Versículo destacado
Jeremías 43:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Cuando Jeremías terminó de comunicarle al pueblo todo lo que el Señor, el Dios de ellos, le había encargado que les dijera, "
Jeremías 43:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Cuando Jeremías terminó de comunicarle al pueblo todo lo que el Señor, el Dios de ellos, le había encargado que les dijera,
2 Azarías, hijo de Hosaías, Johanán, hijo de Caréah, y otros hombres arrogantes le dijeron a Jeremías: ¡Lo que dices es mentira! El Señor nuestro Dios no te ha encargado que nos digas que no vayamos a vivir en Egipto.
3 Es Baruc, hijo de Nerías, quien te ha predispuesto contra nosotros para hacer que caigamos en poder de los caldeos y que ellos nos maten o nos lleven desterrados a Babilonia.
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Lo que Dios dijo acerca de los constructores de Babel también podía decirse de este pueblo con el que Jeremías estaba tratando: nada de lo que se propusieran hacer estaría fuera de su alcance (Génesis 11:6). Habían puesto el corazón en Egipto, y a Egipto irían, sin importar lo que Dios dijera en contra. Jeremías les comunicó todo lo que tenía que decirles, aunque podía ver que sus palabras los inquietaban. Era el mensaje que el Señor su Dios le había enviado a entregarles, y ellos escucharían cada una de esas palabras. Ahora vemos cómo le respondieron.
Negaron que fuera un mensaje de Dios. Johanán y todos los hombres arrogantes le dijeron a Jeremías: «Estás mintiendo» (Jeremías 43:2). El orgullo era la verdadera causa de su desobediencia. Muchas veces, el orgullo es la raíz del conflicto tanto con Dios como con otras personas. Eran demasiado orgullosos para aceptar que alguien corrigiera sus planes, aun cuando esa corrección proviniera de la sabiduría y la voluntad de Dios. En otro tiempo, el faraón había dicho: «¿Quién es el Señor para que yo le obedezca?» (Éxodo 5:2). El corazón orgulloso e indomable es uno de los enemigos más osados que Dios tiene en este mundo.
También dieron una razón falsa para su desobediencia. No quisieron admitir que aquel mensaje era palabra de Dios: «El Señor no te envió a nosotros con este mensaje». Tal vez no estaban convencidos; pero, más probablemente, sí lo estaban y se negaban a reconocerlo. La verdad brillaba delante de ellos, pero cerraron los ojos o no quisieron admitir que la veían. Muchas personas niegan que la Escritura sea la palabra de Dios por la misma razón: ya han decidido no obedecerla. Así, la incredulidad obstinada se convierte en una débil excusa para la desobediencia deliberada.
Si Dios les hubiera hablado por medio de un ángel o desde el monte Sinaí, lo habrían llamado un engaño. Ellos mismos le habían pedido a Jeremías que buscara la dirección de Dios. Él había esperado las instrucciones del Señor antes de hablarles, y todo lo que les dijo llevaba las marcas de un verdadero profeta. Además, Jeremías estaba enfrentando las mismas dificultades que ellos. No tenía nada que ganar aparte de lo que ellos ganaran, y siempre había demostrado ser un verdadero israelita. Dios ya había comprobado que era un profeta genuino, y ninguna de sus palabras había fallado.
Aun así, aunque tenían cierto respeto por Jeremías, dijeron: «Baruc hijo de Nerías te está incitando contra nosotros» (Jeremías 43:3). Es difícil creer que Baruc hubiera participado en un plan para entregarlos a los babilonios. ¿Qué habría ganado con eso? Si Jeremías y Baruc realmente hubieran favorecido a los babilonios, como afirmaban aquellos hombres, podrían haberse ido con Nebuzaradán, el comandante babilonio, cuando él los invitó, y haber partido entonces hacia Babilonia. No lo hicieron. En cambio, permanecieron con aquel remanente pobre e ingrato. Sin embargo, ni siquiera el servicio fiel protege a una persona de las mentiras y el odio.
