Versículo destacado
1 Reyes 14:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Por aquel tiempo, Abías, hijo de Jeroboam, cayó enfermo. "
1 Reyes 14:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Por aquel tiempo, Abías, hijo de Jeroboam, cayó enfermo.
2 Entonces Jeroboam le dijo a su mujer: —Anda, disfrázate para que no reconozcan que eres mi mujer, y vete a Siló. Allí vive Ahías, el profeta que me dijo que yo sería rey de esta nación.
3 Toma diez panes, tortas y una jarra de miel, y ve a verlo para que te diga qué va a ser de este niño.
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La manera en que Jeroboam siguió mostrando desprecio por Dios y por la verdadera adoración queda clara al final del capítulo anterior. Aquí vemos cómo Dios trató con él en este conflicto. Cuando Dios juzga, él prevalece, y los pecadores tienen que postrarse ante él o ser quebrantados.
El hijo de Jeroboam cayó enfermo (1 Reyes 14:1). Probablemente era su hijo mayor, el que estaba destinado a heredar el trono, pues más adelante todo el reino lamentó su muerte (1 Reyes 13:4). Su rango de príncipe, su juventud e incluso cualquier favor que pudiera haber tenido delante de Dios no pudieron protegerlo de una enfermedad grave. Nadie debe sentirse seguro por disfrutar continuamente de buena salud; más bien, debe aprovecharla bien mientras la tenga.
Al mismo tiempo, mientras Jeroboam pecaba abiertamente al nombrar sacerdotes que no pertenecían a la tribu de Leví, su hijo enfermó (1 Reyes 13:33). Cuando la enfermedad entra en nuestros hogares, debemos preguntarnos si allí se está permitiendo algún pecado especial y si Dios está usando esa dificultad para advertirnos y corregirnos.
Jeroboam envió a su esposa disfrazada para preguntarle al profeta Ahías qué sucedería con el niño (1 Reyes 14:2-3). La enfermedad de su hijo lo conmovió profundamente. Perder a esta rama de la familia pudo haberle resultado casi tan doloroso como perder aquella otra parte de su cuerpo, su propia mano, que se había quedado seca anteriormente (1 Reyes 13:4). El amor natural es fuerte, y nuestros hijos son, por así decirlo, nosotros mismos, aunque estén separados de nosotros por una generación.
Su principal preocupación en medio de aquella aflicción era saber si el niño viviría o moriría. Habría sido más sensato preguntar qué debía hacerse para ayudarlo a recuperarse, qué medicina debía recibir y qué cuidados había que darle. Pero esta historia, junto con otras parecidas relacionadas con Ocozías y Ben-adad (2 Reyes 1:2; 2 Reyes 8:8), muestra la idea insensata que muchas personas tenían acerca del destino. Si pensaban que el enfermo viviría, no veían la necesidad de usar medios para ayudarlo. Si pensaban que moriría, consideraban inútiles esos medios. No recordaban que nuestro deber nos corresponde a nosotros, mientras que los acontecimientos están en manos de Dios, y que aquel que ordena el fin también ordena los medios para alcanzarlo.
Habría sido más piadoso que Jeroboam preguntara por qué Dios estaba contendiendo con él, buscara las oraciones del profeta y abandonara sus ídolos. Entonces quizá el niño le habría sido devuelto, así como le había sido restaurada la mano. La mayoría de las personas prefiere que le anuncien su futuro antes que sus pecados o su deber.
Jeroboam envió a buscar a Ahías, el profeta que vivía apartado en Silo. Ahías estaba ciego debido a su avanzada edad, pero Dios todavía lo bendecía con visiones, y esas visiones no dependían de la vista física. De hecho, la falta de vista pudo haber ayudado a que los ojos de su mente estuvieran más fijos y menos distraídos. Jeroboam no le pidió consejo acerca de sus becerros de oro ni de sus sacerdotes falsos. Acudió a él en medio de la angustia, cuando los dioses que servía no podían ayudarlo. Las dificultades suelen recordarles a las personas que visiten a los ministros y a los amigos que oran, a quienes antes habían ignorado.
Envió a buscar a Ahías porque ese profeta le había anunciado en otro tiempo que sería rey (1 Reyes 13:2). Probablemente pensó: «Él fue mensajero de buenas noticias una vez; tal vez vuelva a serlo». Pero cuando las personas se hacen indignas de recibir consuelo por causa de su pecado y aun así esperan que sus ministros, simplemente por ser hombres buenos, les hablen de paz, se hacen daño a sí mismas y también agravian a sus ministros.
