Versículo destacado
Jeremías 11:18 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" El Señor me hizo saber que mis enemigos estaban tramando algo malo. Él me abrió los ojos para que me diera cuenta. "
Jeremías 11:18
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
16 El Señor te había llamado «olivo frondoso, cargado de hermosos frutos». Pero, en medio de fuertes truenos, él prendió fuego a tus hojas, y tus ramas arden.
17 El Señor todopoderoso, que te plantó, ha ordenado la calamidad contra ti por causa de las maldades que Israel y Judá han cometido, pues lo han ofendido al ofrecer incienso a Baal.
18 El Señor me hizo saber que mis enemigos estaban tramando algo malo. Él me abrió los ojos para que me diera cuenta.
19 Yo estaba tranquilo, como un cordero llevado al matadero, sin saber que estaban haciendo planes contra mí. Decían: «Cortemos el árbol ahora que está en todo su vigor; arranquémoslo de este mundo de los vivientes, para que nadie vuelva a acordarse de él».
20 Pero tú, Señor todopoderoso, eres un juez justo; tú conoces hasta lo más íntimo del hombre. Hazme ver cómo castigas a esa gente, pues he puesto mi causa en tus manos.
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Jeremías habla más de sus propios sufrimientos que Isaías, porque vivió en una época mucho más turbulenta. Aquí parece comenzar su aflicción, provocada por la gente de su propio pueblo, Anatot, una ciudad sacerdotal que, aun así, seguía siendo profundamente hostil. El odio que le tenían muestra cuán amarga puede ser la persecución, incluso entre personas que deberían haber sabido actuar mejor.
Conspiraron contra Jeremías y lo hicieron cuidadosamente. Decían: «Destruyamos el árbol con su fruto», un proverbio que significaba: «Acabemos por completo con él». Querían destruir tanto al profeta como a su mensaje: matarlo y arruinar su obra al mismo tiempo. Querían que su nombre fuera olvidado y que sus profecías quedaran sin efecto, pero su plan fracasó. Pensaban acabar con su vida, pero Jeremías sobrevivió a la mayoría de sus enemigos, y su memoria permanece como una bendición.
Al principio, Jeremías no sabía nada de la conspiración. Sus enemigos la ocultaron tan bien que él llegó a Anatot en paz, sin temor de que le hicieran daño, como un cordero llevado al matadero sin sospechar el peligro. Ninguno de sus amigos le advirtió, y ninguno de sus enemigos quiso ayudarlo. Pero el SEÑOR le reveló su plan, quizá por medio de un sueño, una visión o una fuerte advertencia interior, para que pudiera ponerse a salvo. Dios le mostró lo que estaban haciendo, y ese mismo descubrimiento hizo fracasar su propósito malvado.
Esto es otra prueba del cuidado de Dios por sus profetas. No permite que la gente les haga daño antes de que terminen su obra. Él conoce los planes secretos de sus enemigos y, cuando lo decide, puede hacer que salgan a la luz. Hasta las cosas ocultas pueden ser expuestas, porque aun la voz de un asunto escondido puede llegar a escucharse. Si Dios no le hubiera advertido a Jeremías, personas malvadas podrían haber usado su peligro en contra de su reputación, diciendo que el hombre que había anunciado la ruina de su nación ni siquiera pudo prever su propio peligro.
Entonces Jeremías acudió a Dios, el SEÑOR de los ejércitos, quien juzga con justicia. Cuando la gente nos trata injustamente, es un consuelo saber que podemos presentar nuestro caso ante Dios. Su justicia es terror para los malvados y refugio para quienes buscan hacer el bien. Jeremías también reconoció a Dios como quien prueba lo más profundo de la persona, el corazón y la mente. Dios conocía la inocencia de Jeremías y también conocía la maldad escondida en el corazón de sus enemigos, aunque ellos trataran de ocultarla cuidadosamente.
Jeremías oró: «Déjame ver tu venganza contra ellos», es decir: «Haz justicia entre nosotros de la manera que tú decidas». Algunos piensan que esto revela una debilidad humana del profeta, especialmente porque más adelante Cristo enseñó, tanto con sus palabras como con su ejemplo, a orar por quienes persiguen a sus seguidores. Otros creen que Jeremías habló movido por un celo santo por la gloria de Dios, porque aquellos hombres eran sacerdotes, ministros del SEÑOR, y aun así actuaban con una crueldad perversa. En cualquier caso, la oración también anticipaba el juicio que Dios traería sobre ellos.
