Versículo destacado
Jeremías 29:8 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Yo, el Señor todopoderoso, el Dios de Israel, les advierto esto: No se dejen engañar por los profetas ni por los adivinos que viven entre ustedes; no presten atención a los sueños que ellos tienen. "
Jeremías 29:8
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
6 Cásense y tengan hijos e hijas; que ellos también se casen y tengan hijos. Aumenten en número allá y no disminuyan.
7 Trabajen por el bienestar de la ciudad a la que los desterré y pídanme a mí por ella, porque el bienestar de ustedes depende del bienestar de ella.
8 Yo, el Señor todopoderoso, el Dios de Israel, les advierto esto: No se dejen engañar por los profetas ni por los adivinos que viven entre ustedes; no presten atención a los sueños que ellos tienen.
9 Lo que ellos les anuncian en mi nombre es mentira. Yo no los he enviado. Yo, el Señor, lo afirmo.”
10 El Señor dice: “Cuando se le hayan cumplido a Babilonia los setenta años, actuaré en favor de ustedes y cumpliré mi promesa favorable de hacerlos regresar a este lugar.
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Para tranquilizar al pueblo y hacer que aceptara su situación en el cautiverio, Dios primero lo aparta de la falsa esperanza que le habían dado sus supuestos profetas (Jeremías 29:8-9). Esos profetas decían que el cautiverio sería breve, de modo que el pueblo no debía establecerse en Babilonia, sino esperar regresar pronto a su tierra. En efecto, Dios les dice: «Les están mintiendo, aunque hablan en mi nombre. No permitan que los engañen». Mientras tengamos la verdadera palabra de Dios para poner a prueba todo espíritu, será nuestra propia responsabilidad dejarnos engañar, porque esa palabra también puede apartar el error.
Cuando Dios dice que no escuchen los sueños que ellos mismos hacen soñar, puede referirse a los deseos que el pueblo alimentaba o a los sueños que los profetas afirmaban haber recibido. El pueblo pensaba y hablaba constantemente de una liberación rápida, hasta crear fantasías llenas de esperanza. En realidad, esas fantasías nacían de sus propios deseos y se convirtieron en los sueños que querían escuchar. Los falsos profetas no habrían halagado al pueblo en su pecado si el pueblo no hubiera amado esa clase de halago ni les hubiera pedido palabras agradables (Isaías 30:10).
Dios hace algo más que quitarles una falsa esperanza: les da una esperanza mejor en la cual apoyarse. No queremos que derriben una casa construida sobre la arena sin tener una roca preparada para edificar de nuevo. Aquí Dios promete que, aunque no regresarían pronto, volverían después de cumplirse setenta años. Esto muestra que los setenta años deben contarse desde el primer cautiverio y no desde el último. Si la liberación de la iglesia no llega en nuestro tiempo, eso sigue siendo suficiente, porque llegará en el tiempo de Dios, y su tiempo es el mejor.
Dios dice que volverá a ocuparse de ellos con misericordia. Aunque por mucho tiempo haya parecido distante, se acercará a ellos, les mostrará su favor y restaurará su honor. Pondrá fin a su cautiverio y quitará todo el sufrimiento relacionado con él. Aunque estén dispersos en muchas tierras, los reunirá de todos los lugares adonde fueron expulsados, los hará volver y los convertirá otra vez en un solo pueblo. Incluso desde tierras lejanas los traerá de regreso a su propia tierra, el lugar de donde fueron llevados cautivos (Jeremías 29:14).
Esto será el cumplimiento de la promesa que Dios les hizo (Jeremías 29:10): «Cumpliré mi buena palabra con ustedes». Cuando algunas predicciones que supuestamente vienen de Dios no se cumplen, eso no debe hacer tambalear nuestra confianza en las promesas que verdaderamente vienen de él. La palabra de Dios es una buena palabra y, por eso, se cumplirá. Ni una sola parte de ella caerá por tierra. Si él lo ha dicho, sin duda lo hará. El regreso del cautiverio les resultará profundamente consolador porque demostrará que Dios cumplió su promesa llena de gracia.
