Versículo destacado
1 Corintios 16:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" En cuanto a la colecta para los del pueblo santo, háganla según las instrucciones que di a las iglesias de la provincia de Galacia. "
1 Corintios 16:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 En cuanto a la colecta para los del pueblo santo, háganla según las instrucciones que di a las iglesias de la provincia de Galacia.
2 Cada domingo, cada uno de ustedes debe apartar algo según lo que haya ganado y guardarlo, para que cuando yo llegue no tengan que hacerse colectas.
3 Y cuando yo llegue, enviaré a Jerusalén a las personas que ustedes escojan, con cartas para que lleven la colecta hecha por ustedes.
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En este capítulo, Pablo termina esta extensa carta tratando algunos asuntos prácticos. Podrían parecer menos importantes, pero, puesto que toda la Escritura es dada por Dios, también son útiles para nuestra enseñanza. Comienza dando instrucciones acerca de una ofrenda para atender una necesidad especial: la extrema pobreza de los cristianos en Judea. Esa pobreza era poco común en aquella época, en parte por las dificultades que afectaban a esa nación y en parte por el sufrimiento que enfrentaban los creyentes.
Primero, observa cómo introduce el asunto. No les está pidiendo que hagan algo único, porque ya había dado la misma instrucción a las iglesias de Galacia (1 Corintios 16:1). Solo quiere que Corinto siga la misma regla que había dado a otras iglesias en una situación similar. No quería que otros recibieran alivio mientras ellos cargaban con la necesidad (2 Corintios 8:13).
También menciona sabiamente que las iglesias de Galacia habían recibido la misma instrucción. Esto podía despertar una competencia sana y animar a los corintios a ser generosos conforme a sus posibilidades y a la necesidad que tenían delante. Probablemente habían recibido más dones espirituales que la mayoría de las iglesias, y quizá también tenían mayores recursos materiales. Por eso, no debían quedarse atrás en ayudar a sus hermanos creyentes que estaban sufriendo. El buen ejemplo de otros cristianos e iglesias debería despertar en nosotros un deseo santo de hacer el bien. Es apropiado que un cristiano no quiera ser superado por otro creyente en algo bueno y digno de reconocimiento, siempre que esto lo impulse a esforzarse más y no a sentir envidia.
La iglesia de Corinto no debía ser superada en esta obra de amor por las iglesias de Galacia, que no parecen haber tenido dones espirituales ni recursos externos iguales a los de ellos.
Ahora consideremos la instrucción misma. Primero, observa cómo debía hacerse la colecta: cada uno debía apartar algo y guardarlo para este propósito (1 Corintios 16:2). Pablo se refiere a tener una reserva personal, un fondo destinado a la ayuda. La idea es que cada persona apartara periódicamente lo que pudiera ahorrar, para que poco a poco se reuniera una cantidad destinada a esta buena obra. Es bueno guardar dinero para fines buenos. Los que son ricos en este mundo también deben ser ricos en buenas obras (1 Timoteo 6:17-18). La mejor manera de hacerlo es apartar una parte de sus ingresos y mantener un fondo para los pobres, además de lo que guardan para sí mismos.
Esto los prepara para toda buena obra cuando llegue la necesidad. Incluso quienes trabajan con sus propias manos para ganarse la vida deben trabajar para tener algo que compartir con quien tenga necesidad (Efesios 4:28). Tal vez su reserva para hacer el bien nunca sea muy grande, aunque puede variar según sus circunstancias. Pero la mejor manera de aumentarla es seguir apartando periódicamente lo que puedan. Algunos de los padres griegos señalaron acertadamente que este consejo ayudaba especialmente a los creyentes más pobres. Debían dar semana tras semana y no esperar hasta que se hiciera una colecta pública. Así, su ofrenda sería fácil de entregar y, al mismo tiempo, crecería hasta convertirse en una ayuda real para sus hermanos y hermanas. Poco a poco se llega a reunir mucho.
Toda ayuda debe darse con libertad y alegría, y por eso debemos hacer que nos resulte lo más fácil posible. ¿Qué mejor manera de lograrlo que apartar algo con anticipación? Podemos dar con alegría cuando sabemos que hemos podido reservarlo y que ya lo hemos destinado precisamente para ese propósito.
Segundo, observa la medida de la ofrenda: debían dar según Dios los hubiera prosperado. Es decir, según Dios los hubiera ayudado y hubiera bendecido su trabajo y sus negocios. Todo nuestro trabajo y nuestras actividades tienen éxito solamente si Dios lo permite. El esfuerzo por sí solo no hace rica a una persona sin la bendición de Dios (Proverbios 10:4, 22). Nuestro éxito viene de Dios, no de nosotros mismos, y debemos honrarlo en todo lo que recibimos.
Todo lo que tenemos es un regalo de su bondad y su bendición, y todo debe usarse para él. Debemos reconocer que él tiene derecho sobre nosotros y sobre todo lo que nos pertenece. ¿Qué razón más poderosa podría impulsarnos a ayudar al pueblo de Dios que recordar que todo lo que tenemos es un regalo suyo? Cuando Dios nos bendice y nos prospera, debemos estar dispuestos a ayudar a sus siervos necesitados. Cuando su bondad fluye hacia nosotros, no debemos guardarla para nosotros mismos, sino dejar que fluya hacia los demás. El bien que recibimos de él debe movernos a hacer el bien a otros y a parecernos a él en bondad. Cuanto más bien recibimos de Dios, más bien debemos hacer por los demás.
