Versículo destacado
Efesios 3:14 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Por esta razón me arrodillo delante del Padre, "
Efesios 3:14
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
12 Y en Cristo tenemos libertad para acercarnos a Dios con la confianza que nos da nuestra fe en él.
13 Por eso les ruego que no se desanimen por lo que estoy sufriendo por ustedes, porque esto es, más bien, un honor para ustedes.
14 Por esta razón me arrodillo delante del Padre,
15 de quien recibe su nombre toda familia, tanto en el cielo como en la tierra.
16 Pido al Padre que, de su gloriosa riqueza, les dé a ustedes poder y fuerza interiormente por medio del Espíritu de Dios,
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Ahora llegamos a la segunda parte de este capítulo, que contiene la oración ferviente y afectuosa de Pablo a Dios por sus queridos efesios. «Por esta causa» puede referirse al versículo anterior: «para que no desmayen», y lo que sigue. Sin embargo, es más probable que Pablo esté retomando la oración que comenzó en el versículo 1, después de haber dejado ese pensamiento a un lado por un momento.
Observemos, primero, a quién dirige su oración: a Dios como el Padre de nuestro Señor Jesucristo (Efesios 1:3). Observemos también su postura externa al orar, que era humilde y reverente: «doblo mis rodillas». Cuando nos acercamos a Dios, debemos honrarlo en nuestro corazón y mostrar ese respeto mediante una conducta externa apropiada.
Después de mencionar a Cristo, Pablo no puede continuar sin hablar de su amor. Toda la Iglesia depende del Señor Jesucristo: «de quien toma nombre toda familia en el cielo y en la tierra» (Efesios 3:15). Los judíos solían jactarse de tener a Abraham como padre, pero ahora tanto judíos como gentiles reciben su nombre de Cristo, como algunos entienden este pasaje. Otros consideran que se refiere a los santos en el cielo, que llevan la corona de gloria, y a los santos en la tierra, que todavía crecen aquí en la gracia.
Ambos grupos forman una sola familia, un solo hogar. De Cristo reciben el nombre de cristianos, y verdaderamente son cristianos porque reconocen que dependen de él y que tienen una relación con él. Entonces Pablo le pide a Dios bendiciones espirituales, que son las mejores bendiciones y las que debemos buscar con mayor fervor para nosotros y para nuestros amigos.
Primero pide fortaleza espiritual para la obra y el deber a los que fueron llamados y en los que estaban comprometidos: que Dios les conceda, conforme a las riquezas de su gracia, ser fortalecidos. El «hombre interior» se refiere al corazón o al alma. Ser fortalecidos con poder significa recibir una fuerza mucho mayor de la que tenían en ese momento, una abundante medida de gracia y capacidad espiritual para cumplir con el deber, resistir la tentación, soportar la persecución y enfrentar situaciones semejantes.
Pablo dice que esto debe ocurrir conforme a las riquezas de la gloria de Dios, es decir, conforme a sus gloriosas riquezas, que corresponden a la gran plenitud de gracia, misericordia y poder que le pertenecen y manifiestan su gloria. Esto lo realiza su Espíritu, quien obra directamente la gracia en el alma del pueblo de Dios. Debemos notar que la fortaleza proveniente del Espíritu de Dios en el hombre interior es la mejor y más deseable de todas las fortalezas: fortaleza en el alma, fortaleza de la fe y de las demás virtudes cristianas, fortaleza para servir a Dios, cumplir con nuestro deber y perseverar en la vida cristiana con energía y alegría. También debemos notar que la obra de la gracia no solo es iniciada por el Espíritu Santo, sino que él mismo la sostiene y la lleva a su cumplimiento.
Segundo, Pablo ora para que Cristo habite en sus corazones (Efesios 3:17). Se dice que Cristo habita en su pueblo porque siempre está presente con ellos mediante su influencia y su obra llenas de gracia. Es una bendición que Cristo habite en nuestro corazón. Si la ley de Cristo está escrita allí y el amor de Cristo ha sido derramado allí, entonces Cristo habita allí. Él mora en el alma de todo cristiano verdadero.