También sucederá por el propósito que Dios tiene para ellos (Jeremías 29:11): «Yo conozco los pensamientos que tengo acerca de ustedes». Dios conoce todas sus obras porque conoce todos sus pensamientos (Hechos 15:18), y sus obras corresponden exactamente a sus pensamientos. Hace todo conforme al plan de su voluntad. A menudo ni siquiera conocemos bien nuestros propios pensamientos, pero Dios nunca está confundido consigo mismo. A veces tememos que los planes de Dios estén en nuestra contra, pero él sabe mejor lo que conviene a su pueblo. Sus pensamientos son pensamientos de bien y no de mal. Incluso aquello que parece malo está destinado a producir bien. Sus planes avanzan hacia el fin que él ha determinado y que cumplirá a su debido tiempo.
Ese fin esperado llegará, aunque quizá no cuando ellos lo esperan. Deben tener paciencia hasta que el fruto madure; entonces lo recibirán. La expresión hebrea puede significar que él les dará «un fin y una esperanza». Les permitirá ver el fin de sus dificultades, su desenlace seguro y feliz. Aunque dure mucho tiempo, el sufrimiento no durará para siempre. Llegará el tiempo de mostrar favor a Sion, el tiempo señalado. Cuando las cosas estén en su peor momento, comenzarán a mejorar. Dios también les mostrará la belleza completa de su liberación, porque su obra es perfecta. El Dios que terminó de crear los cielos y la tierra al principio también terminará cada bendición que ha prometido a su pueblo. Cuando comienza una obra de misericordia, la lleva hasta completarla.
También les dará la esperanza que habían deseado y esperado durante tanto tiempo (Jeremías 29:11). No les dará las esperanzas nacidas del temor ni los sueños de la imaginación, sino la esperanza que la fe sostiene: el fin que él ha prometido, el desenlace que finalmente será lo mejor para ellos.
Esto también responderá a sus oraciones y súplicas (Jeremías 29:12-14). Dios los moverá a orar: «Entonces me invocarán, vendrán a mí y orarán». Cuando Dios está a punto de concederle a su pueblo el bien que ha estado esperando, derrama un espíritu de oración; esa es una señal de que la misericordia se acerca. Cuando el fin prometido comienza a acercarse, ellos lo invocarán. Las promesas no se dan para reemplazar la oración, sino para despertarla y fortalecerla. Cuando la liberación está cerca, debemos salir a su encuentro por medio de la oración. Cuando Daniel entendió que los setenta años estaban por cumplirse, se dedicó a buscar al Señor con más fervor que antes (Daniel 9:2-3).
Entonces Dios les responderá: «Los escucharé y podrán encontrarme» (Salmo 80:2). Podemos confiar en su palabra: busquen y encontrarán. La regla es clara: «Me buscarán y me encontrarán cuando me busquen de todo corazón» (Jeremías 29:13). Buscar a Dios significa buscarlo con cuidado, pedir su dirección mientras lo buscamos y procurar en él ánimo para la fe y la esperanza. Debemos seguir buscándolo y hacerlo con empeño, como quienes realizan una búsqueda verdadera. Debemos hacerlo con el corazón, es decir, con honestidad y sinceridad, y con todo el corazón, es decir, con fuerza y fervor, entregándonos plenamente a la oración. Quienes buscan a Dios de esa manera lo encontrarán y lo hallarán como el generoso recompensador de quienes lo buscan (Hebreos 11:6). Dios nunca les ha dicho a esas personas: «Búsquenme en vano».
De este capítulo
Jeremías 29:1
"El profeta Jeremías envió desde Jerusalén una carta a los ancianos que quedaban entre los desterrados, y a los sacerdotes, los profetas y la gente que Nabucodonosor había llevado desterrados de Jerusalén a Babilonia."
Jeremías 29:2
"Después de que el rey Jeconías partió al destierro junto con la reina madre, los servidores del palacio, los jefes de Judá y Jerusalén, los artesanos y los cerrajeros."
Jeremías 29:3
"La carta fue enviada por medio de Elasá, hijo de Safán, y de Guemarías, hijo de Hilquías, a quienes Sedequías, rey de Judá, había enviado a Babilonia para presentarse ante el rey Nabucodonosor. La carta decía:"
Jeremías 29:4
"Así dice el Señor todopoderoso, el Dios de Israel, a todos los que hizo salir desterrados de Jerusalén a Babilonia:"
Jeremías 29:5
"“Construyan casas y establézcanse; planten árboles frutales y coman de su fruto."
Jeremías 29:6
"Cásense y tengan hijos e hijas; que ellos también se casen y tengan hijos. Aumenten en número allá y no disminuyan."
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