Debían dar en proporción a la manera en que Dios los había bendecido. Cuanto más obtuvieran por la bendición de Dios sobre su trabajo, comercio o esfuerzo, más debían apartar. Dios espera que nuestra generosidad hacia los demás corresponda a su generosidad para con nosotros. Todo lo que tenemos viene de él; por eso, cuanto más nos da, más nos capacita para dar y más espera que demos. Quienes tienen mayores recursos deben dar más que quienes tienen menos, y más de lo que ellos mismos podían dar cuando tenían menos.
Al mismo tiempo, Dios no exige que una persona dé más de lo que él mismo le ha capacitado para dar. No es un amo cruel que exige ladrillos sin proporcionar paja, ni espera que una persona haga más bien del que él le ha permitido hacer. Cuando hay un corazón dispuesto, Dios acepta lo que una persona tiene, y no lo que no tiene (2 Corintios 8:12). Pero cuando él nos bendice y nos coloca en una posición en la que podemos hacer el bien, espera que lo hagamos. Cuanto mayor sea la capacidad que nos da, más abiertos deben estar nuestro corazón y nuestras manos. Sin embargo, cuando la capacidad es menor, la ofrenda no puede ser tan grande, por muy dispuesto que esté el corazón, y Dios no exige más que eso.
Tercero, observa cuándo debía hacerse esto: el primer día de la semana, el día del Señor, el día cristiano de adoración, cuando los creyentes se reunían públicamente y se dedicaban a la enseñanza y la adoración cristianas (Lucas 24:1). Entonces cada uno debía apartar algo. Es un día de descanso santo, y cuando la mente está libre del trabajo y las preocupaciones de la vida, está más dispuesta a mostrar misericordia. Los demás deberes de ese día deberían impulsarnos a realizar actos de bondad. Las obras de bondad siempre deben acompañar las obras de devoción. La verdadera devoción a Dios produce naturalmente un espíritu amoroso y generoso hacia los demás. Dios nos ha dado este mandamiento: quien ama a Dios debe amar también a su hermano (1 Juan 4:21). Los actos de misericordia son el fruto verdadero del amor genuino a Dios y, por eso, constituyen un servicio apropiado en su propio día.
El día de Dios es un momento apropiado para apartar dinero para ayudar a otros, o para entregarlo ese día, conforme a la manera en que Dios nos haya prosperado. En cierto sentido, es como ofrecerle un tributo por las bendiciones de la semana que pasó, y también es una buena manera de buscar la bendición de Dios sobre el trabajo de nuestras manos durante la semana que comienza.
Luego Pablo explica qué debía hacerse con el dinero una vez reunido. Quería que todo estuviera listo antes de llegar, por lo que dio esta instrucción: no debía haber colectas de último momento cuando él llegara (1 Corintios 16:2). Pero cuando llegara, dejaría principalmente en manos de ellos la administración de la ofrenda. El regalo les pertenecía, y era correcto que lo administraran de la manera que consideraran adecuada, para que cumpliera su propósito y se usara para atender la necesidad correcta.
Pablo no actuaba como si el dinero de sus oyentes le perteneciera, así como tampoco se enseñoreaba de su fe. No manejaría sus ofrendas sin su consentimiento. Dice que debían preparar cartas de recomendación y enviar a sus propios mensajeros con la ofrenda (1 Corintios 16:3). Eso mostraría verdadero respeto y amor fraternal hacia sus hermanos necesitados. También sería una señal de sinceridad que enviaran a algunos de los suyos en un viaje tan largo y peligroso para entregar la ofrenda. No solo debemos ayudar a nuestros hermanos cristianos pobres, sino hacerlo de una manera que muestre claramente nuestra compasión y nuestro cuidado.
Pablo también se ofrece a ir con sus mensajeros si ellos consideran que eso es lo mejor (1 Corintios 16:4). Su labor como apóstol no consistía en servir mesas, sino en dedicarse a la Palabra y a la oración. Aun así, siempre estaba dispuesto a comenzar o apoyar una obra de ayuda cuando se presentaba la oportunidad. Iría a Jerusalén y llevaría la ofrenda de los corintios a sus hermanos que sufrían, en vez de permitir que ellos quedaran sin ayuda o que la generosidad de los corintios dejara de producir todo su efecto.
Esto no interfería con su labor de predicar. Más bien, contribuía a ella al mostrar un espíritu bondadoso y generoso. Los ministros cumplen con su labor cuando promueven o apoyan actos de ayuda. Pablo animaba a los corintios a reunir ayuda para las iglesias de Judea y estaba dispuesto a viajar con sus mensajeros para entregarla. También en ese servicio seguía haciendo la obra que Dios le había encomendado.
De este capítulo
1 Corintios 16:2
"Cada domingo, cada uno de ustedes debe apartar algo según lo que haya ganado y guardarlo, para que cuando yo llegue no tengan que hacerse colectas."
1 Corintios 16:3
"Y cuando yo llegue, enviaré a Jerusalén a las personas que ustedes escojan, con cartas para que lleven la colecta hecha por ustedes."
1 Corintios 16:4
"Y si es conveniente que yo también vaya, ellos irán conmigo."
1 Corintios 16:5
"En mi viaje tengo que pasar por la región de Macedonia, y después de Macedonia llegaré a Corinto."
1 Corintios 16:6
"Puede ser que me quede con ustedes algún tiempo o que tal vez pase allí todo el invierno; entonces ustedes podrán ayudarme en mi viaje adonde tenga que ir después."
1 Corintios 16:7
"No quiero verlos ahora solamente de paso, sino que espero estar algún tiempo con ustedes, si el Señor lo permite;"
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