Versículo destacado

Efesios 3:1 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Español

" Por esta razón yo, Pablo, estoy preso por causa de Cristo Jesús para el bien de ustedes, los que no son judíos. "

Efesios 3:1

menu_book El versículo en contexto

1 Por esta razón yo, Pablo, estoy preso por causa de Cristo Jesús para el bien de ustedes, los que no son judíos.

2 Pues sin duda ya sabrán que Dios me ha encargado anunciarles lo que él, en su bondad, ha dispuesto.

3 Por revelación he llegado a conocer el designio secreto de Dios, como ya les escribí brevemente.

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auto_stories Comentario de Bible Guided

Aquí Pablo les explica a los efesios quién es y qué le encargó Dios como apóstol a los gentiles. Comienza hablándoles de las dificultades y los sufrimientos que enfrentó en esa obra, en Efesios 3:1.

Las primeras palabras, «Por esta causa», conectan con el capítulo anterior. Pueden significar: «Porque prediqué la verdad que acaban de escuchar, y porque dije que las bendiciones del evangelio pertenecen no solo a los judíos, sino también a los gentiles que creen, aunque no estén circuncidados, ahora soy prisionero». En ese caso, Pablo está diciendo que es prisionero de Jesucristo: sufre por la causa de Cristo y sigue bajo el cuidado de Cristo aun estando en la cárcel.

Hay consuelo en esto. Los siervos de Cristo, aunque lleguen a ser prisioneros, siguen siendo sus prisioneros, y él no los desprecia. No los considera menos valiosos porque el mundo los trate mal o los insulte. Pablo permaneció firme con Cristo, y Cristo permaneció junto a Pablo cuando estaba en prisión.

Estas palabras también pueden significar: «Por esta causa, ya que ustedes no son extranjeros ni están excluidos, sino que están unidos a Cristo y han sido recibidos en su iglesia, yo, Pablo, prisionero de Jesucristo, oro para que vivan de una manera digna de estas bendiciones». Pablo vuelve a este pensamiento en Efesios 3:14, después de la sección que sigue. Quienes han recibido la gracia y los grandes dones de Dios todavía necesitan oración para crecer y seguir viviendo como deben.

El sufrimiento de Pablo no hizo que se encerrara en sí mismo. Aun estando en prisión, oraba por los efesios. Esto nos enseña que nuestras propias dificultades no deben impedirnos presentar a otras personas delante de Dios. En Efesios 3:13 les pide que no se desanimen por causa de sus sufrimientos por ellos, pues estos eran para la gloria de ellos. Pablo estaba en prisión por causa de ellos, pero no quería que se desanimaran. Dios había hecho grandes cosas por ellos mediante su ministerio.

¡Qué ternura muestra Pablo aquí! Parece estar más preocupado de que ellos se debiliten en la fe por causa de sus sufrimientos que de su propio padecimiento en prisión. Les recuerda que sus sufrimientos formaban parte del honor y el beneficio de ellos. Si lo consideraban correctamente, tenían razones para alegrarse, porque Dios los valoraba tanto que envió a sus apóstoles no solo a predicarles, sino incluso a sufrir por ellos y confirmar el mensaje mediante la persecución.

Debemos aprender de esto que tanto los ministros fieles como las personas a quienes sirven tienen motivos especiales para alegrarse cuando el evangelio avanza por medio del sufrimiento. Las dificultades que se enfrentan por la obra de Cristo pueden convertirse en una señal de honor, no de vergüenza.

Luego Pablo explica que Dios lo designó para este ministerio y lo preparó especialmente al revelarle la verdad. Dice: «Si es que han oído de la administración de la gracia de Dios que me fue dada para ustedes» (Efesios 3:2). No está hablando con incertidumbre. Quiere decir: «Ya que han oído hablar de ella». Llama al evangelio la gracia de Dios porque es el regalo gratuito de Dios para las personas pecadoras y porque todas sus buenas noticias provienen de su bondad.

Pablo dice que esta gracia le fue dada para los efesios. Esto significa que Dios lo autorizó y lo envió a llevarles el evangelio a los gentiles, especialmente a ellos. Dice lo mismo otra vez en Efesios 3:7, donde se llama ministro del evangelio. Él no se convirtió en ministro por iniciativa propia. Dios lo hizo ministro, conforme al don de su gracia. Dios también le dio los dones que necesitaba y le concedió fuerzas para llevar a cabo la obra. Ese poder actuaba en el propio Pablo y también en muchos de los que lo escuchaban, mientras Dios bendecía su ministerio.

La enseñanza es sencilla: cuando Dios llama a alguien a una obra, también lo capacita para realizarla. El poder que acompaña a la gracia de Dios es real y eficaz.

