Versículo destacado
1 Samuel 11:5 - Significado y aplicación
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Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" En ese momento, Saúl volvía del campo con los bueyes y preguntó: —¿Qué le pasa a la gente? ¿Por qué lloran? La gente le contó la noticia que habían traído los hombres de Jabés. "
1 Samuel 11:5
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
3 Entonces los ancianos de Jabés le respondieron: —Concédenos un plazo de siete días para enviar mensajeros por todo el territorio israelita; si nadie viene a ayudarnos, nos rendiremos a ti.
4 Los mensajeros llegaron a Guibeá, donde vivía Saúl, y comunicaron la noticia a la gente. Todos comenzaron a llorar amargamente.
5 En ese momento, Saúl volvía del campo con los bueyes y preguntó: —¿Qué le pasa a la gente? ¿Por qué lloran? La gente le contó la noticia que habían traído los hombres de Jabés.
6 Cuando Saúl oyó aquello, el espíritu de Dios se apoderó de él, y Saúl se llenó de furia.
7 Entonces tomó un par de bueyes, los descuartizó y, por medio de unos mensajeros, envió los trozos por todo el territorio israelita. Los mensajeros decían: «Esto mismo se hará con los bueyes de quien no se una a Saúl y Samuel y los siga». Un miedo tremendo invadió a la gente, y salieron como un solo hombre para unirse a ellos.
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Lo que aquí se registra habla muy bien del honor de Saúl y muestra los buenos efectos del nuevo espíritu que había recibido. Primero vemos su humildad. Aunque había sido ungido como rey y aceptado por el pueblo, no consideró indigno cuidar su propio rebaño. Él mismo fue a ver cómo estaban y regresó al anochecer del campo con sus siervos (1 Samuel 11:5). Esto demuestra que su ascenso no lo había llenado de orgullo, como suele suceder cuando alguien pasa de una posición humilde a una elevada.
Dios todavía no le había encomendado mucho trabajo como rey, así que dejó los asuntos en manos de Samuel. Por el momento, volvió a sus labores del campo en vez de quedarse sin hacer nada. Quienes no lo respetaban quizá menospreciaban esto, pero las personas sabias y trabajadoras no lo tendrían en menor estima por ello. Saúl no tenía un ingreso fijo que sostuviera su posición real, y no quería ser una carga para el pueblo. Así que, como Pablo, trabajaba con sus propias manos. Si descuidaba los asuntos de su casa, ¿cómo podría mantener a su familia y a sí mismo? Salomón da una advertencia parecida cuando dice que hay que cuidar bien los rebaños, porque una corona no dura de generación en generación (Proverbios 27:23-24). La corona de Saúl no duró, así que necesitaba proveer algo más seguro.
Segundo, vemos su preocupación por sus vecinos. Cuando los vio llorando, preguntó qué sucedía. Quería saber si se trataba de un problema que pudiera ayudar a resolver o, si no podía hacer nada, por lo menos compartir su dolor. Los buenos gobernantes se afligen cuando su pueblo está llorando.
Tercero, vemos su celo por la seguridad y el honor de Israel. Cuando escuchó acerca de la arrogancia de los amonitas y de la angustia de una ciudad israelita, el Espíritu de Dios vino sobre él, le dio pensamientos firmes y su enojo se encendió intensamente (1 Samuel 11:6). Estaba enojado por la insolencia de los amonitas, por el espíritu débil y evasivo de los hombres de Jabes de Galaad, y porque no le habían informado antes del ataque de los amonitas ni del peligro que enfrentaban. También le molestaba ver llorando a sus vecinos cuando deberían haberse estado preparando para la guerra. Este era un fuego valiente y noble en el corazón de Saúl, apropiado para la alta responsabilidad que tenía.
Cuarto, vemos la autoridad y el poder que ejerció en este asunto urgente. Saúl pronto demostró a todo Israel que, aunque había estado viviendo tranquilamente, todavía se preocupaba por el bien público y sabía cómo reunir a los hombres para la guerra tan bien como sabía sacar el ganado del campo (1 Samuel 11:5, 1 Samuel 11:7). Envió un llamado por todas las regiones de Israel, demostrando que su autoridad se extendía más allá de su propia tribu, a todas las tribus. Ordenó que todos los hombres capaces se reunieran en Besec para el servicio militar. Incluyó a Samuel en el liderazgo junto con él, mostrando modestia y respeto por la función del profeta. También mostró moderación en la pena que amenazó imponer a quienes desobedecieran. Cortó un yugo de bueyes en pedazos y envió los pedazos por las ciudades de Israel. No advirtió: «Esto se hará con el hombre», sino: «Esto se hará con sus bueyes».