Jeremías también entregó por completo su causa a Dios. Decir «a ti he expuesto mi causa» significa que puso el asunto delante de Dios y confió solamente en él. Esto es un consuelo para toda persona que ha sido agraviada, y también es nuestro deber. Debemos dejar la sentencia final en manos de Dios, someternos a su juicio y no tratar de imponerle las condiciones de cómo debe actuar.
Entonces Dios dictó sentencia contra los hombres de Anatot. Habría sido inútil que Jeremías apelara a los tribunales de Jerusalén, porque probablemente los sacerdotes de allí habrían apoyado a los sacerdotes de Anatot. Pero Dios mismo tomó el caso en sus manos, y su juicio siempre es verdadero. El crimen de ellos consistía en buscar la vida del profeta. Le habían prohibido profetizar bajo pena de muerte; querían silenciarlo o matarlo. Su ofensa no era solo contra Jeremías, sino contra Dios, porque se estaban resistiendo a su palabra.
La razón de su hostilidad era que Jeremías profetizaba en el nombre del SEÑOR sin su permiso y se negaba a decir únicamente las cosas agradables que ellos querían escuchar. Para los siervos fieles de Dios, es una injusticia grave que se les cierre la boca. Peor aún, aquellos hombres ya habían decidido que, si Jeremías seguía hablando, ellos mismos lo matarían. Se decía que un profeta solo podía morir en Jerusalén, donde se reunía el gran consejo, pero los hombres de Anatot estaban tan llenos de amargura que estaban dispuestos a matarlo por su propia cuenta. Con frecuencia, un profeta no encuentra honor ni acogida en su propia tierra.
La sentencia de Dios fue que los castigaría. Visitaría su pecado sobre ellos; es decir, examinaría su maldad y les daría la retribución que merecían. Dos de sus juicios severos destruirían su ciudad. La espada devoraría a sus jóvenes, aunque fueran sacerdotes jóvenes y no soldados; su llamado no los protegería. El hambre también acabaría con sus hijos, con los hijos y las hijas que permanecieran en sus casas, y esa muerte sería aún más amarga que la espada (Lamentaciones 4:9).
La destrucción sería completa (Jeremías 11:23). No quedaría nadie de entre ellos ni habría hijos que continuaran la siguiente generación. Ellos intentaron quitarle la vida a Jeremías, y por eso morirían. Querían arrancarlo por completo para que su nombre fuera olvidado. Por esa razón no quedaría ningún remanente, y el SEÑOR demostraría que su juicio era justo.
Así vendría sobre ellos la calamidad, el tiempo de su castigo, y ese castigo sería suficiente. Sería una retribución apropiada por lo que habían hecho. Entonces Jeremías vería cumplido su deseo respecto de sus enemigos. Es algo terrible para quienes tienen en su contra las oraciones de ministros fieles y de personas que viven en obediencia a Dios.
De este capítulo
Jeremías 11:1
"El Señor se dirigió a mí, Jeremías, y me dijo:"
Jeremías 11:2
"Que los israelitas presten atención a los términos de esta alianza. Habla a la gente de Judá y a los habitantes de Jerusalén,"
Jeremías 11:3
"y diles que yo, el Señor, el Dios de Israel, declaro maldito a quien no obedezca los términos de esta alianza."
Jeremías 11:4
"Esta es la alianza que hice con sus antepasados cuando los saqué de Egipto, país que era para ellos como un horno para fundir hierro. Les dije: Obedézcanme, hagan todo lo que yo les ordene, y ustedes serán mi pueblo y yo seré su Dios."
Jeremías 11:5
"Si ustedes me hacen caso, yo cumpliré el juramento que hice a sus antepasados de darles una tierra, la tierra que ahora tienen, donde la leche y la miel corren como el agua. Y yo respondí: «Sí, Señor»."
Jeremías 11:6
"Entonces el Señor me dijo: Proclama este mensaje en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén. Di a la gente: “Escuchen cuáles son los términos de esta alianza y cúmplanlos."
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