Donde vive su Espíritu, allí Cristo está en casa. Habita en el corazón por medio de la fe, mediante el ejercicio constante de confiar en él. La fe abre la puerta del alma para recibir a Cristo, le da la bienvenida y se somete a él. Por la fe somos unidos a Cristo y participamos de él.
Tercero, Pablo ora para que los afectos santos y devotos queden firmemente establecidos en el alma: «arraigados y cimentados en amor». Esto significa estar firmemente establecidos en el amor a Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, y a todos los santos, que son amados por el Señor Jesucristo. Muchas personas tienen cierto amor por Dios y por sus siervos, pero es solo un destello, como el crepitar de los espinos debajo de una olla. Produce mucho ruido, pero desaparece rápidamente.
Debemos desear fervientemente que los buenos afectos echen raíces profundas en nosotros, para que estemos arraigados y cimentados en amor. Algunos entienden estas palabras como una referencia a estar firmes y establecidos en la certeza del amor que Dios nos tiene, lo cual despertaría un amor más fuerte hacia él y hacia los demás. Cuán deseable es tener una convicción firme y constante del amor de Dios y de Cristo por nuestra alma, de modo que podamos decir en todo momento: «Él me ha amado».
La mejor manera de obtener esa certeza es procurar mantener constantemente en nuestro corazón el amor a Dios. Ese amor será la prueba del amor que Dios nos tiene: «Nosotros amamos porque él nos amó primero». Con ese propósito, Pablo pide, en cuarto lugar, que conozcan por experiencia el amor de Cristo. Mientras más íntimamente conozcamos el amor que Cristo nos tiene, más nuestro amor se derramará hacia él y hacia quienes le pertenecen por causa de él.
Pablo dice: «sean plenamente capaces de comprender con todos los santos» (Efesios 3:18-19). Esto significa entender con mayor claridad y creer con mayor firmeza el maravilloso amor de Cristo por su pueblo, un amor que los santos ya comprenden y creen en cierta medida, y que comprenderán más plenamente después. Los cristianos no deben intentar saber más de lo que saben todos los santos, sino conformarse con la medida de conocimiento que Dios concede a su pueblo en esta vida.
Debemos procurar avanzar al mismo paso que los primeros, pero no ir más allá de la medida que se les ha dado a los demás santos. Es notable la riqueza con que Pablo habla del amor de Cristo. Las dimensiones del amor redentor son maravillosas: su anchura, su longitud, su profundidad y su altura. Al mencionar estas cuatro dimensiones, Pablo muestra la grandeza del amor de Cristo y sus riquezas inescrutables: más alto que el cielo, más profundo que el abismo, más largo que la tierra y más ancho que el mar (Job 11:8-9).
Algunos explican estas dimensiones de la siguiente manera: su anchura alcanza a todas las épocas, naciones y categorías de personas. Su longitud se extiende desde la eternidad hasta la eternidad. Su profundidad significa que se inclina hasta la condición más baja con el propósito de ayudar y salvar a quienes están hundidos en el pecado y la miseria. Su altura significa que nos eleva y nos da participación en la felicidad y la gloria celestiales.
Debemos desear comprender este amor. Todos los santos tienen esta característica: procuran hacerlo, porque encuentran consuelo y confianza en el amor de Cristo. Pablo añade: «y conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento» (Efesios 3:19). Aunque excede el conocimiento, podemos conocerlo. Debemos orar y esforzarnos por conocer algo de ese amor, y seguir anhelando conocerlo cada vez más, aunque nadie pueda comprenderlo por completo. En toda su extensión, está más allá de nuestro entendimiento.
Los cristianos pueden conocer y experimentar el amor de Cristo mucho más de lo que normalmente lo hacen, pero no pueden comprenderlo por completo antes de llegar al cielo. Finalmente, Pablo ora para que sean «llenos de toda la plenitud de Dios». Esta es una expresión muy elevada, y no nos atreveríamos a usarla si no la encontráramos en las Escrituras.