Dios ya había hablado de una pérdida semejante como un juicio severo: el buey sería sacrificado delante de los ojos de su dueño, y este no comería de él (Deuteronomio 28:31). Se necesitaba alguna pena para hacer cumplir la orden, pero esta era mucho menos severa que el castigo establecido para una orden semejante dada por toda la asamblea (Jueces 21:5). Saúl quería demostrar que su gobierno sería más moderado que el que habían conocido antes. Como resultado, los soldados de la nación salieron juntos como un solo hombre. La razón que se da es que el temor del Señor cayó sobre ellos. Saúl no intentó hacer que le tuvieran miedo a él. Más bien, obedecieron porque temían a Dios y respetaban a Aquel que había hecho rey a Saúl y que los había unido como miembros de un mismo pueblo. La fe y el temor de Dios hacen que las personas sean buenos ciudadanos, buenos soldados y buenos colaboradores del bien público. Quienes temen a Dios toman en serio su deber hacia todos, especialmente hacia sus gobernantes.
Quinto, vemos la manera sabia en que Saúl manejó todo el asunto. Contó a los hombres que se habían reunido con él para conocer sus fuerzas y organizar lo mejor posible al ejército (1 Samuel 11:8). Es un honor para los gobernantes conocer el número de sus hombres, pero la gloria del Rey de reyes es que sus ejércitos no pueden ser contados (Job 25:3). En esta reunión, Judá no dio una muestra muy numerosa de sus fuerzas, aunque fue contada por separado. Del número total, solo representaba una onceava parte: 30,330 hombres, a pesar de que el lugar de reunión, Besec, estaba en el territorio de esa tribu. Le faltaban los números, el valor o el celo por los que esa tribu había sido conocida en otro tiempo. ¡A qué bajo nivel había caído, justo antes de que el cetro real llegara a ella por medio de David!
Sexto, vemos la fe y la confianza de Saúl, y de ellas, su valor y firme determinación. Parece que Saúl envió de regreso a los mismos mensajeros que habían llevado la noticia desde Jabes de Galaad, y los utilizó para reunir a los soldados. Ellos serían fieles y cuidadosos en su propia tarea. Los envió de vuelta con sus compatriotas afligidos llevando esta promesa, probablemente animado por Samuel: «Mañana, para esta hora, antes de que el enemigo pueda decir que los siete días han terminado, ustedes serán rescatados» (1 Samuel 11:9). «Prepárense para hacer su parte, y nosotros haremos la nuestra. Ustedes saldrán contra los que los tienen sitiados, mientras nosotros los rodearemos». Saúl sabía que su causa era justa, que tenía un llamado claro y que Dios estaba de su lado; por eso no dudaba del resultado.
Esta fue una buena noticia para el pueblo de Galaad, cuyas lágrimas casi se habían secado de tanto llorar y que casi habían perdido las fuerzas de tanto esperar el rescate. Mientras mayor es el peligro, más bienvenido es el rescate. Cuando escucharon esto, se alegraron y confiaron en la promesa que les había sido enviada. Incluso enviaron un mensaje al campamento enemigo (1 Samuel 11:10) diciendo que al día siguiente estarían listos para enfrentarlos. Los enemigos tomaron esto como una señal de que los hombres de Jabes habían perdido toda esperanza de recibir ayuda, así que se sintieron más seguros de sí mismos. Si no enviaron exploradores para corregir su propio error, solo ellos tenían la culpa si eran tomados por sorpresa. Los hombres sitiados no tenían ninguna obligación de advertirles acerca de la ayuda que se les había prometido.
Séptimo, vemos el gran esfuerzo y la atención cuidadosa de Saúl en este asunto. Aunque hubiera sido criado y entrenado como soldado desde su juventud, y hubiera dirigido regimientos tantas veces como había guiado ganado, no podría haber manejado esta tarea con mayor habilidad ni con más cuidado. Cuando el Espíritu del Señor viene sobre una persona, puede hacerla capaz aun sin una larga experiencia.
