de Cristo, pues con frecuencia honró este lugar con su presencia y sus milagros. Aquí caminó por la orilla, como Isaac había caminado una vez por el campo, y aquí vino a llamar a sus discípulos. No fue a la corte de Herodes, porque pocos de los poderosos o nobles son llamados. Tampoco fue a Jerusalén, entre los principales sacerdotes y los ancianos, sino al mar de Galilea. Cristo no ve como ven las personas.
Esto no significa que el mismo poder que llamó a Pedro y Andrés no hubiera podido obrar en Anás y Caifás, los dirigentes sacerdotales. Para Dios nada es imposible. Pero en esto, como en muchas otras cosas, Cristo se humilló y mostró que Dios ha escogido a los pobres de este mundo. Galilea era una región más remota de la nación. Sus habitantes eran menos refinados y cultos, y hasta su manera de hablar los identificaba como gente sencilla y sin educación. Los que estaban junto al mar de Galilea no contaban con las ventajas de la instrucción, ni siquiera con las de los galileos más refinados. Sin embargo, Cristo fue allí para llamar a los apóstoles que llegarían a ser los principales ministros de su reino, porque él escoge lo débil y lo insensato del mundo para avergonzar a los sabios.
En segundo lugar, vemos quiénes eran. Estos versículos nos hablan de dos pares de hermanos: Pedro y Andrés, y Jacobo y Juan. Los dos primeros, y probablemente también los otros dos, ya habían conocido a Cristo (Juan 1:40-41), pero todavía no habían sido llamados a permanecer cerca de él de manera constante. Cristo lleva poco a poco a las almas pobres a la comunión con él. Ellos habían sido discípulos de Juan el Bautista, lo cual los había preparado para seguir a Cristo. Quienes han aceptado el arrepentimiento, es decir, quienes se han apartado del pecado, son bienvenidos a los gozos de la fe.
Eran hermanos, y esto merece nuestra atención. Es una bendición que quienes están unidos por la sangre también estén unidos espiritualmente a Jesucristo. Es un honor y un consuelo que las personas de una misma familia pertenezcan también a la familia de Dios.
También eran pescadores. Como eran pescadores, eran hombres pobres. Si hubieran tenido propiedades o grandes negocios, probablemente no habrían hecho de la pesca su oficio, aunque tal vez la habrían practicado por placer. Cristo no desprecia a los pobres, y nosotros tampoco debemos hacerlo. A los pobres se les anuncia el evangelio, y la Fuente de todo honor a veces concede mayor honor precisamente a la parte que más carecía de él.
También eran hombres sin mucha instrucción, no preparados en los libros ni en los estudios formales como Moisés, que conocía toda la sabiduría de los egipcios. Cristo a veces escoge conceder los dones de la gracia a quienes tienen menos dones naturales. Sin embargo, esto no justifica que personas ignorantes o no calificadas se apresuren a entrar en el ministerio. No debemos esperar los dones extraordinarios que pertenecieron a los primeros apóstoles, pero todavía se requieren cualidades ordinarias. Sin una medida adecuada de ellas, nadie debe ser admitido a esa obra.
Eran hombres acostumbrados al trabajo, dedicados a un oficio. La diligencia en un trabajo honrado agrada a Cristo y no impide llevar una vida santa. Moisés fue llamado mientras cuidaba ovejas, y David mientras seguía a las ovejas, para realizar una obra mayor. Las personas perezosas están más expuestas a las tentaciones de Satanás que al llamado de Dios.
También estaban acostumbrados a las dificultades y los peligros. La pesca era más trabajosa y arriesgada que muchos otros oficios. Los pescadores con frecuencia estaban mojados y tenían frío. Debían observar, esperar, trabajar arduamente y enfrentar los peligros del agua. Quienes han aprendido a soportar las dificultades y los riesgos están mejor preparados para la comunión con Jesucristo. Los buenos soldados de Cristo deben estar dispuestos a sufrir dificultades.