Esto se parece a aquellas otras expresiones que hablan de participar de la naturaleza divina y de ser perfectos como nuestro Padre celestial es perfecto. No debemos entenderlo como si pudiéramos contener la plenitud de Dios en sí mismo, como si fuéramos capaces de abarcar su ser infinito. Se refiere a la plenitud de Dios tal como se relaciona con nosotros en el pacto, como el Dios de su pueblo.
Esta es la plenitud que Dios está dispuesto a conceder. Él desea llenar a los creyentes hasta la medida más completa que puedan recibir, con cada don y cada gracia que sabe que necesitan. Quienes reciben gracia sobre gracia de la plenitud de Cristo pueden ser considerados llenos de la plenitud de Dios, conforme a su capacidad. Todo esto conduce al más alto conocimiento y disfrute de Dios, y a una vida plenamente moldeada para ser semejante a él.
El apóstol cierra el capítulo con alabanza en Efesios 3:20-21. Es apropiado terminar nuestras oraciones con alabanza, y nuestro bendito Salvador nos enseñó a hacerlo. Observemos cómo Pablo describe a Dios y cómo le atribuye gloria.
Pablo describe a Dios como aquel que puede hacer muchísimo más de todo lo que pedimos o siquiera pensamos. La gracia y la misericordia de Dios son inagotables, y las oraciones de todos los santos jamás pueden agotarlas. Cualquier cosa que pidamos, o incluso que podamos imaginar pedir, Dios todavía puede hacer mucho más, mucho más allá de toda medida. Podemos abrir nuestra boca tanto como sea posible, y aun así él tiene suficiente para llenarla.
Al orar, debemos fortalecer nuestra fe recordando la completa suficiencia de Dios y su poder todopoderoso. Pablo dice que esto ocurre conforme al poder que actúa en nosotros. Se refiere a que ya hemos visto pruebas del poder de Dios en lo que ha hecho en nosotros y por nosotros, cuando nos dio vida por su gracia y nos volvió hacia él. El poder que todavía obra en los creyentes es el mismo poder que ya ha obrado en ellos. Cada vez que Dios da de su plenitud, también manifiesta su poder.
Después de describir a Dios, Pablo le atribuye gloria. Cuando le pedimos gracia a Dios, también debemos darle gloria. A él sea la gloria en la Iglesia por medio de Jesucristo. Dar gloria a Dios significa honrar todas sus excelencias y perfecciones, porque la gloria es el resplandor de todo lo que él es.
Observa dónde se encuentra la alabanza de Dios: en la iglesia. La poca alabanza que Dios recibe de este mundo proviene de la iglesia, un pueblo santo apartado para honrarlo. Cada miembro de esa iglesia, tanto judío como gentil, participa en esta obra de alabanza. Jesucristo, el Mediador, quien une a Dios y a las personas, es el medio por el cual se eleva esta alabanza. Todos los dones de Dios llegan a nosotros por medio de Cristo, y toda nuestra alabanza vuelve a Dios también por medio de Cristo.
Dios debe ser alabado de esta manera por todas las generaciones y por los siglos de los siglos. Él siempre tendrá una iglesia que lo alabe, y siempre recibirá de su iglesia ese tributo de alabanza. Amén: así sea, y ciertamente así será.
De este capítulo
Efesios 3:1
"Por esta razón yo, Pablo, estoy preso por causa de Cristo Jesús para el bien de ustedes, los que no son judíos."
Efesios 3:2
"Pues sin duda ya sabrán que Dios me ha encargado anunciarles lo que él, en su bondad, ha dispuesto."
Efesios 3:3
"Por revelación he llegado a conocer el designio secreto de Dios, como ya les escribí brevemente."
Efesios 3:4
"Al leerlo, pueden darse cuenta de que conozco este designio secreto realizado en Cristo,"
Efesios 3:5
"que no fue dado a conocer a nadie en otros tiempos, pero que ahora Dios ha revelado a sus santos apóstoles y profetas por medio de su Espíritu."
Efesios 3:6
"El designio secreto es este: que, por el evangelio, Dios llama a todas las naciones a participar, en Cristo Jesús, de la misma herencia, del mismo cuerpo y de la misma promesa que el pueblo de Israel."
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