Si Baruc hubiera sido realmente tan malvado, difícilmente habrían podido pensar que Jeremías se dejaría controlar por él y que usaría el nombre de Dios para respaldar un propósito tan perverso. Quienes están decididos a oponerse al verdadero propósito del ministerio suelen intentar desacreditarlo. Cuando las personas están empeñadas en pecar, presentan a quienes procuran hacerlas volver del mal como personas egoístas o incluso perjudiciales para los demás. Es un consuelo para quienes son acusados injustamente saber que su testigo está en el cielo y que su testimonio permanece en las alturas.
Después decidieron irse a Egipto de todos modos. Se negaron a permanecer en la tierra de Judá, tal como Dios les había ordenado (Jeremías 43:4). En cambio, resolvieron marcharse juntos y llevarse consigo a todos los que estaban bajo su autoridad para establecerse en Egipto. No dejaron en paz a las personas que habían regresado de las naciones donde antes habían sido dispersadas y que se habían establecido en Judá por un amor sincero a esa tierra. Las obligaron a ir con ellos a Egipto (Jeremías 43:5), junto con los hombres, las mujeres y los niños (Jeremías 43:6). Era un largo viaje hacia una tierra extranjera, llena de ídolos y que nunca había sido verdaderamente fiel a Israel. Aun así, se fueron. Abandonaron su propia tierra y se pusieron fuera de la protección de Dios.
Esta es la insensatez de quienes no saben reconocer cuándo están bien. Muchos se arruinan tratando de mejorar su situación. También es propio de los poderosos obligar a quienes están bajo su autoridad a seguirlos, aun cuando hacerlo vaya en contra del deber y el bienestar de esas personas. Aquellos hombres orgullosos incluso obligaron al profeta Jeremías y a su escriba Baruc a ir con ellos a Egipto. Los llevaron como prisioneros, en parte para castigarlos; y no podían haberles impuesto un castigo peor que obligarlos a actuar contra su conciencia. La peor tiranía ocurre cuando alguien le dice al alma de otra persona, incluso al alma de una persona buena: «Inclínate para que podamos pasar por encima de ti».
También querían aparentar que sus decisiones eran correctas al llevarse consigo a los profetas. Aunque Jeremías y Baruc iban por la fuerza, querían que todos pensaran que los profetas se habían marchado voluntariamente. Así esperaban que nadie pudiera culparlos por actuar en contra de la palabra del Señor, pues supuestamente los propios profetas habían hecho lo mismo.
Llegaron a Tafnes, una ciudad famosa de Egipto, cuyo nombre provenía de una reina con ese nombre (1 Reyes 11:19). Era la misma ciudad llamada Janes (Isaías 30:4). Para entonces se había convertido en la ciudad principal, porque allí estaba el palacio del faraón (Jeremías 43:9). Nada menos que la ciudad real, cerca de la corte, podía satisfacer a aquellos hombres orgullosos. Habían olvidado la sabiduría de José, quien quiso que sus hermanos se establecieran en Gosén. Si hubieran tenido el corazón de verdaderos israelitas, habrían escogido el desierto de Judá antes que las ciudades más espléndidas y abarrotadas de Egipto.
De este capítulo
Jeremías 43:2
"Azarías, hijo de Hosaías, Johanán, hijo de Caréah, y otros hombres arrogantes le dijeron a Jeremías: ¡Lo que dices es mentira! El Señor nuestro Dios no te ha encargado que nos digas que no vayamos a vivir en Egipto."
Jeremías 43:3
"Es Baruc, hijo de Nerías, quien te ha predispuesto contra nosotros para hacer que caigamos en poder de los caldeos y que ellos nos maten o nos lleven desterrados a Babilonia."
Jeremías 43:4
"Así pues, ni Johanán, ni los jefes militares, ni la gente se quedaron en el territorio de Judá, desobedeciendo así la orden del Señor."
Jeremías 43:5
"Por el contrario, Johanán y todos los jefes militares reunieron a la poca gente de Judá que aún quedaba y que, después de haber sido dispersada por distintos países, había regresado a Judá para establecerse allí:"
Jeremías 43:6
"hombres, mujeres, niños, las hijas del rey y todas las personas que Nebuzaradán, comandante de la guardia, había dejado bajo el cuidado de Guedalías, incluidos Jeremías y Baruc."
Jeremías 43:7
"Sin obedecer la orden del Señor, todos ellos se fueron a Egipto y llegaron hasta la ciudad de Tafnes."
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