Versículo destacado

1 Reyes 11:26 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Español

" También Jeroboam, hijo de Nabat, se rebeló contra el rey. Jeroboam era un funcionario de Salomón, de la ciudad de Seredá y de la tribu de Efraín. Su madre era una viuda llamada Serúa. "

1 Reyes 11:26

menu_book El versículo en contexto

24 Había reunido a algunos hombres y era el jefe de una banda de ladrones. Cuando David les mató gente, Rezón se fue a Damasco y se estableció allí como rey.

25 Fue enemigo de Israel mientras vivió Salomón, y esto se sumó al daño que causaba Hadad, pues aborrecía a Israel. De este modo, Rezón llegó a ser rey de Siria.

26 También Jeroboam, hijo de Nabat, se rebeló contra el rey. Jeroboam era un funcionario de Salomón, de la ciudad de Seredá y de la tribu de Efraín. Su madre era una viuda llamada Serúa.

27 La razón por la que Jeroboam se rebeló contra el rey fue la siguiente: Salomón estaba construyendo el terraplén y cerrando la brecha de la Ciudad de David, su padre.

28 Jeroboam era un hombre fuerte y decidido; y cuando Salomón vio que este joven era muy activo, lo puso a cargo de todo lo relacionado con los descendientes de José.

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auto_stories Comentario de Bible Guided

Aquí conocemos por primera vez ese nombre infame: Jeroboam hijo de Nabat, el hombre que llevó a Israel al pecado. Aquí aparece como enemigo de Salomón, el rey a quien Dios ya le había dicho que entregaría la mayor parte del reino a un siervo (1 Reyes 11:11); y Jeroboam era ese hombre.

Primero aprendemos de dónde venía. Pertenecía a la tribu de Efraín, la tribu que ocupaba el segundo lugar en honor después de Judá. Su madre era viuda, y Dios le había dado en su hijo la ayuda y el consuelo que había perdido con su esposo. Jeroboam era activo, capaz y útil, y seguramente constituía un gran apoyo para ella.

También aprendemos cómo llegó a ocupar una posición prominente. Salomón mostró sabiduría al escoger a los hombres adecuados para su trabajo. Vio que Jeroboam era trabajador, cuidadoso y diligente en su tarea, así que siguió ascendiéndolo. Finalmente, Salomón lo puso a cargo de las obras forzadas, es decir, de los tributos o impuestos, y quizá también de la milicia, la fuerza organizada para la guerra, de la casa de José. La diligencia es un camino hacia el progreso. Si una persona es diligente y fiel en su trabajo, puede llegar a presentarse ante los reyes en lugar de permanecer entre la gente común.

Aquí también vemos una diferencia entre David, Salomón y Saúl. Saúl buscaba hombres valientes y los atraía hacia sí (1 Samuel 14:52). Salomón buscaba hombres industriosos y los ascendía. David buscaba personas fieles, porque quería tener hombres íntegros a su alrededor. Valoraba la piedad, porque era un hombre conforme al corazón de Dios.

Desde entonces, Jeroboam quedó señalado para gobernar sobre las diez tribus después de la muerte de Salomón. Algunos piensan que ya estaba conspirando contra Salomón y tratando de subir al trono. Los judíos dicen que, mientras trabajaba en Milo, habló contra el gobierno de Salomón y puso al pueblo en su contra. Eso parece poco probable en esos términos, porque Salomón se habría enterado y habría dejado de ascenderlo. Sin embargo, las palabras del profeta muestran que Jeroboam albergaba esos pensamientos en su corazón, pues se le dijo: «Tú reinarás conforme a todo lo que tu corazón desea» (1 Reyes 11:37). Así, su ascenso y la osadía que más tarde mostraría contra el rey estaban relacionados.

El profeta era Ahías de Silo, a quien volveremos a encontrar más adelante (1 Reyes 14:2). Silo no había sido completamente olvidado por Dios, porque Él todavía conservaba allí a un profeta como recuerdo de tiempos anteriores. Ahías se encontró con Jeroboam en el camino, probablemente después de pedirles a sus siervos que se apartaran, como Samuel hizo en una situación semejante con Saúl (1 Samuel 9:27). La palabra de Dios no era menos segura por haber llegado a Jeroboam de una manera tan tranquila y reservada.