En tercer lugar, vemos qué estaban haciendo. Pedro y Andrés estaban usando sus redes, mientras que Jacobo y Juan estaban reparando las suyas. Esto muestra su diligencia y su cuidado prudente. No le pidieron dinero a su padre para comprar redes nuevas, sino que se tomaron el trabajo de reparar las viejas. Es digno de elogio hacer que lo que tenemos dure todo el tiempo posible. Jacobo y Juan estaban con su padre Zebedeo, listos para ayudarlo y hacerle más fácil su trabajo. Es una señal esperanzadora ver a los hijos atentos a sus padres y obedientes con ellos.
Todos estaban ocupados; ninguno estaba ocioso. Cuando Cristo viene, es bueno que nos encuentre trabajando. La pregunta «¿Estoy en Cristo?» es muy necesaria, y junto a ella debe estar esta otra: «¿Soy fiel en mi llamado?». También realizaban distintas clases de trabajo. Dos estaban pescando y dos estaban reparando redes. Los ministros siempre deben estar ocupados, ya sea enseñando o estudiando. Siempre pueden encontrar algo útil que hacer si no descuidan su deber. Reparar las redes, en el momento apropiado, es tan necesario como pescar.
En cuarto lugar, vemos cuál fue el llamado: «Síganme, y yo haré que sean pescadores de hombres» (Mateo 4:19). Ya habían seguido a Cristo antes como discípulos comunes (Juan 1:37), y podían hacerlo mientras continuaban con su oficio. Pero ahora fueron llamados a permanecer cerca de él de una manera más estrecha y constante, lo que significaba dejar su antiguo trabajo. Incluso quienes ya han sido llamados a seguir a Cristo necesitan ser llamados a seguirlo de manera más plena y cercana, especialmente cuando están siendo preparados para el ministerio.
El propósito de Cristo para ellos era claro: «Yo haré que sean pescadores de hombres». Esta imagen provenía de su antiguo trabajo como pescadores.
No debían enorgullecerse del nuevo honor que Jesús les estaba dando. Seguían siendo pescadores. Tampoco debían temer la nueva tarea que tenían delante, porque ya habían trabajado como pescadores y, en otro sentido, seguirían siéndolo. Cristo hablaba con frecuencia de las realidades espirituales y celestiales usando imágenes de la vida diaria, tomadas de lo que lo rodeaba. David fue llamado de cuidar ovejas a cuidar al pueblo de Dios, Israel, y aun como rey sigue siendo presentado como un pastor.
Los ministros son pescadores de hombres; es decir, buscan las almas de las personas, no para hacerles daño, sino para salvarlas al llevarlas a una vida nueva. No deben pescar para conseguir ira, dinero, honor o reconocimiento para sí mismos, sino para ganar almas para Cristo. Ellos velan por las almas de ustedes (Hebreos 13:17), y no buscan lo que les pertenece, sino a ustedes mismos (2 Corintios 12:14, 16). Es Jesucristo quien los capacita para esta obra. Él dice: «Yo haré que sean pescadores de hombres». Les da la capacidad, los llama, les concede autoridad para buscar a las almas y les da sabiduría para ganarlas. Los ministros que tienen más probabilidades de hallar gozo en su trabajo son aquellos a quienes Jesucristo ha preparado para él.
Para realizar esta obra, primero deben seguir a Cristo. Esto significa apartarse para prestar una atención cercana a Cristo e imitarlo con humildad. Deben seguirlo como su guía. Quienes Cristo usa en cualquier servicio para él primero deben ser preparados para ese servicio. Los que desean predicar a Cristo primero deben conocer a Cristo y aprender de él. ¿Cómo podrían llevar a otros a conocer bien a Cristo si ellos mismos no lo conocen? Quienes desean tener una relación verdadera con Cristo deben permanecer firmes y fieles en estar con él. Los apóstoles fueron preparados para su obra al permanecer con Cristo todo el tiempo que él estuvo entrando y saliendo entre ellos (Hechos 1:21). Ningún aprendizaje es mejor que el que se obtiene siguiendo a Cristo. Josué, al servir a Moisés, fue preparado para sucederlo.