Saúl tenía ahora a su disposición un ejército numeroso, especialmente para aquella época, y delante de él había una larga marcha de casi sesenta millas, además de que debía cruzar el río Jordán. No tenía caballería, sino únicamente soldados de infantería, y los dividió en tres grupos (1 Samuel 11:11). Aun así, avanzó con una rapidez sorprendente hacia el enemigo.
En un solo día y una sola noche llegó al lugar donde se decidiría el resultado, tanto para él como para Israel. Cumplió su promesa y, de hecho, hizo aún más de lo que había prometido. Había dicho que llevaría ayuda para cuando el sol estuviera caliente al día siguiente (1 Samuel 11:9), pero llegó durante la guardia de la mañana, antes del amanecer (1 Samuel 11:11). Dios ayuda a quienes sostiene, y lo hace temprano (Salmo 46:5).
Saúl también mostró gran valor al atacar al enemigo. Al amanecer, cuando probablemente los amonitas soñaban con la victoria que esperaban obtener ese día sobre el pueblo de Jabes de Galaad, Saúl apareció de repente en medio de su campamento. Sus hombres marcharon en tres columnas, de modo que el enemigo quedó rodeado por todos lados y no tuvo tiempo ni valor para resistir.
Para completar el honor de Saúl, Dios dio éxito a estas acciones valientes. Jabes de Galaad fue rescatada y los amonitas fueron derrotados por completo. Saúl tuvo todo el día por delante para terminar la victoria, y fue una victoria total. Después de una gran matanza, los sobrevivientes quedaron tan dispersos que no había dos que pudieran permanecer juntos para animarse o ayudarse mutuamente (1 Samuel 11:11).
Podemos pensar que Saúl actuó con una energía especial por dos razones. Primero, había cierta relación entre la tribu de Benjamín y la ciudad de Jabes de Galaad. En otro tiempo, esa ciudad se había negado a unirse al resto de Israel para destruir a Gabaa, y eso se había tomado en su contra. Pero ahora quizá se recordó aquel acto de bondad cuando Saúl, un hombre de Gabaa, llegó con tanta rapidez y valentía para rescatar a Jabes de Galaad. Y había algo más: dos terceras partes de los benjaminitas que quedaban habían recibido mujeres de esa ciudad como esposas (Jueces 21:14), por lo que muchas de las madres de Benjamín eran mujeres de Jabes de Galaad. Por lo tanto, como benjaminita, Saúl habría sentido un afecto especial por esa ciudad, y más tarde sus habitantes correspondieron a esa bondad (1 Samuel 31:11-12).
Segundo, fue el ataque de los amonitas lo que llevó al pueblo a pedir un rey, como Samuel lo diría más adelante (1 Samuel 12:12). Por eso, si Saúl hubiera fracasado en esta campaña, habría defraudado las esperanzas del pueblo y perdido para siempre su respeto.
De este capítulo
1 Samuel 11:1
"Nahas, rey de Amón, fue a Jabés de Galaad y preparó a su ejército para atacar la ciudad. Pero los habitantes de Jabés le dijeron: —Haz un pacto con nosotros, y nos someteremos a ti."
1 Samuel 11:2
"Nahas el amonita les respondió: —Haré un pacto con ustedes, pero con la condición de que acepten que yo le saque el ojo derecho a cada uno de ustedes, para poner así en ridículo a los israelitas."
1 Samuel 11:3
"Entonces los ancianos de Jabés le respondieron: —Concédenos un plazo de siete días para enviar mensajeros por todo el territorio israelita; si nadie viene a ayudarnos, nos rendiremos a ti."
1 Samuel 11:4
"Los mensajeros llegaron a Guibeá, donde vivía Saúl, y comunicaron la noticia a la gente. Todos comenzaron a llorar amargamente."
1 Samuel 11:6
"Cuando Saúl oyó aquello, el espíritu de Dios se apoderó de él, y Saúl se llenó de furia."
1 Samuel 11:7
"Entonces tomó un par de bueyes, los descuartizó y, por medio de unos mensajeros, envió los trozos por todo el territorio israelita. Los mensajeros decían: «Esto mismo se hará con los bueyes de quien no se una a Saúl y Samuel y los siga». Un miedo tremendo invadió a la gente, y salieron como un solo hombre para unirse a ellos."
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