Pablo también fue preparado de manera especial mediante una revelación de Dios. Habla tanto del misterio que fue revelado como de la revelación misma. El misterio era que los gentiles serían coherederos, miembros del mismo cuerpo y participantes de la promesa en Cristo por medio del evangelio (Efesios 3:6). Esto significa que los gentiles que creen compartirían la misma herencia celestial que los judíos creyentes, pertenecerían al mismo cuerpo espiritual, serían recibidos en la iglesia de Cristo y disfrutarían de las promesas del evangelio, especialmente de la promesa del Espíritu Santo.

Todo esto está en Cristo, porque todas las promesas de Dios se cumplen en él. También es por medio del evangelio, ya sea porque estos son los tiempos del evangelio o porque el evangelio es el medio que Dios usa para producir la fe en Cristo. Esta era la gran verdad mostrada a los apóstoles: que Dios salvaría a los gentiles por la fe en Cristo, aparte de las obras de la ley.

Pablo habla de esta revelación en Efesios 3:3-5. La unión de judíos y gentiles en una sola iglesia del evangelio era un gran misterio. Dios lo había planeado antes de la creación del mundo, pero durante muchas generaciones las personas no pudieron comprenderlo plenamente. Solo cuando se llevó a cabo, las profecías acerca de esto llegaron a entenderse con claridad.

Se le llama misterio porque sus detalles, el momento, la manera y la forma en que se cumpliría permanecieron ocultos en la mente de Dios hasta que él los reveló directamente a su siervo. Véase Hechos 26:16-18. Se le llama el misterio de Cristo porque Cristo lo reveló (Gálatas 1:12) y porque está estrechamente relacionado con él.

El apóstol ya había dado indicios de esto anteriormente, es decir, en los capítulos anteriores. «Cuando lean», o, según también puede entenderse, «cuando les presten atención», podrán comprender el conocimiento que tengo del misterio de Cristo. No solo debemos leer las Escrituras, sino también prestarles atención y tomarlas en serio. Así podremos ver cómo Dios capacitó a Pablo para ser apóstol a los gentiles, lo cual debía ser una señal clara de su autoridad divina.

Pablo dice que este misterio no se dio a conocer en otras generaciones a los seres humanos como ahora ha sido revelado a los santos apóstoles y profetas de Dios por el Espíritu (Efesios 3:5). En otras palabras, antes de Cristo no se había mostrado con la misma plenitud ni claridad que ahora a los profetas del Nuevo Testamento, quienes recibían inspiración y enseñanza directa del Espíritu. Debemos notar que la conversión del mundo gentil a la fe en Cristo es un misterio maravilloso, y debemos darle gracias a Dios por ello.

¿Quién habría imaginado que personas que durante tanto tiempo habían vivido en oscuridad y tan alejadas de Dios recibirían la luz del evangelio y serían acercadas a él? De esto debemos aprender a no perder la esperanza por las personas más perversas ni por las naciones más alejadas de Dios. Nada es demasiado difícil para la gracia divina. Nadie es tan indigno que Dios no pueda decidir concederle una gran gracia.

Esto nos concierne profundamente. Importa no solo porque vivimos en el tiempo en que este misterio ha sido revelado, sino también porque nosotros mismos pertenecemos a las naciones. En tiempos anteriores, esas naciones eran extranjeras y estaban alejadas, viviendo en una profunda idolatría. Ahora hemos sido iluminados por el evangelio eterno y hechos participantes de sus promesas.

Luego Pablo explica cómo llevó a cabo este ministerio, especialmente entre los gentiles y también entre todas las personas. En cuanto a los gentiles, les predicó las riquezas inescrutables de Cristo (Efesios 3:8). Observemos cuánta humildad muestra al hablar de sí mismo y cuán elevadas son sus palabras acerca de Jesucristo.

Pablo habla humildemente de sí mismo cuando dice que es «menos que el menor de todos los santos». Aunque era el principal de los apóstoles, se considera menos que el menor de todos los santos porque recuerda que en otro tiempo persiguió a los seguidores de Cristo. A sus propios ojos, era lo más pequeño que podía ser. ¿Qué puede haber por debajo de lo menor? Para hacerse tan pequeño como le es posible, dice que es menos que el menor.

Debemos notar que cuando Dios eleva a las personas para realizar una obra honorable, también las hace humildes y pequeñas a sus propios ojos. Donde Dios concede la gracia de ser humilde, también concede toda otra gracia. Observemos además la diferencia entre la manera en que Pablo habla de sí mismo y la manera en que habla de su ministerio. Aunque honra su labor, se considera pequeño. Un ministro fiel de Cristo puede ser muy humilde y pensar poco de sí mismo, aun cuando hable con gran estima de su llamado sagrado.

