El Señor dice: Si un hombre se divorcia de su mujer y ella, después de separarse de él, se casa con otro hombre, el primero no volverá a unirse a ella. ¡Eso sería una grave ofensa contra el país! Sin embargo, tú, Israel, te has prostituido con muchos amantes, ¡y ahora quieres volver a mí! Yo, el Señor, lo afirmo.
Mira las lomas peladas y fíjate bien: ¿dónde no te has dejado deshonrar? Sentada como un árabe del desierto, esperabas a tus amantes a la orilla del camino. Has manchado el país con tu prostitución y tu maldad.
Por eso han faltado las lluvias de invierno y primavera. Tienes el descaro de una prostituta; ¡debería darte vergüenza!
Hace poco me decías: “Padre mío, amigo de mi juventud,
¿vas a estar enojado para siempre?, ¿te durará la ira para siempre?” Y mientras decías esto, hacías todo el mal que podías.
En tiempos del rey Josías, el Señor me dijo: ¿Has visto lo que hizo la rebelde Israel? Fue y se dedicó a la prostitución sobre toda loma alta y debajo de todo árbol frondoso.
Yo pensaba que, aun después de todo lo que había hecho, ella volvería a mí; pero no volvió. Su hermana, la infiel Judá, vio esto;
y también vio que yo repudié a la rebelde Israel y me divorcié de ella precisamente por el adulterio que había cometido. Pero Judá, la infiel hermana de Israel, no tuvo temor, sino que ella también fue y se dedicó a la prostitución.
Y lo hizo con tanta facilidad que profanó el país. Me fue infiel al adorar a las piedras y a los árboles.
Después de todo esto, la infiel Judá tampoco volvió a mí de todo corazón, sino que me engañó. Yo, el Señor, lo afirmo.
El Señor me dijo: La rebelde Israel es menos culpable que la infiel Judá.
Ve y anuncia este mensaje mirando hacia el norte: “El Señor afirma: ¡Vuelve a mí, rebelde Israel! No te recibiré de mal modo ni mantendré mi enojo para siempre, porque soy bondadoso. Yo, el Señor, doy mi palabra.
Reconoce solamente tu maldad y que fuiste rebelde contra el Señor tu Dios; que corriste en busca de amores extraños debajo de todo árbol frondoso y que no obedeciste mis órdenes. Yo, el Señor, lo afirmo.”
El Señor afirma: Regresen, hijos rebeldes, porque yo soy su dueño. Tomaré a uno de cada ciudad y a dos de cada clan, y los haré volver a Sión.
Les daré gobernantes que me agradan, y ellos los gobernarán a ustedes con sabiduría y entendimiento.
Cuando ustedes hayan aumentado en el país y ya tengan muchos hijos, nadie volverá a hablar del arca de la alianza del Señor; nadie pensará en ella ni volverá a recordarla; ya no hará falta ni se hará una nueva. Yo, el Señor, doy mi palabra.
Entonces Jerusalén será llamada el trono del Señor; todas las naciones se reunirán allí para honrarme y no volverán a seguir tercamente las malas inclinaciones de su corazón.
Cuando llegue ese día, Judá se unirá a Israel, y juntos regresarán del país del norte a la tierra que di como herencia a los antepasados de ustedes.
Israel, yo decidí aceptarte como hijo y darte una tierra envidiable, el país más bello de todo el mundo. Pensé que me llamarías padre y que nunca te alejarías de mí.
Pero, como una mujer que es infiel a su esposo, así ustedes me fueron infieles. Yo, el Señor, lo afirmo.
Se oyen voces en las lomas desiertas: ¡son los israelitas, que lloran y piden compasión! Se desviaron del camino recto y se olvidaron de mí, el Señor su Dios.
Vuélvanse a mí, hijos rebeldes, y yo los curaré de su rebeldía. Aquí estamos; acudimos a ti porque tú eres el Señor nuestro Dios.
De nada nos sirve ir a las colinas o gritar sobre los montes; solo en el Señor nuestro Dios encuentra Israel su salvación.
La vergonzosa idolatría nos ha hecho perder lo que nuestros padres consiguieron desde que éramos niños: ovejas y ganado, hijos e hijas.
Humillémonos, pues, avergonzados y cubiertos de deshonra, porque desde niños y hasta ahora, nosotros y nuestros antepasados hemos pecado contra el Señor nuestro Dios y no lo hemos obedecido.