Quienes han de pescar hombres deben seguir a Cristo en la manera de hacerlo, con diligencia, fidelidad y ternura. Cristo es el gran modelo para los predicadores, y ellos deben trabajar junto con él.
El resultado de este llamado fue sorprendente. Pedro y Andrés dejaron de inmediato sus redes (Mat. 4:20), y Jacobo y Juan enseguida dejaron la barca y a su padre (v. 22). Todos lo siguieron. Quienes desean seguir correctamente a Cristo deben dejarlo todo para seguirlo. Todo cristiano debe renunciar a todas las cosas en su corazón, mantener un apego libre a los bienes terrenales y amar a su padre y a su madre menos que a Cristo (Luc. 14:26). Deben estar dispuestos a renunciar a su derecho sobre esas cosas antes que renunciar a su compromiso con Jesucristo. Quienes son apartados para el ministerio deben, de manera especial, liberarse de las preocupaciones de esta vida, para entregarse por completo a una obra que requiere a la persona entera.
Esto nos muestra el poder del Señor Jesús y nos da buenas razones para confiar en su gracia. ¡Qué poderosa y eficaz es su palabra! Él habla, y sucede. El mismo poder que acompañó las palabras de Cristo: «Sígueme», acompañó también las palabras: «Lázaro, sal fuera». Es un poder que hace que las personas estén dispuestas (Sal. 110:3). Esto también nos ofrece un buen ejemplo de obediencia al mandato de Cristo. Todos los siervos fieles de Cristo tienen este buen rasgo: vienen cuando son llamados y siguen a donde su Maestro los guía. No pusieron objeciones por su trabajo actual, sus responsabilidades familiares, la dificultad del servicio ni su propia falta de capacidad. Cuando fueron llamados, obedecieron. Como Abraham, salieron sin saber adónde iban, pero sabiendo muy bien a quién seguían.
Jacobo y Juan dejaron a su padre. El pasaje no dice qué sucedió con él. Su madre, Salomé, seguía habitualmente a Cristo y, sin duda, su padre Zebedeo era creyente. Pero el llamado a seguir a Cristo llegó especialmente a los más jóvenes. La juventud es tiempo de aprender, y también es tiempo de trabajar. Los sacerdotes servían durante la plenitud de la vida.
Personas y relaciones
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Jesús
-
Simón Pedro Simón Pedro es discípulo de Jesús.
Fuente: Mateo 10:1; Mateo 10:2
Jesús llamó a sus doce discípulos y les dio autoridad para expulsar a los espíritus impuros y curar toda clase de enfermedades y dolencias.
Lee Mateo 10:1Estos son los nombres de los doce apóstoles: primero Simón, llamado también Pedro, y su hermano Andrés; Santiago y su hermano Juan, hijos de Zebedeo;
Lee Mateo 10:2 -
Andrés Andrés es discípulo de Jesús.
Fuente: Mateo 10:1; Mateo 10:2
Jesús llamó a sus doce discípulos y les dio autoridad para expulsar a los espíritus impuros y curar toda clase de enfermedades y dolencias.
Lee Mateo 10:1Estos son los nombres de los doce apóstoles: primero Simón, llamado también Pedro, y su hermano Andrés; Santiago y su hermano Juan, hijos de Zebedeo;
Lee Mateo 10:2 -
Santiago, hijo de Zebedeo Santiago es discípulo de Jesús.
Fuente: Mateo 10:1; Mateo 10:2
Jesús llamó a sus doce discípulos y les dio autoridad para expulsar a los espíritus impuros y curar toda clase de enfermedades y dolencias.