Envió a su esposa porque ella podía hacer la pregunta sin revelar su identidad; solo tendría que decir: «Señor, tengo un hijo enfermo. ¿Se recuperará o no?». Jeroboam confiaba en que ella transmitiría fielmente el mensaje y regresaría con la respuesta. Parece que no tenía entre sus consejeros a nadie en quien confiara tanto. Aun así, el niño enfermo difícilmente podía prescindir de su madre, pues las madres son las mejores cuidadoras. Habría sido mejor que ella se quedara en casa para atenderlo en vez de ir a Silo a preguntar por su futuro.
Si iba, tenía que hacerlo disfrazada. Debía cambiarse de ropa, cubrirse el rostro y viajar usando otro nombre. Esto tenía como propósito no solo evitar que las personas del camino la reconocieran, como si una misión así estuviera por debajo de su rango, sino también ocultarla del propio profeta. Ella solo quería una respuesta acerca de su hijo, no que se mencionara el pecado con el que su esposo se había apartado de Dios. Todavía hay personas que intentan ponerles límites a sus ministros y solo quieren escuchar palabras agradables. No desean conocer toda la verdad de Dios, porque temen que traiga malas noticias acerca de ellas mismas.
Jeroboam tenía una idea extraña del profeta de Dios. Creía que el profeta podía decir con certeza lo que ocurriría con el niño, pero de alguna manera no podía descubrir quién era su madre. ¿Acaso pensaba que el profeta podía ver el futuro oculto, pero no atravesar un disfraz tan sencillo? ¿Creía que el Dios de Israel era como sus becerros, capaces de ser moldeados a su gusto? Nadie debe engañarse: Dios no puede ser burlado.
Dios le avisó a Ahías que la esposa de Jeroboam venía, y también le dijo que llegaría disfrazada, además de indicarle exactamente lo que debía decirle (1 Reyes 14:5). Así que, cuando ella llegó a la puerta, él la llamó por su nombre, para gran sorpresa de ella, y mostró delante de todos quién era en realidad (1 Reyes 14:6): «Entra, esposa de Jeroboam. ¿Por qué finges ser otra persona?». No tuvo consideración por su rango. Ella era una reina, pero eso no significaba nada para él cuando tenía un mensaje de Dios, delante de quien todas las personas están al mismo nivel.
También pasó por alto el regalo que ella llevaba. Era común llevar un obsequio al consultar a un profeta, y los profetas aceptaban esos regalos sin convertirse en mercenarios. Ella había llevado un producto apropiado del campo (1 Reyes 14:3), pero eso no lo hizo sentirse obligado a suavizar el mensaje. Tampoco tomó en cuenta su esfuerzo por permanecer oculta. Por lo general, es una muestra de cortesía no señalar a quienes desean pasar inadvertidos, pero el profeta no era un adulador de la corte ni ofrecía honores vacíos. Lo mejor es hablar con claridad. Ella sabría de inmediato lo que tendría que enfrentar: se acercaban noticias muy dolorosas.
Quienes creen que pueden esconderse de Dios mediante un disfraz quedarán profundamente avergonzados cuando sean expuestos en el día del juicio. Ahora los pecadores pueden parecer santos y ser considerados como tales, pero cuánto se avergonzarán y temblarán cuando su falsa apariencia sea arrancada y sean llamados por su verdadero nombre: hipócritas de corazón engañoso.
Que una persona sea colocada entre los hipócritas será, en verdad, un mensaje muy triste. Dios juzgará a las personas por lo que realmente son, no por lo que aparentan ser.
De este capítulo
1 Reyes 14:2
"Entonces Jeroboam le dijo a su mujer: —Anda, disfrázate para que no reconozcan que eres mi mujer, y vete a Siló. Allí vive Ahías, el profeta que me dijo que yo sería rey de esta nación."
1 Reyes 14:3
"Toma diez panes, tortas y una jarra de miel, y ve a verlo para que te diga qué va a ser de este niño."
1 Reyes 14:4
"La mujer de Jeroboam hizo lo que él le dijo. Se preparó, fue a Siló y llegó a la casa de Ahías. Ahías no podía ver, pues su vista se había ido apagando a causa de su vejez,"
1 Reyes 14:5
"pero el Señor le había revelado que la mujer de Jeroboam iría a consultarlo acerca de su hijo, que estaba enfermo. También le hizo saber lo que debía responderle y le advirtió que ella llegaría disfrazada."
1 Reyes 14:6
"Cuando Ahías oyó sus pasos mientras ella entraba por la puerta, le dijo: —Entra, mujer de Jeroboam. ¿Por qué te haces pasar por otra? He recibido el encargo de hablarte duramente,"
1 Reyes 14:7
"así que regresa y dile a Jeroboam que el Señor, Dios de Israel, ha dicho: “Yo te saqué de entre el pueblo y te hice jefe de mi pueblo Israel."
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