Versículo destacado
1 Tesalonicenses 3:11 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
Deseamos que Dios mismo, nuestro Padre, y nuestro Señor Jesús nos ayuden para que podamos ir a visitarlos.
1 Tesalonicenses 3:11
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
11 Deseamos que Dios mismo, nuestro Padre, y nuestro Señor Jesús nos ayuden para que podamos ir a visitarlos.
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En estas palabras vemos la ferviente oración del apóstol. Él quería seguir ayudando a los tesalonicenses y, como estaba lejos, solo podía hacerlo orando por ellos y escribiéndoles. Quería que su fe llegara a estar completa, pero no podía ser quien les diera o controlara esa fe. No pretendía tener señorío sobre la fe de ellos, por eso termina orando.
Observemos a quién dirige su oración: a Dios y a Cristo. La oración es un acto de adoración, y la adoración pertenece únicamente a Dios. Aquí ora a Dios, el Padre y nuestro Padre, y también a Cristo, nuestro Señor Jesucristo. Esto muestra que Jesucristo nuestro Señor es Dios, así como Dios el Padre es Dios. Debemos orar a Dios como nuestro Padre, tal como Jesús enseñó a sus discípulos, y tal como el Espíritu de adopción —el Espíritu que hace que los creyentes sean hijos de Dios— nos lleva a clamar: «Abba, Padre». La oración no solo se ofrece en el nombre de Cristo; también se ofrece al mismo Cristo como nuestro Señor y Salvador.
Pide dos clases de bendición: una para él y sus colaboradores, y otra para los tesalonicenses. Primero, ora para que él y sus compañeros puedan llegar a ellos en un viaje próspero conforme a la voluntad de Dios, como dice 1 Tesalonicenses 3:11. Un viaje puede parecer algo que depende de nuestra propia decisión y capacidad, pero Pablo sabía que no era así. Sabía que en Dios vivimos, nos movemos y existimos, y que dependemos de Dios tanto para todas nuestras acciones como para la vida misma. La providencia de Dios, su gobierno amoroso sobre todas las cosas, ordena nuestros asuntos y da éxito a lo que hacemos. El Padre dirige a sus hijos adónde ir y qué hacer, y el Señor Jesucristo dirige de manera especial los pasos de sus ministros fieles, esas estrellas que sostiene en su mano derecha. Por eso, reconozcamos a Dios en todos nuestros caminos, y él dirigirá nuestras sendas.
En segundo lugar, ora por el bien espiritual de los tesalonicenses. Pudiera visitarlos o no, aun así le pide fervientemente a Dios que haga prosperar sus almas. Desea dos cosas para ellos, y estas son cosas que también debemos desear para nosotros y para nuestros amigos: que crezcan en amor y que sean afirmados en santidad.
Ora para que aumenten y abunden en amor, tanto unos por otros como por todas las personas (1 Tesalonicenses 3:12). Todos los cristianos están llamados a esto. No solo debemos amar a nuestros hermanos en la fe, sino también mostrar un interés bondadoso y afectuoso por todos. El amor viene de Dios y cumple tanto el evangelio como la ley. Timoteo había traído buenas noticias acerca de la fe de ellos, pero Pablo todavía veía espacio para crecer. Su amor también era real, pero él ora para que aumente y abunde. Debemos desear crecer en toda gracia y necesitamos la ayuda del Espíritu para hacerlo. La oración es el medio por el cual buscamos esa ayuda. Debemos dar gracias a Dios no solo por la gracia que nos concedió al principio, sino también por su crecimiento. Sin embargo, la oración debe ir acompañada de esfuerzo. Para animar este amor en los tesalonicenses, Pablo vuelve a señalar su propio amor profundo por ellos. Cuanto más somos amados, más amorosos debemos ser.
También ora para que sus corazones sean afirmados en santidad y para que sean hallados irreprochables delante de Dios cuando venga nuestro Señor Jesucristo (1 Tesalonicenses 3:13). Este fruto del amor muestra que crecer en la gracia, especialmente en el amor, nos hace más firmes y fuertes en santidad. La santidad es necesaria para todo aquel que espera entrar al cielo, y en esa santidad debemos ser irreprochables. Esto significa que nuestra vida no debe contradecir, ni siquiera en lo más pequeño, la santa profesión de fe que hacemos. Debemos desear que nuestros corazones sean afirmados en santidad delante de Dios y preservados hasta que venga el Señor Jesús. Entonces debemos ser hallados irreprochables delante de Dios el Padre y ser presentados sin mancha ante el trono de su gloria.
El Señor Jesús ciertamente vendrá, y vendrá en gloria. Cuando venga, sus santos, su pueblo santo, vendrán con él y aparecerán con él en gloria. Entonces quedarán claras la belleza y la necesidad de la santidad. Sin santidad, ningún corazón será afirmado en aquel día, y nadie será irreprochable ni escapará de la condenación eterna.
De este capítulo
1 Tesalonicenses 3:1
"Entonces, como ya no podíamos resistir más, decidimos quedarnos solos en Atenas"
1 Tesalonicenses 3:2
"y enviar a nuestro hermano Timoteo, que es colaborador de Dios en el anuncio del evangelio de Cristo. Lo enviamos para que los afirmara y animara en su fe,"
1 Tesalonicenses 3:3
"y para que ninguno se dejara confundir por estas dificultades. Pues ustedes mismos saben que tenemos que sufrir estas cosas."
1 Tesalonicenses 3:4
"Además, cuando todavía estábamos con ustedes, les advertimos que íbamos a sufrir aflicciones; y así sucedió, como ya saben."
1 Tesalonicenses 3:5
"Por eso, yo en particular, como ya no podía resistir más, mandé preguntar cómo andaban ustedes en cuanto a su fe, pues tenía miedo de que el tentador les hubiera puesto una tentación y de que nuestro trabajo hubiera resultado en vano."
1 Tesalonicenses 3:6
"Pero ahora Timoteo ha vuelto de Tesalónica y nos ha traído buenas noticias de la fe y el amor que ustedes tienen. Nos dice que siempre se acuerdan de nosotros con cariño y que tienen tantos deseos de vernos como nosotros de verlos a ustedes."
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