Pablo también habla muy en alto de Jesucristo cuando se refiere a las riquezas inescrutables de Cristo. En Cristo Jesús hay una gran abundancia de misericordia, gracia y amor, tanto para judíos como para gentiles. O quizá Pablo se refiere a las riquezas del evangelio, es decir, a las riquezas que Cristo adquirió y concede a todos los creyentes. Son riquezas inescrutables porque no podemos llegar a conocerlas por completo. La sabiduría humana jamás habría podido descubrirlas; solo podían conocerse por medio de la revelación.

Esta era la obra y el llamamiento de Pablo: anunciar entre los gentiles las riquezas insondables de Cristo. Él lo consideraba un favor inmenso y un honor indescriptible. «A mí me fue dada esta gracia» significa que Dios concedió esa bondad especial a una persona tan indigna como él. También es un gran favor para el mundo gentil que se le anuncien las riquezas insondables de Cristo. Es posible que muchos sigan siendo pobres y no reciban el beneficio de esas riquezas, pero aun así es una muestra de misericordia que se les ofrezcan. Si las personas no se enriquecen espiritualmente con ellas, la culpa es de ellas mismas.

La obra de Pablo también consistía en hacer que todos comprendieran, es decir, en dar a conocer al mundo entero en qué consiste la comunión del misterio. Ese misterio es que los gentiles, quienes durante mucho tiempo habían sido extraños a la iglesia, ahora son recibidos en comunión con ella. Este misterio estuvo oculto en Dios desde el principio del mundo, guardado en sus propósitos; él es el Dios que creó todas las cosas por medio de Jesucristo (Juan 1:3). Puesto que todas las cosas fueron hechas por medio de él, y nada de lo que existe fue hecho sin él, no sorprende que también salve a los gentiles, además de los judíos. Él es el Creador común de ambos pueblos, así que podemos estar seguros de que tiene poder para llevar a cabo su redención, pues ya realizó la obra mayor de la creación.

La primera creación, cuando Dios hizo todas las cosas de la nada, y la nueva creación, por la cual los pecadores llegan a ser personas nuevas mediante la gracia que los lleva al arrepentimiento, proceden ambas de Dios por medio de Jesucristo. Pablo añade que esto sucedió para que ahora, por medio de la iglesia, los gobernantes y las autoridades en los lugares celestiales conocieran la sabiduría multiforme de Dios (Efesios 3:10). Una de las razones por las que Dios reveló este misterio fue enseñarles a los santos ángeles, quienes tienen una posición elevada en el gobierno de los reinos y poderes del mundo y gran autoridad para cumplir la voluntad de Dios en la tierra, aunque su morada habitual está en el cielo.

Por lo que sucede en la iglesia y por medio de ella, esos ángeles ven la sabiduría multiforme de Dios, es decir, la gran variedad de maneras en que Dios ordena sabiamente todas las cosas. Ven su sabiduría manifestada en los diversos métodos que usa para gobernar a su iglesia a través de las distintas épocas, especialmente al recibir a los gentiles en ella. Los santos ángeles, que observan atentamente nuestra redención por medio de Cristo, no podían dejar de notar esta parte del misterio: que las riquezas insondables de Cristo se anuncian entre los gentiles.

Todo esto está de acuerdo con el propósito eterno que Dios cumplió en Cristo Jesús, nuestro Señor (Efesios 3:11). Algunos traducen esta frase con el sentido de «conforme al plan trazado desde todas las edades», y el doctor Whitby y otros siguen esa interpretación.

Según esta perspectiva, en la primera época Dios dio sabiamente la promesa de un Salvador a Adán después de su caída. En la segunda época, mostró a ese Salvador a los judíos por medio de personas santas, ritos y sacrificios. En la época del Mesías, la última época, lo reveló a los judíos y lo anunció a los gentiles.

Otros entienden esta frase, como lo hace nuestro texto, en el sentido del propósito eterno de Dios, que él planeó llevar a cabo en Jesucristo y por medio de él. Todo lo que Dios ha hecho en la gran obra de salvar a las personas está de acuerdo con ese plan eterno. Luego el apóstol añade acerca de Cristo: «En él tenemos libertad y acceso a Dios con confianza por medio de la fe en él» (Efesios 3:12).

Esto significa que, por medio de Cristo, tenemos libertad para abrir nuestro corazón delante de Dios como delante de un Padre. También tenemos la seguridad de que él nos escuchará y nos recibirá. Esto es posible por nuestra fe en Cristo, quien es nuestro gran mediador, el que se coloca entre Dios y nosotros, y nuestro abogado, el que intercede por nosotros ante el Padre. Podemos acercarnos a Dios con una confianza humilde para escuchar de él, porque la amenaza de la maldición ha sido quitada. Podemos esperar de él palabras buenas y reconfortantes. También podemos acudir con libertad para hablar con Dios, porque tenemos un mediador tan grande entre Dios y nosotros y un abogado así ante el Padre.

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