Versículo destacado
Ezequiel 28:20 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" El Señor se dirigió a mí y me dijo: "
Ezequiel 28:20
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
18 Cometiste tantos pecados y te corrompiste tanto con tu comercio que llegaste a profanar tus templos. Entonces hice brotar en medio de ti un fuego que te devorara. Ahora todos pueden verte en el suelo, convertido en cenizas.
19 Todas las naciones que te conocen se espantan al verte. Te has convertido en algo terrible; ¡has dejado de existir para siempre!”
20 El Señor se dirigió a mí y me dijo:
21 Tú, hombre, vuélvete hacia Sidón y habla en mi nombre contra ella.
22 Dile: “Esto dice el Señor: Yo me declaro tu enemigo, Sidón; en medio de ti voy a ser glorificado. Cuando ejecute la sentencia contra ti y demuestre así mi santidad, se reconocerá que yo soy el Señor.
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El gran propósito de Dios es manifestar su gloria, tanto en el bien como en el juicio que viene de su mano. Esto se ve aquí: Dios será glorificado en la destrucción de Sidón, una ciudad cercana a Tiro. Sidón era más antigua que Tiro, pero menos importante, y dependía de ella; por eso, se mantenía en pie o caía junto con Tiro.
Dios dice: «Estoy contra ti, Sidón», y también: «Seré glorificado en medio de ti» (Ezequiel 28:22). Asimismo, declara que quienes no quisieron aprender por medios más suaves llegarían a reconocer que solo él es el SEÑOR, un Dios justo y celoso, cuando ejecutara su juicio sobre ellos. En ese juicio demostraría que es santo. Al parecer, los sidonios eran más dados a la idolatría que los habitantes de Tiro, quienes, por estar ocupados en el comercio y relacionarse con más pueblos, quizá estaban menos dominados por una superstición obstinada.
Los sidonios eran conocidos por adorar a Astarté. Salomón introdujo ese culto en Israel (1 Reyes 11:5). Jezabel, hija del rey de Sidón, llevó el culto de Baal a Israel (1 Reyes 16:31). De modo que los sidonios habían deshonrado profundamente a Dios. Ahora Dios dice: «Seré glorificado; seré santificado». Esto significa que su santidad sería manifestada y honrada.
Los sidonios vivían cerca de Israel, donde Dios era conocido, y podrían haber aprendido a honrarlo. En vez de eso, condujeron a Israel a la idolatría. Cuando Dios es santificado, también es glorificado, porque su santidad es su gloria. Y si las personas no quieren honrarlo, aun así será honrado cuando las juzgue. Sus juicios demuestran que él es el justo defensor de su propio honor y del honor de su pueblo.
Los juicios contra Sidón serían la guerra y la peste, dos formas de destrucción (Ezequiel 28:23). Son como mensajeros de Dios, enviados para realizar la tarea que él les asigna. La peste y la sangre llenarían sus calles. Allí yacerían los muertos: algunos habrían muerto por la plaga, quizá agravada por la escasez de alimentos durante un sitio, y otros habrían sido asesinados por la espada del enemigo, probablemente por los ejércitos caldeos cuando la ciudad fuera capturada. Entonces los heridos también serían juzgados. Al morir a causa de sus heridas, quedaría demostrado que habían recibido lo que merecían.
Algunos entienden el versículo como una referencia al castigo por medio de la espada, la espada enviada para destruir por todos lados. Es Dios quien juzga, y él prevalecerá. Sus juicios no caerían solamente sobre Tiro y Sidón, sino también sobre todos los que despreciaban a su pueblo Israel y se burlaban de su sufrimiento. Este era ahora el caso de Dios contra las naciones vecinas (Ezequiel 28:26). Cuando el pueblo de Dios está bajo su mano correctora, él todavía se preocupa por su honor. Por eso toma en serio que otros lo desprecien y hagan más difícil su aflicción, aunque él solo esté un poco enojado con su pueblo (Zacarías 1:15). Dios ve a su pueblo aun en los tiempos de humillación; por lo tanto, nadie debe tratarlo con desprecio.
Dios también será glorificado al restaurar a su pueblo a la seguridad y prosperidad que antes disfrutaba. Sus pecados lo habían deshonrado, y su sufrimiento les había dado a sus enemigos la oportunidad de blasfemar (Isaías 52:5). Pero Dios los sanará de sus pecados y aliviará sus aflicciones. Entonces será honrado en ellos delante de las naciones, y la gloria de su santidad volverá a manifestarse (Ezequiel 28:25).
Ellos volverán a su propia tierra. Dios dice: «Reuniré a la casa de Israel de entre las naciones», en respuesta a la oración: «Sálvanos, SEÑOR nuestro Dios, y reúnenos de entre las naciones» (Salmo 106:27), y en cumplimiento de la promesa: «El SEÑOR tu Dios te reunirá de allí» (Deuteronomio 30:4). Al reunirlos, los hará volver como un solo pueblo para vivir en la tierra que había dado a su siervo Jacob. Dios recordó la antigua promesa cuando los hizo volver. El derecho a la tierra permanecía vigente, aunque hubieran estado alejados de ella por algún tiempo. El que la dio en el pasado podía volver a darla.
También disfrutarán de paz allí. Cuando sean quitados los pueblos que los habían afligido, vivirán sin amenazas. Ya no habrá zarza dolorosa ni espina que lastime (Ezequiel 28:24). Se establecerán felices, construirán casas y plantarán viñas. Vivirán seguros y tranquilos, sin nadie que los atemorice ni perturbe su paz (Ezequiel 28:26).
Esto nunca se cumplió plenamente en todo el pueblo después del exilio, porque con frecuencia fueron afligidos por uno u otro enemigo. La iglesia bajo el evangelio tampoco ha estado completamente libre de espinas dolorosas y dificultades. Sin embargo, en ocasiones la iglesia disfruta de descanso, y los creyentes siempre habitan seguros bajo la protección de Dios y pueden vivir tranquilos frente al temor del mal. El significado pleno de esta promesa todavía está por cumplirse en el Canaán celestial, donde todos los santos serán reunidos, todo lo que causa daño será quitado y todo dolor y temor desaparecerán para siempre.
De este capítulo
Ezequiel 28:1
"El Señor se dirigió a mí y me dijo:"
Ezequiel 28:2
"«Tú, hombre, dile al rey de Tiro: »“Esto dice el Señor: Tu corazón se llenó de orgullo, y creíste que eras un dios, sentado en el trono de los dioses y rodeado por el mar. Pero tú no eres un dios, sino un hombre que cree tener la inteligencia de un dios."
Ezequiel 28:3
"¿Acaso eres más sabio que Danel? ¿Acaso no hay ningún secreto que te sea desconocido?"
Ezequiel 28:4
"Con tu sabiduría y tu habilidad has conseguido muchas riquezas y has llenado tus cofres de oro y plata."
Ezequiel 28:5
"Con tu gran habilidad para el comercio has aumentado tus riquezas, y esas riquezas te han llenado de orgullo."
Ezequiel 28:6
"Por eso, el Señor dice: Ya que crees tener la inteligencia de un dios,"
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