Lee Mateo 10:1Estos son los nombres de los doce apóstoles: primero Simón, llamado también Pedro, y su hermano Andrés; Santiago y su hermano Juan, hijos de Zebedeo;
Lee Mateo 10:2 -
Juan, hijo de Zebedeo Juan es discípulo de Jesús.
Fuente: Mateo 10:1; Mateo 10:2
Jesús llamó a sus doce discípulos y les dio autoridad para expulsar a los espíritus impuros y curar toda clase de enfermedades y dolencias.
Lee Mateo 10:1Estos son los nombres de los doce apóstoles: primero Simón, llamado también Pedro, y su hermano Andrés; Santiago y su hermano Juan, hijos de Zebedeo;
Lee Mateo 10:2 -
María, madre de Jesús María es madre de Jesús.
Fuente: Mateo 1:18
El origen de Jesucristo fue este: María, su madre, estaba comprometida para casarse con José; pero antes de que vivieran juntos, se encontró encinta por el poder del Espíritu Santo.
Lee Mateo 1:18
Explora las relaciones de Jesús
Simón Pedro
-
Andrés Simón Pedro es hermano de Andrés.
Fuente: Mateo 4:18
Jesús caminaba por la orilla del Lago de Galilea cuando vio a dos hermanos: uno era Simón, también llamado Pedro, y el otro, Andrés. Eran pescadores y estaban echando la red al agua.
Lee Mateo 4:18 -
Jesús Simón Pedro es discípulo de Jesús.
Fuente: Mateo 10:1; Mateo 10:2
Jesús llamó a sus doce discípulos y les dio autoridad para expulsar a los espíritus impuros y curar toda clase de enfermedades y dolencias.
Lee Mateo 10:1Estos son los nombres de los doce apóstoles: primero Simón, llamado también Pedro, y su hermano Andrés; Santiago y su hermano Juan, hijos de Zebedeo;
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Explora las relaciones de Simón Pedro
Andrés
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Simón Pedro Simón Pedro es hermano de Andrés.
Fuente: Mateo 4:18
Jesús caminaba por la orilla del Lago de Galilea cuando vio a dos hermanos: uno era Simón, también llamado Pedro, y el otro, Andrés. Eran pescadores y estaban echando la red al agua.
Lee Mateo 4:18 -
Jesús Andrés es discípulo de Jesús.
Fuente: Mateo 10:1; Mateo 10:2
Jesús llamó a sus doce discípulos y les dio autoridad para expulsar a los espíritus impuros y curar toda clase de enfermedades y dolencias.
Lee Mateo 10:1Estos son los nombres de los doce apóstoles: primero Simón, llamado también Pedro, y su hermano Andrés; Santiago y su hermano Juan, hijos de Zebedeo;
Lee Mateo 10:2
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Explora más relacionesAlgunos datos de relaciones fueron adaptados de BibleData, Brady Stephenson (CC BY 4.0). Datos revisados, traducidos y complementados con referencias bíblicas.
De este capítulo
Mateo 4:1
"Luego el Espíritu llevó a Jesús al desierto para que el diablo lo pusiera a prueba."
Mateo 4:2
"Pasó cuarenta días y cuarenta noches sin comer, y después sintió hambre."
Mateo 4:3
"Entonces el diablo se acercó a Jesús para ponerlo a prueba y le dijo: —Si de veras eres Hijo de Dios, ordena que estas piedras se conviertan en panes."
Mateo 4:4
"Pero Jesús le respondió: —La Escritura dice: “No solo de pan vivirá el hombre, sino también de toda palabra que salga de los labios de Dios.”"
Mateo 4:5
"Luego el diablo lo llevó a la santa ciudad de Jerusalén y lo subió a la parte más alta del templo"
Mateo 4:6
"y le dijo: —Si de veras eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque la Escritura dice: “Dios mandará que sus ángeles te cuiden. Te levantarán con sus manos para que no tropieces con piedra alguna.”"
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