La señal consistió en rasgar una vestidura nueva en doce pedazos y darle diez de ellos a Jeroboam (1 Reyes 11:30, 31). No se sabe con certeza si la vestidura era de Jeroboam o de Ahías, aunque es más probable que fuera del profeta, ya que él se había puesto una vestidura nueva precisamente para realizar esta señal. En un caso anterior, la separación del reino de Saúl fue representada por el manto rasgado de Samuel, no por el de Saúl (1 Samuel 15:27, 28). En ocasiones, los profetas, tanto verdaderos como falsos, usaban señales representadas mediante acciones; esto también ocurrió en el Nuevo Testamento, cuando Agabo hizo algo semejante (Hechos 21:10, 11).

El mensaje era muy claro. A Jeroboam se le dijo que gobernaría sobre diez de las doce tribus de Israel. Su origen humilde y su cargo común no impedirían su ascenso cuando el Dios de Israel, quien establece a los gobernantes, declaraba: «Te daré diez tribus» (1 Reyes 11:31). Pero también se le explicó por qué sucedería esto. No era porque lo mereciera, sino porque Salomón se había apartado de Dios. Dios dijo que sucedería porque Salomón, su familia y muchos de los que lo rodeaban lo habían abandonado y habían servido a otros dioses (1 Reyes 11:33). Israel debía entender por esto que no había recibido Canaán por ser justo, sino porque los cananeos eran malvados (Deuteronomio 9:4). Jeroboam no merecía una posición tan elevada, pero Israel sí merecía un gobernante semejante.

Al decirle que el reino sería arrancado porque Salomón y su familia habían abandonado a Dios, el profeta también advirtió a Jeroboam que no perdiera ese mismo favor por causa del pecado. El regalo también tenía límites. Solo debía esperar las diez tribus y recibirlas después de la muerte de Salomón, de modo que no intentara apoderarse de todo de una vez ni alterara inmediatamente el gobierno de Salomón. Dos tribus, llamadas aquí una sola porque la pequeña tribu de Benjamín estaba casi absorbida por Judá, permanecerían con la casa de David. Jeroboam no debía tocarlas.

La casa de David conservaría una tribu, para que David tuviera todavía una lámpara, es decir, un nombre perdurable y una línea real (Salmo 132:17). Dios no rechazaría a David como había rechazado a Saúl. La casa de David debía permanecer, porque el Mesías vendría de ella. Esa bendición no podía ser destruida.

Salomón también seguiría siendo rey por el resto de su vida (1 Reyes 11:34, 35). Jeroboam no debía intentar quitarlo, sino esperar pacientemente hasta el momento establecido por Dios. Salomón gobernaría como príncipe durante toda su vida, no porque se lo hubiera ganado, pues lo había perdido por su pecado, sino por causa de David, el siervo de Dios, que había obedecido sus mandamientos. Muchas veces los hijos reciben cosas buenas en este mundo por causa de la fe y la obediencia de sus padres.

También se le dijo a Jeroboam que conservaría el reino solo mientras actuara correctamente. En efecto, la concesión de la corona permanecería únicamente mientras él siguiera siendo fiel.

«Si haces lo recto delante de mí, edificaré para ti una casa firme, y de lo contrario no será así» (1 Reyes 11:38). Esto significa que, si Jeroboam se apartaba de Dios, incluso su ascenso al trono terminaría en la ruina de su familia. En cambio, aunque la familia de David sería disciplinada y enfrentaría dificultades, no sería derribada para siempre (1 Reyes 11:39). Volvería a levantarse y brillaría en los reyes posteriores de Judá, mientras que la familia de Jeroboam sería eliminada.

Jeroboam huyó a Egipto, como se relata en 1 Reyes 11:40. De alguna manera, Salomón se enteró del asunto, probablemente por el propio Jeroboam, ya que este no lo había mantenido oculto. Si Jeroboam hubiera guardado silencio, quizá habría podido permanecer en su propia tierra y prepararse allí para gobernar en el futuro. Pero una vez que el asunto se hizo público, ocurrieron dos cosas.

Primero, Salomón trató neciamente de matar al hombre que ocuparía su lugar. ¿Acaso no les había enseñado a otros que los planes humanos no pueden detener el propósito del Señor, porque el consejo del Señor permanecerá? Sin embargo, ahora intentaba frustrar precisamente ese propósito. Segundo, Jeroboam se retiró sabiamente a Egipto. La promesa de Dios lo habría protegido en cualquier lugar, pero aun así usó medios comunes para conservar su vida. Estuvo dispuesto a vivir exiliado y en el anonimato por un tiempo, porque sabía que al final recibiría un reino. También nosotros debemos tener esa misma paciencia, pues se nos ha reservado un reino mucho mejor.

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